Marcela Arboleda Arias
Según Liliana Alvarán Flórez, experta en neuropsicología, quienes actúan de manera deshonesta son conscientes de sus actos, pero no les importa causar daño a los demás, pues su amígdala cerebral no se activa de manera adecuada y cada sensación que les debe indicar que su actuar no es correcto, les genera cierta satisfacción.
“Algunas personas sienten gran placer al cruzar esa línea de lo ético y lo correcto, y es que la amígdala no logra activarse para darle la señal al individuo, de que su actuar atenta contra otras personas, al contrario recibe un refuerzo positivo y siguen infringiendo la norma, pues ve en ello un beneficio personal”, dijo Alvarán.
Así pues, los corruptos empiezan a delinquir con cosas pequeñas, pierden el miedo, la vergüenza, la culpa y todo su actuar lo justifican, pues se acostumbran a ello.
Tema multifactorial
Es normal que en algún momento de la vida, el ser humano tenga ciertas conductas que atenten contra la norma, por ejemplo, algunos niños roban las monedas de sus padres para gastarlas en dulces, pero cuando esto no se corrige y se convierte en algo repetitivo, puede llegar a agrandarse el problema, y es que la sensación de adrenalina, eso del ‘ser descubierto’, de cierta manera es un aliciente para seguirlo haciendo.
“Una persona que tenga factores predisponentes, probablemente genéticos, que se evidencia en conductas como el tema de la corrupción o deshonestidad, estaría encaminada a repetir o hacer lo incorrecto a lo largo de su vida porque se acostumbra”, manifestó Yahira Guzmán Sabogal, médica psiquiatra y directora del grupo de investigaciones de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad de la Sabana.
Ahora bien, Guzmán explica que cuando la conducta es repetitiva, influyen factores genéticos, es decir, hay algo en su sistema que le impide hacer la diferenciación de su actuar, lo cual está estrechamente relacionado con la sociopatía (pasar por encima de los demás).
Otra de las situaciones que evidencia este problema, es cuando el individuo en su niñez estuvo expuesto a situaciones de maltrato o violencia, o por el contrario no fue corregido cuando hizo algo indebido y fue alentado por su núcleo familiar, pues lo vieron como algo gracioso; es que para los corruptos mentir no es tan malo, tomar cosas ajenas no es incorrecto, golpear al otro no está mal, ese tipo de situaciones coadyuvan a que estos niños en un futuro no sean buenas personas.
Finalmente, los corruptos comienzan a delinquir con cosas pequeñas, y al tener una especie de problema con su amígdala cerebral, pierden el miedo, la vergüenza y la culpa, además se pueden acostumbrar a realizar actos delictivos, pueden llegar incluso a asesinar, pues no sienten ningún temor social, todo su actuar lo ven como algo normal y justificable.
No hay culpa
Estas personas carecen de conciencia social, por tanto, hacer daño al otro no es algo que les represente una culpa reparadora, todo esto pasa a ser un tema de poder, de narcisismo.
“Es importante saber cuando esto se convierte en una psicopatología, porque dentro de las causas se hablan de factores biológicos, genéticos y ambientales que ayudan a formar todos esos patrones y estilos de personalidad. Y es que nacemos con un sustrato que nos va a permitir tener una base sobre cómo será nuestro comportamiento, lo demás es crianza”, mencionó Alvarán.
Ahora bien, la persona entre más cosas negativas hace, se acostumbra a hacerlas con mayor facilidad y va perdiendo su capacidad de sentir culpa o remordimiento porque no ve ninguna clase de repercusiones.
Respeto en Pereira
Según la encuesta de percepción Ciudadana “Pereira Cómo Vamos” del 2019, el 46 % de los pereiranos sienten que los habitantes de la ciudad son honestos, el 38 % piensa que hay respeto por las normas básicas de convivencia, el 31 % evidencia que hay respeto en las normas ambientales, entre otras. Por otro lado el 54 % de los encuestados aseguró, que es probable que sean castigados por agredir a otra persona.
Todos hemos sido corruptos
El ser humano en algún momento de su vida ha hecho algo que no está bien, algunos aprenden de este tipo de hechos y mejoran su forma de pensar y actuar, pero hay otra clase de personas que ven en este tipo de acciones, algo emocionante y que de cierta manera les brinda poder.
Eso se evidencia día a día en nuestro país, hombres y mujeres cometen actos en contra de otros, y aunque algunos lo hacen basados en temas de desigualdad, (especialmente socioeconómicos), ‘el fin no justifica los medios’ y menos cuando algunas personas que tienen una buena posición económica, se aprovechan de los demás, pues no importa el otro. Este tipo de hechos no se catalogan como sociopatía, pues muchos enmarcan los malos actuares cuando se traza la delgada línea de atentar contra la vida de otro, allí es cuando si hay señalamientos.
“Cualquier persona puede ser deshonesta y todos lo hemos sido en algún momento de nuestras vidas, la característica que varía de manera ‘positiva’, es que la persona ‘aprenda la lección’, porque siente algo de culpa (que tenga la capacidad de reflexionar sobre las consecuencias de lo que está haciendo), esto depende mucho también de cómo los padres de familia entran a corregir a sus hijos”, dijo Yahira Guzmán Sabogal, médica psiquiatra de la Universidad de la Sabana.
¿Existe algún tratamiento?
Es difícil identificar a una persona corrupta, pues para encubrir su actuar son muy generosos. “Cuando al consultorio llegan personas que cometen actos delictivos, y que infringen la norma, vienen con un patrón de personalidad desde la infancia, por ejemplo desde pequeños empezaron a consumir drogas, tenían bajo desempeño académico, no logran adherirse a la norma, tienen familias disfuncionales, entonces uno identifica que hay un patrón, una historia de vida que encaminó su actuar”, dijo Liliana Alvarán Flórez, experta en neuropsicología.
Por su parte, Yahira Guzmán Sabogal, médica psiquiatra y directora del grupo de investigaciones de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad de la Sabana, indica que es muy difícil identificar en una sola entrevista, incluso guiada por psiquiatría, que una persona es deshonesta, porque este tipo de individuos tienen una vida común y corriente, incluso pueden llegar a ser agradables socialmente, tienen la capacidad de socializar, de manipular un poco la opinión de los demás, entonces es complejo identificar si tiene comportamientos sociopáticos.
Así pues, el tratamiento surge por una necesidad de cambio de la persona, lo cual es difícil porque para ellos, su comportamiento es normal, es el ‘establecido’, por eso necesitan una terapia de reconocimiento para que controlen sus impulsos. Sin embargo, cuando su actuar es exacerbado, deben ser remitidos a psiquiatría para controlar sus niveles biológicos.



