Luisa Valderrama y su hermana Diana, pereiranas oriundas del barrio Cuba y residentes en España le contaron a El Diario cómo sobrevivieron al Coronavirus en los peores días de sus vidas.
“Hace un mes estaba batallando contra el Coronavirus, creía que no íbamos a salir de esto, damos gracias a Dios porque esta pesadilla ya pasó, nos parece mentira que pasáramos por esta situación”, fueron las palabras con que Luisa Valderrama, hincha apasionada por el Deportivo Pereira, empezó la entrevista con este medio. Con voz pausada, quizás por el temor que traen sus recuerdos y porque aún se recupera física y mentalmente, comentó la pesadilla que pasó junto a su familia durante los días que estuvieron contagiados de Coronavirus. El Covid-19, que ha matado a casi 172 mil personas en el mundo, llegó a su hogar luego de que uno de los pequeños de la familia se contagiara al acudir a una presentación en un teatro de la comunidad de La Rioja, Logroño (España). En el país ibérico precisamente hasta la fecha se presentan 21.282 contagios. “La verdad uno no cree hasta que le llega, uno no se alcanza a imaginar que nos pudiéramos ver afectados por este virus, por esta pandemia”.
El virus llegó sin avisar…
Estaba un día común y corriente en la casa compartiendo un fin de semana en familia. Mi sobrinito empezó con el virus pero no sabíamos porque el niño le dio fiebre, ya que a los más pequeños les suele subir la temperatura y enfermar mucho. Mi hermana y mi cuñada decían que eran las vegetaciones (afectación respiratoria) porque el niño sufre de eso. Mi intuición por la tarde al verle la cara triste y demacrada me llevó a preguntarle a mi hermana que si sería que el niño tenía el Coronavirus, a lo que ella respondió que no pues nadie había salido recientemente a la calle”, dijo Luisa.
Tras la respuesta de su hermana recordó que una semana atrás habían cerrado apenas los colegios y el tiempo de incubación en los más pequeños es de 14 días. Los niños habían asistido a un evento en un teatro y seguramente fue allí donde contrajeron el virus. “Los niños ya tenían el virus y eso fue rapidito cuando nos ‘jodió’ a todos, primero contagió a mi hermana, en total cuatro integrantes de la familia, incluyéndome. Antes de saber que estábamos contagiados yo le dije a mi hermana que sentía dolor en la garganta pero pensé que eran nervios, que era un catarro común y más por temporada de invierno”. El padre de Luisa y su cuñado pese a que estuvieron con todos en la casa ese fin de semana, seguramente fueron portadores asintomáticos del virus porque no les dieron síntomas.
Cinco días sin poder dormir
“Se pasa muy mal, empezó un dolor en la garganta, decidí tomar limonaditas, comer cebolla morada, jengibre con limón y miel, pero las cosas se fueron complicando y empecé a sentir dolor en el cuerpo y cada vez se hacía más fuerte y más fuerte, pero sin imaginar que era el virus. También sentía dolor (quiebra huesos) en todo el cuerpo. Estuve cinco días sin dormir porque si lo hacía me ahogaba pues tenía que mantener la boca abierta para poder respirar. Sentía presión en el pecho, como si alguien estuviera encima y no me dejara respirar”. Luisa desde su casa hablaba vía WhatsApp con su hermana quien le manifestaba que también tenía fiebre. Al cabo de cuatro días ella, su hermana y los dos sobrinitos estaban con intensa fiebre.
La sacaron en ambulancia
Luisa estaba trabajando normal cuando le empezaron los síntomas, en un lapso de dos días su temperatura era de más de 39 grados, con escalofrío, no podía conciliar el sueño, sus ojos lucían rojos y su cara hinchada. Tras esto fueron unos compañeros de trabajo quienes activaron el protocolo de atención para que los organismos de salud fueran hasta el sitio donde labora. “Allí llegó una ambulancia, iba muy mal, con la tensión por el suelo y el intenso dolor en todo el cuerpo. Se pasa muy mal los primeros ocho días, perdí el gusto, el olfato, no sentía hambre, la pasamos a punta de (acuarios) energizante para hidratarse. Además contrarrestaba el virus con la medicina que me mandaron los médicos”.
No había camas
Cuando a ella y a sus familiares los llevaron al hospital no los dejaron porque no había camas. Esta situación le lleva a mandar un mensaje a los colombianos para que se cuiden, “pues si en España que es mucho mejor el servicio colapsó, no me alcanzo a imaginar lo que pudiera pasar en Colombia si los niveles de contagio se disparan por miles”. Cuenta Luisa que no daban abasto los hospitales, camas y camillas, solo dejaban entrar a las personas que no podían respirar. “A mí me empezó el ahogamiento a los tres días de ir al hospital, así estuve por cuatro días seguidos sin poder respirar bien. Tenía que estar informando diariamente vía telefónica a los médicos cómo iba y si aún podía respirar por la boca, pues en los hospitales estaban solo los que debían entubar en la UCI.
Desde la distancia
“Damos gracias a mi Dios, pues tenemos mucha fe, y a los familiares en especial que estaban muy preocupados. Esta es una situación muy mal que se pasa estando a la distancia de los demás seres queridos sin saber si los volveremos a ver. La abuela en Colombia vivía también angustiada, lloraba, por ver cómo estábamos y por la enfermedad de los niños”. A estos últimos le dio mucha fiebre y falta de apetito, pero por fortuna no ahogamiento. A Luisa le dio una crisis, lloraba y lloraba y fue su padre quien la cuidó en la casa, mientras que su hermana estaba en la otra vivienda con los hijos y la cuidó el esposo, todos contagiados. “Conocidos y amigos nos llamaban y querían saber cómo estábamos pero los fuertes síntomas no les permitía tener el ánimo de por lo menos coger un celular y hablar, algo que hacen frecuentemente, pero que en esas circunstancias les era más que difícil.
Para poder ir a trabajar…
“Quedé con agotamiento, con debilidad en el cuerpo impresionante. Una vez estuve recuperada nuevamente me hicieron la prueba para saber que ya no tenía el Covid-19 y así poder tener el permiso para ir a trabajar. Además me mandaron un examen de tórax. Ahora me siento mucho mejor pero con debilidad en el cuerpo, toca ya ir hacia adelante, alimentándome lo mejor posible”. Luisa ahora añora el momento, cuando se pueda, de volver a Colombia para darle un fuerte abrazo a sus demás seres amados y amigos, y por qué no, aprovechar para ver en su tierra un partido de su amado equipo Matecaña.



