La pandemia que tocó fuertemente a los pequeños empresarios y a los vendedores en la calle, ha dejado un panorama desalentador. Son grandes las pérdidas que han tenido que afrontar estas personas y sus familias producto del virus que trajo encierro, muertes, depresión, desolación, pérdidas económicas y hambre.
Antes de que llegara el virus al país y sin pensar en lo que se veía venir, en el centro de la ciudad de Pereira se podía evidenciar la cantidad de ventas de comidas preparadas como empanadas, buñuelos y café y en especial frutas, diversas frutas frescas que las personas acostumbraban a consumir durante el día.
Este tipo de alimentos que alegran el corazón y el paladar de las personas, hacen parte de los víveres esenciales y necesarios para el buen funcionamiento del cuerpo y salud de los trabajadores y transeúntes, que se veían motivados por comprar, colaborar y disfrutar de las frutas en cosecha.
El impacto negativo supera expectativas, aun así, los vendedores dan la pelea diariamente protegiéndose a sí mismos y a los demás.
Pero el año pasado fue un momento sumamente difícil para este tipo de vendedores, las cuarentenas repetitivas en el país, dio paso para que diversas empresas empezaran a trabajar de manera remota y a su vez las instituciones de educación superior lo que debilitó en la reapertura, las ventas de estas personas por el poco flujo de ciudadanos.
“Se ha perdido mucho dinero, a muchas personas les da miedo comprar este tipo de comestibles y eso es lo que nos ha tenido a nosotros mal. Actualmente me hago 30, 40 o hasta 50 mil pesos, antes alcanzábamos a sacar entre 130 y 150 mil pesos”, dijo Luz Marina Bedoya Cardona, vendedora de frutas del centro de Pereira.
Y lo que le sucede a Luz Marina es aterrizado a la realidad, haciendo el sondeo entre los habitantes, son más las personas que se niegan a consumir alimentos en la calle ya que buscan evitar un posible contagio del Covid-19 por la manipulación y exponerse a quitarse el tapabocas para consumir.
Por su parte Gloria Amparo Sánchez otra de las afectadas, manifiesta “esto ha sido muy duro porque este es mi sustento, vivo con lo que vendo, y todo cerrado, menos gente, lo dificulta todo. Y se ve mucho la desconfianza de la gente por consumir este tipo de productos. Antes podía hacer uso de casi 1 bulto de naranjas, ahora eso es casi que un imposible, todo por culpa de la pandemia”.
La pandemia los puso en aprietos
Por otra parte, el déficit financiero de estos vendedores los ha llevado a buscar otras oportunidades de negocio para poder sobrevivir y cuenta de ello son los locales cerrados, solos, a la vista de las miradas de las personas que con frecuencia los veían funcionar.
“Me he visto muy afectado, las ventas rebajaron un 80%. Pero hay que seguir saliendo para rebuscar la comida de nuestros hijos y familia, la gente constantemente se resiste a comprarnos por todo lo que estamos viviendo, es entendible, pero bendito sea Dios, hay que seguir”, expresó Norbey Bermúdez, vendedor.
Aun así, estas personas siguen en la búsqueda, saliendo todos los días, muchas veces con pocos productos, exponiéndose e intentando vender a toda costa. Todos haciendo un gran esfuerzo por cumplir con los protocolos de bioseguridad y salubridad de los alimentos.
Crédito: Fotos Roberto Betancourth



