En la zona rural de Belén de Umbría funcionan 9 ladrilleras que son el sustento económico para más de 500 personas. Allí jóvenes, mujeres y adultos trabajan arduamente en la producción del adobe, mejor conocido como ladrillo.
La minería va más allá de la extracción del oro, la arena o minerales como el manganeso, carbón, entre otros. A estas actividades se le suma una minería ancestral: las ladrilleras. Estas fábricas, que funcionan desde hace 50 años, han sido uno de los artes y sustento económico más populares de la región de Belén de Umbría, convirtiéndose, junto al sector agropecuario, en la fuente principal de ingresos para el municipio.
A pesar de que este sector genera cientos de empleos al año y les brinda estabilidad a sus trabajadores, todavía no se ha logrado la legalización y formalización de las más de 9 ladrilleras en la vereda El Congo. Así lo expresó Ligia Molina, presidenta de la Asociación de Ladrilleros de Belén de Umbría: “Estamos en una cloaca donde uno no sabe para dónde coger porque desde el 2010 hemos tratado nosotros los nuevos de pedir cuatro veces con la Agencia Nacional de Minería y no hemos podido, se caen los procesos, otra vez volvimos a pedir los permisos, en compañía de la Gobernación, hemos pedido que liberen la zona. Si no nos dan esos permisos, la CARDER tampoco nos puede dar los otros permisos, estamos maniatados ahí, y a veces nos dicen que estamos trabajando como ilegales, y la palabra ilegal es muy fuerte, cuando somos informales”.
Sin mucho éxito, los procesos que ha llevado a cabo la Asolabe han sido ineficientes. En el 2010 se realizó el primer intento de legalizar la actividad bajo la figura de Área de Reserva Especial. Se intentó nuevamente en el 2015. El año pasado se adelantó la gestión de legalización de la actividad, proceso que se inició con el acompañamiento de la Gobernación de Risaralda, bajo la modalidad de contrato de concesión diferencial, proceso fallido debido a que las cuadrículas ya estaban solicitadas por empresas multinacionales.
Producción
Más de 10 mil ladrillos se producen al día en la ladrillera Barro Blanco y son cada vez más las mujeres y jóvenes que se unen a esta labor que originalmente ha sido liderada por hombres. Desde extraer la tierra hasta su producción a tres bandas, el lastrado y la quema en el horno, son numerosas las personas que se dedican diariamente a este oficio.
Generación de empleo
Aproximadamente, estos trabajadores ganan entre 170 mil a 400 mil a la semana y cada uno de los ladrillos se vende a 1 mil pesos. A raíz de esta labor, se generan más de 500 empleos directos e indirectos al año. Sus principales destinos de venta se encuentran en el departamento de Risaralda y Caldas, así mismo, otras ladrilleras como Los Misingos, vende sus ladrillos a municipios del Chocó.
Tradición que busca mejorar
Tradicionalmente, la labor de los ladrilleros se hacía 100% de manera artesanal, usando caballos para la producción de los adobes. Hoy en día, la mayoría de ladrilleras cambiaron los animales por maquinaria. Esto lo manifiesta Gustavo Adolfo Montoya de la ladrillera El Congo, quien busca los permisos necesarios para implementar maquinaria dentro de su ladrillera y así dejar de utilizar a los equinos:
“Día y medio para producir barro para 2 mil adobes, viendo que maquinalmente lo podemos sacar entre 2 a 3 horas, 2 mil adobes. Se necesitan mínimo, los que yo tengo porque no he querido comprar más, esperando que el Gobierno me pueda colaborar y nos dejen trabajar con maquinaría, y tengo 6 caballos de los cuales dos cargan y cuatro trillan”, explicó.
Qué dicen las instituciones
Freddy Sumalave, gerente de la ladrillera Barro Blanco, expresa que la venta de los ladrillos ha representado bajas en el último año, a diferencia del 2022: “Tengo ladrillos arrumados en los patios y a parte de los ladrillos arrumados, tengo los hornos llenos”. Así mismo, afirma que es por esta razón que en la ladrillera trabajan actualmente de 8 a 10 personas, cuando en promedio trabajan allí 20 trabajadores estables. “La construcción está por el suelo”, concluye.
Por otra parte, la presencia de algunas instituciones en las ladrilleras representa malestar e inconformidad, debido a los altos costos que deben pagar por cada visita y las intervenciones que se hacen allí. “Aquí hay trabajadores que dicen: ‘ahí viene la CARDER, esta producción hay que pararla, la ladrillera hay que pararla’. Ahí sin decirle mentiras, lloran porque dicen qué más se puede hacer porque no hay más para hacer”.
Desde la Gobernación de Risaralda se han realizado radicados y derechos de petición, como parte del acompañamiento y asistencia técnica hacia los mineros tradicionales. Martha Pachón, Coordinadora Minería Risaralda, explica que para que los permisos se puedan otorgar, se deben cumplir con algunos requisitos y realizar diversos procesos para verificar que el área a explotar estuviera libre, sin embargo, depende de lo que el mismo Estado a través de la Agencia Nacional de Minería dispone: “que es lo que pasó con las ladrilleras de Belén de Umbría, con las siete ladrilleras, que cuando una vez iba a radicar, pues ya habían otras solicitudes antes que esta”.



