En medio del “paro armado” que mantiene confinadas 52 comunidades 52 comunidades, incluyendo 41 comunidades afrodescendientes y 11 comunidades indígenas en el departamento de Chocó, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunció la habilitación de un corredor humanitario para permitir que las personas puedan abastecerse de alimentos y medicamentos.
El “paro armado”, declarado por el frente de guerra occidental Omar Gómez, el pasado 4 de julio, generó preocupación debido a que, en la subregión del San Juan del Chocó, circuló un audio, en el cual se advertía a los habitantes y transportadores que debían abstenerse de circular en territorios como San Juan, Nóvita, Sipí, Cajón e Istmina mientras esté vigente dicha orden.
Sin embargo, en la tarde del viernes 7 de julio, el frente de guerra occidental, anunció que se habilitará un corredor humanitario en la zona, para que la población pueda salir los días 9 y 10 de julio, por un lapso de 12 horas, desde las 6:00 a. m. hasta las 6:00 p. m. para conseguir provisiones de comida y medicinas.
“Como frente de guerra occidental Omar Gómez hemos decidido abrir un corredor humanitario diurno los días 9 y 10 de julio de 2023, entre las 6:00 a. m. y las 6:00 p. m. para que los habitantes de la zona donde hemos restringido la movilidad puedan atender sus necesidades básicas”
Asimismo, este frente del ELN informó que en las horas de la noche queda totalmente prohibida la circulación de cualquier vehículo.
Es paradójico que, en medio del cese de hostilidades ordenado por el Comando Central, desde el 6 de julio, luego la firma de las delegaciones el pasado 9 de junio, en La Habana, Cuba, tras el cierre del tercer ciclo de diálogos, se conozcan este tipo de amenazas contra la comunidad.
Por su parte, el presidente Gustavo Petro se pronunció a través de su cuenta de Twitter: “El cese al fuego con el ELN implica el fin de los confinamientos y la libre movilidad en los territorios”, escribió el mandatario.
A pesar de este gesto humanitario, el paro armado del ELN en el Chocó ha dejado un sabor agridulce, pues la sociedad colombiana anhela el fin de la violencia y la construcción de una paz duradera que ponga fin a las masacres, extorsiones y secuestros.



