En la vereda Alegrías de Pereira, no la pasan nada bien por estos días a causa del aumento de la presencia de moscas. Claro está que en un ambiente rural, la presencia de estos insectos hasta cierto punto se puede catalogar como ‘normal’, dada la tenencia de aves de corral, cerdos y frutos o cáscaras propias del lugar.
Pero desde hace dos meses, lo que se consideraba normal pasó a un estado crítico, porque cocinar, comer y hasta dormir requiere de rituales o prácticas donde los voladores se queden sin espacio para perpetrar la tranquilidad de las personas.
Los habitantes han notado que la presencia de moscas y olores fuertes que afecta tanto a Guayabal, como a Alegrías es a razón de un galpón que está justo en medio de las dos veredas. Angélica Ríos nació en el sector y toda su vida ha transcurrido allí: “soy una persona de campo y sé a qué huele un gallinero, pero los olores que se vienen durante los tres días que hacen cargue o descargue en este lugar son impresionantes y también la primera vez que los experimentamos en todo el tiempo que lleva de estar funcionando”.
Acerca de la pregunta si han mandado alguna queja por escrito, la señora Ríos respondió que en alguna ocasión la Junta de Acción Comunal envió una carta y no pasó nada “la gente se queja y se queja pero no hacen nada realmente y por eso yo decidí apersonarme de la situación, alguien tiene que hablar, porque es la salud lo que está en juego y me cansé de estar espantando moscas”.
Preparar o consumir un alimento requiere sacar los voladores que hay, cerrar las ventanas y hasta tapar con una toalla húmeda el espacio debajo de las puertas, cosa que con las temperaturas que se ciernen sobre Pereira por estos días, complican mucho la vida. La comunidad conoce de las visitas de la Carder, pero solicitan una inspección por parte de la Secretaría de Salud del municipio, porque necesitan encontrar el foco que las genera.



