La periodista Vicky Dávila ha dado un paso crucial en su vida profesional y en la política nacional al confirmar su candidatura presidencial para las elecciones de 2026. Dávila, quien hasta hace poco era la directora de la influyente Revista Semana, anunció que renunciará a su puesto y se lanzará al ruedo electoral, presentándose como candidata por firmas. Con un historial en los medios de comunicación lleno de logros, controversias y episodios que polarizan a la opinión pública, Dávila se propone convertirse en un nuevo rostro de la derecha colombiana en un contexto de alta fragmentación ideológica.
La figura de Dávila ha sido un pilar en el periodismo de opinión en Colombia, especialmente desde su tiempo en Noticias RCN, donde su segmento “La cosa política” se convirtió en una referencia para los televidentes interesados en el trasfondo de los eventos políticos del país. Desde ese espacio, en horario prime time, Dávila sacaba a la luz secretos y cuestionaba la ética de personajes en posiciones de poder. Este estilo incisivo la llevó a ser un referente tanto en la televisión como en la radio y la prensa escrita, ganándose la lealtad de numerosos seguidores y también el rechazo de detractores que la ven como una figura divisiva.
La candidatura de Dávila llega en un momento particular de la política colombiana, en el que los “outsiders” —es decir, personas sin trayectoria política formal— están ganando terreno en la región y en el mundo. Casos como el de Donald Trump en Estados Unidos, Javier Milei en Argentina o Nayib Bukele en El Salvador demuestran que figuras ajenas al establecimiento tradicional pueden captar la atención de la ciudadanía y transformar la escena política de manera significativa. En este sentido, Dávila se presenta como una figura que, a diferencia de otros candidatos con antecedentes gubernamentales, ofrece una imagen “sin contaminar” por el aparato estatal, lo cual podría atraer a votantes insatisfechos con el statu quo.
Dávila no solo entra al terreno político sin maquinaria partidista; también lo hace sin antecedentes en cargos públicos, lo que podría convertirse en un arma de doble filo. De un lado, la falta de experiencia administrativa puede ser interpretada como una limitación frente a la complejidad del Estado colombiano; sin embargo, su perfil como periodista y su largo historial en la opinión pública también le dan una posición de ventaja. Es una figura que el país conoce, una voz que ha liderado debates en temas sociales y políticos, y que, a diferencia de candidatos tradicionales, cuenta con una conexión directa y constante con la gente a través de las redes sociales y su presencia en medios alternativos, como su canal de YouTube.
Para Dávila, la dirección de la Revista Semana significó el punto más alto de su carrera en los medios y, al mismo tiempo, la consolidación de su estilo como opositora del Gobierno de turno. Durante la administración de Gustavo Petro, Dávila y su equipo han hecho pública información que pone en entredicho decisiones y alianzas del mandatario, además de lanzar críticas directas que le han valido enfrentamientos públicos con figuras políticas del país. En múltiples ocasiones, Petro ha atacado a Dávila por su postura crítica y ha señalado que podría tratarla como candidata más que como periodista, anticipando en cierta forma el paso que hoy Dávila ha confirmado. En la derecha, la candidatura de Dávila marca una opción alternativa y carismática para sectores que podrían unirse en torno a su figura, consolidando un movimiento de oposición con potencial de crecimiento en las encuestas.
Los antecedentes de Vicky Dávila en los medios de comunicación, además de su larga trayectoria en RCN y La FM, la posicionan en un lugar peculiar. Es una periodista que no viene de una familia influyente ni de grandes apellidos en el mundo del periodismo, sino que escaló en su carrera desde corresponsal en medios regionales hasta ser directora de uno de los medios más importantes del país. Este aspecto la convierte en una figura particularmente atractiva para aquellos votantes que buscan una candidata que se presente como “la voz del pueblo”. Su perfil ideológico, conservador y de línea dura en temas como el aborto y la legalización de las drogas, ha sido coherente con su cercanía a líderes como el expresidente Álvaro Uribe, lo cual le asegura un segmento de apoyo fiel en la derecha colombiana.
No obstante, los desafíos para Dávila son significativos, pues se enfrenta a una política polarizada y fragmentada, en la que tanto el centro como la izquierda buscarán posicionarse. Los candidatos de centro, como Sergio Fajardo o Claudia López, y las figuras de izquierda que puedan emerger como contendientes, deberán adaptar sus estrategias ante la novedad que representa una candidata tan mediática. Incluso, dentro de la derecha, Dávila debe ganar terreno ante figuras establecidas que tienen estructuras políticas más sólidas, como Germán Vargas Lleras. Sin embargo, la base conservadora y de derecha en Colombia podría beneficiarse de una candidatura por firmas, como la que propone Dávila, que no requiere afiliación directa con partidos políticos, otorgándole un margen de maniobra y flexibilidad ideológica que otros candidatos no tienen.
La entrada de Dávila también coloca un desafío a los candidatos de izquierda, quienes se ven en la obligación de organizar sus fuerzas para competir con una figura que, a diferencia de ellos, representa un “outsider” con un discurso directo y crítico del gobierno actual. En un país que ha mostrado cierta apertura a figuras alternativas en las urnas, la irrupción de Dávila como candidata fuera del sistema político tradicional podría reconfigurar el panorama electoral, introduciendo un elemento de imprevisibilidad. Su narrativa como candidata “de la gente” y en contra del “establecimiento” podría resonar en un segmento importante de la población colombiana, que ha demostrado estar abierta a opciones de renovación.
El 2026 podría representar el inicio de una era distinta en la política colombiana, y Dávila, con su experiencia en medios, sus valores conservadores, y su fama de ser una “outsider” sin miedo de desafiar a quienes están en el poder, ya ha comenzado a dejar su huella.



