Un hombre que nunca dejó de buscar a su familia

A sus 85 años, sigue buscando a su madre y hermanos, de quienes se separó cuando era un niño debido a la violencia en Colombia. 

Juan Manuel Osorio tiene 85 años y desde que era un niño ha estado buscando a su familia. Ha recorrido pueblos, ciudades e incluso países con la esperanza de encontrar a sus seres queridos. Hoy, después de casi ocho décadas, sigue sin respuestas, pero no ha perdido la esperanza.

Desde pequeño, Juan Manuel supo lo que era el miedo. En los años 40, cuando la violencia política entre liberales y conservadores estaba en su punto más alto, su familia tuvo que huir de su hogar en Apía, Risaralda. Su padre, Misael Cano, era alcalde del pueblo y por eso estaban en peligro. “Nos querían destruir”, dice con la voz entrecortada.

Una noche, su madre, Carmen Tulia Osorio Dávila, tomó la decisión de salir corriendo con sus hijos antes de que fuera demasiado tarde. Juan Manuel recuerda que su madre le pidió a una tía que lo llevara a un sitio seguro, con la promesa de que más adelante se reencontrarían. Pero eso nunca pasó. “Mi tía me dejó perder”, dice Juan Manuel con tristeza. “Desde ese momento, mi vida cambió para siempre”.

Un niño perdido en el mundo

Desde los seis años, Juan Manuel creció sin familia. Aprendió a sobrevivir solo, pasando de un lugar a otro, enfrentando abusos, hambre y rechazo. “Si estuve con mil personas, 999 me trataron mal”, dice con amargura. Durante muchos años, su corazón estuvo lleno de rabia y deseos de venganza. “Quería encontrar a los que nos hicieron daño y hacerles pagar, pero nunca tuve los recursos”, confiesa. La vida en la calle lo endureció, pero también lo obligó a seguir adelante sin mirar atrás.

Con el tiempo, encontró trabajo en la Compañía Edison, donde empezó como operario y llegó a ser gerente. Fue un logro importante, pero su vida seguía marcada por la incertidumbre. “Descubrí que mi nombre real no era Juan Manuel de la Cruz Calderón, como me habían dicho antes”, explica. “Cuando fui a investigar, encontré documentos que confirmaban que mi verdadera identidad era Juan Manuel Osorio”.

Un viaje inesperado

Años después, la vida lo llevó a Panamá, gracias a un premio que ganó en una rifa de un almacén. Tenía la opción de viajar a Costa Rica, Ecuador, Venezuela o Panamá, y escogió este último destino. “Allá me recibieron como si fuera panameño. Me dieron trabajo, me trataron bien y nunca tuve problemas con papeles”, recuerda. Panamá se convirtió en su segundo hogar por casi 20 años, pero su deseo de encontrar a su familia nunca desapareció.

Con el tiempo, la nostalgia lo empujó a regresar a Colombia. “Aquí están mis hijos y mis nietos”, dice con una sonrisa. Juan Manuel tiene tres hijos y ocho nietos, pero siente que le falta algo muy importante: conocer su historia, su origen y su familia de sangre.

Un último intento por encontrarlos

Ahora, con 85 años, ha vuelto a Apía con la esperanza de encontrar respuestas. Sabe que su madre, Carmen Tulia Osorio Dávila, fue dueña de tierras en un lugar llamado Pavas y que también tuvo una finca llamada La Sombra.

Hace años, alguien lo buscó. “Un hermano mío fue dos veces al lugar donde yo me mantenía, pero nunca nos encontramos”, cuenta. También intentó contactar programas de radio y fundaciones que ayudan a personas desaparecidas, pero nunca obtuvo respuesta.

Hoy, Juan Manuel hace un llamado a las autoridades y a cualquier persona que pueda tener información sobre su familia. “Si alguien sabe algo, si alguien recuerda a mi madre o a mis hermanos, por favor, ayúdenme a encontrarlos”, pide con emoción. “No quiero morirme sin saber qué pasó con ellos”. Después de tantos años de lucha y sacrificios, su único deseo es cerrar el capítulo de su vida con un reencuentro que, aunque tardío, aún espera que sea posible.

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