En la cuenca del Barbas-Bremen en Pereira, existe un personaje que no mide más de dos centímetros, Está vestida de negro y rojo vibrante, de ahí quizá su nombre y por eso, las malas lenguas comentan que es muy peligrosa, pero el verdadero peligro es que un día desaparezca y no precisamente por arte de magia.
Así, contadito, contadito fue que el biólogo de la Carder, Sebastián Duarte, les explicó a los niños del Liceo Taller San Miguel, quién era aquel anfibio que aparecía en su colegio. “Les dije que el veneno que porta de la única manera que les podía hacer daño era si se la comían y que le pasaba más a ella si la tocaban, porque respiran por la piel, es como si tuvieran los pulmones desnudos”.
En sociedad
Ayer tuvo lugar en la Carder, la rueda de prensa en la que se presentaron los avances del proyecto de protección de Anfibios. Julio César Gómez, director de la Corporación Ambiental, acotó: “Estamos haciendo los festivales de la rana en el Chocó biogeográfico (Santa Cecilia, Pueblo Rico), siempre he sido un crítico de la manera tan miserable como hemos satanizado a nuestros anfibios y reptiles”.
Cuando desde la Carder han revisado las estadísticas de pérdida de las especies, se encuentran con el desconocimiento y la ignorancia. “Las matan sin detenerse a pensar en el valor tan importante en la sostenibilidad, son grandes consumidoras de insectos. La rana produce un equilibrio entre la presencia abundante de insectos en los territorios, pero a su vez, la rana dentro de la cadena trófica, es la que alimenta una cantidad de especies necesarias como las rapaces, tan importantes en los equilibrios bióticos, por eso para nosotros es de gran importancia el trabajo académico del Liceo Taller San Miguel y de la entusiasta investigadora social, como es Stella Tisnés, acompañada de los profesionales de la Carder, en el que visibilizan esta querida especie”.
El ranaestro
Sebastián acompañó a los niños en distintas clases, les habló de la rana Rubí, pero no estuvo en trabajo de campo con ellos y cuando menos lo pensó, los niños lo denominaron Ranaestro y construyeron una bella cartilla que a manera de historieta cuenta todo lo que él les enseñó.
En 350 mil hectáreas que tiene Risaralda, el 15% de esta extensión tiene especies endémicas, lo que habla de un territorio muy bien cuidado, pero que tiene serias amenazas como la minería ilegal. ¿Hace cuánto se dieron cuenta de la importancia de la ranita Rubí para el Departamento? “Ella es muy particular, porque a pesar de ser venenosa es muy carismática por sus colores. Trabajamos con ella por ser una especie muy amenazada, está en la categoría vulnerable y empezamos a ver que está en la zona urbana de Pereira, lo que es más preocupante, porque está en zonas donde no hay bosque, pero apareció en colegios tipo campestre”, explicó Duarte.
“Las ranas no producen su veneno sino que lo secuestran, proviene de su dieta, normalmente ellas se alimentan de ácaros y hormigas, pero su veneno no le hace daño a algunos de sus predadores como zarigüeyas y algunas serpientes. Risaralda es diverso en términos de anfibios, tenemos 130 especies, el 40% están amenazadas y el 20% son endémicas. Es un patrimonio”.



