Al tiempo que continua el drama de cientos de indígenas Emberás asentados en Bogotá, también avanzan las acciones para el retorno de estos al territorio risaraldense y a Chocó.
Recientemente la Unidad para las Víctimas lideró un encuentro entre voceros de los indígenas en la capital de la República y autoridades tradicionales de los resguardos Tahamí Alto Andágueda (Chocó), Chamí Unificado y Gitó Dokabú (Risaralda), con el fin de entablar un diálogo que permita conocer las necesidades de las familias para retornar a sus territorios en los próximos meses.
Entre las principales necesidades está que los retornados tengan una oferta económica y social que involucre a toda la comunidad, para garantizar la permanencia en el tiempo de sus proyectos de vida.
En estos encuentros en los que han participado diferentes instituciones, se han logrado unos acuerdos, por ejemplo, se pactó actualizar el listado de personas que han manifestado la intención de retornar a sus territorios para ser entregado a las entidades que conforman el Sistema Nacional Atención y Reparación Integral a las Víctimas (Snariv) territorial.
También se acordó que Una vez hayan llegado las familias a los territorios, las gobernaciones de Risaralda y Chocó, y las autoridades locales, asumirán la atención de sus necesidades básicas y toda la oferta institucional para garantizar el proceso de restitución de derechos.
El coordinador del Grupo de Retornos y Reubicaciones de la Unidad para las Víctimas, Jonathan Forero, indicó que las instituciones del Snariv “vienen adquiriendo compromisos para que el retorno sea exitoso. Las comunidades aseguran que quieren regresar a sus territorios, pero es importante conocer las necesidades y que haya una oferta institucional oportuna para garantizar el acompañamiento y fortalecer sus proyectos de vida”. Aseguró que, de manera preliminar, más de 794 personas quieren retornar al Alto Andágueda (Chocó) y más de 398 a Pueblo Rico (Risaralda).
Pie de foto: Ya se han realizado algunos retornos de indígenas a Risaralda y Chocó provenientes de Bogotá, pero todavía miles de ellos, entre estos cientos de niños y niñas, siguen asentados en la capital de la República.



