Más de un año después de la muerte de Emmanuel Moreno Castaño, el joven de 17 años que cayó baleado en una esquina del municipio de Alcalá, el caso finalmente tuvo una decisión judicial: dos policías fueron condenados por su responsabilidad en el crimen. Sin embargo, para la familia, la pena es tan baja que deja un sinsabor enorme.
Los uniformados Alexander Molina Morales y Edwin Andrés Castro Guzmán fueron hallados responsables del homicidio ocurrido el 9 de marzo de 2024, en el barrio Villa Fernanda 2 de Alcalá.
¿Qué pasó?
Según versiones de testigos, Emmanuel estaba con un amigo en una esquina cuando la patrulla de Policía apareció. En un giro trágico de los acontecimientos, uno de los agentes de la policía extrajo su arma de dotación y disparó contra la humanidad de Emmanuel.
Familiares y testigos relataron a este medio de comunicación el día de los hechos que algunas personas presenciaron cómo un policía disparó contra el joven mientras corría. Emmanuel, herido, se puso la mano en el lado del corazón y regresó a la esquina, donde se sentó pidiendo ayuda “no me dejen morir, no me dejen morir”, decía. Residentes del sector lo subieron a una moto y lo trasladaron al hospital local, donde falleció minutos después.
La condena
La investigación determinó que los policías le dispararon por la espalda y luego intentaron alterar la escena, colocando un arma de fuego en el lugar para aparentar que el joven estaba armado.
Por este hecho, Molina Morales deberá pagar 4 años en un centro penitenciario, mientras que Castro Guzmán cumplirá 4 años pero con detención domiciliaria. Para la familia, esta condena es insuficiente ante la gravedad del crimen.
Todo empezó cuando los uniformados detuvieron a un grupo de jóvenes para una requisa. Al verlos, Emmanuel corrió. Uno de los policías lo persiguió y, sin mediar palabra, disparó contra el menor.
Una vecina contó que vio cuando el uniformado, con el rostro tapado, le disparó y luego llegó su compañero en moto. Aunque Emmanuel aún estaba consciente y suplicaba por su vida, según testigos, los policías le gritaron e incluso le ordenaron tirarse boca abajo.
Más tarde, uno de los agentes llegó donde la abuela del menor y le dijo que Emmanuel había intentado dispararle. Le mostró un canguro con una pistola y estupefacientes que, según él, eran del joven. Pero la familia desmintió esa versión y sostiene que por el tamaño del bolso era imposible que cupieran todos esos elementos.
El padre del joven cuestionó el uso de la fuerza letal. Dijo que, incluso si Emmanuel hubiera tenido problemas algo que la familia niega rotundamente jamás era justificable un disparo por la espalda. Lo correcto, según él, era capturarlo y llevarlo ante la justicia.
La familia también recordó que el uniformado Alexander Molina ya tenía antecedentes y procesos abiertos, por lo que la abuela del joven pide una pena más alta, una condena que realmente represente justicia por la muerte de su nieto.
Emmanuel vivía en Villa Fernanda 1 y trabajaba como brasero, descargando camiones.



