Escrito por:
Sebastián García
Periodista del Diario del Otún
El Deportivo Pereira perdió en la cancha, pero la derrota más dolorosa parece estar ocurriendo fuera de ella. En la noche anterior, el conjunto Matecaña cerró la cuarta fecha de la Liga cayendo 2-3 frente al Junior de Barranquilla, actual campeón del fútbol colombiano. Un partido en el que, pese a un cuestionado planteamiento inicial del técnico Arturo Reyes, el equipo mostró entrega, reacción y lucha hasta el último minuto. Sin embargo, el esfuerzo no fue suficiente para ocultar una realidad que inquieta a la afición: hoy el Pereira parece lejos de competir en igualdad de condiciones con los llamados “grandes” del país.
La razón, para muchos, es evidente y tiene nombre propio. No es solo un problema deportivo, sino institucional. Y es ahí donde surge una pregunta que cada vez resuena con más fuerza en la capital risaraldense: ¿está secuestrado el Deportivo Pereira?
Más allá de los resultados, hay una situación que resulta incomprensible para la hinchada. La gran mayoría de los pereiranos, que sienten al equipo como parte de su identidad, de su historia y de su cultura, no han podido ver a su club en el estadio. No existe una explicación clara ni oficial que justifique por qué el público Matecaña ha sido privado de acompañar a su equipo.
Algunos reportes señalan que la medida estaría relacionada con un supuesto temor a enfrentamientos con hinchas de otros equipos, particularmente con la afición del Deportes Quindío. Sin embargo, versiones coinciden en que la solicitud de restringir el ingreso de público habría partido desde las propias oficinas del Deportivo Pereira. La pregunta es inevitable: ¿por qué?
Ese interrogante apunta directamente a Álvaro López, actual presidente y accionista mayoritario del club. ¿Por qué impedir que la gente vea a su equipo? ¿Por qué arrebatarle a la hinchada el derecho de acompañar, alentar y también expresar su inconformidad? ¿Es la afición la que debe pagar las consecuencias de una administración cuestionada?
El malestar es evidente. Para muchos seguidores, la ausencia de público no es una medida de seguridad, sino una forma de silenciar el descontento. El temor, dicen, no es al rival, sino a la voz de una hinchada cansada de decisiones erráticas, falta de proyecto deportivo y un manejo que hoy tiene al Pereira sumido en una profunda crisis.
El Deportivo Pereira no es una empresa cualquiera. Es una institución histórica, construida por generaciones de hinchas que han estado en las buenas, en las malas y en las peores. El fútbol es un espectáculo popular, y sin su gente pierde sentido. Cuando las directivas le dan la espalda a la afición, no solo debilitan al equipo: erosionan la esencia misma del club.
La situación es delicada y el silencio de los entes rectores del fútbol colombiano resulta inquietante. ¿Puede un dirigente pasar por encima de una ciudad entera sin que ocurra nada? ¿No hay controles, ni responsabilidades, ni límites?
Mientras Álvaro López continúe aferrado al poder y la hinchada siga marginada, difícilmente algo cambiará en el Deportivo Pereira. Este jueves, el conjunto Matecaña visitará a Millonarios en Bogotá con la esperanza de sumar y reencontrarse con un resultado positivo. Ojalá sea una noche inspirada para los dirigidos por Arturo Reyes.
Pero más allá del marcador, el mensaje es claro y urgente: respeten al hincha, respeten a Pereira y respeten esta institución. Porque el equipo fue, es y será siempre de la gente.



