“Vergüenza en El Campín: Pereira se derrumba y el descenso asoma”

Escrito por:

Sebastián García

Periodista del Diario del Otún.

Lo de anoche en Estadio El Campín fue una vergüenza deportiva para Deportivo Pereira. No por perder porque perder entra en el libreto sino por la forma: un 5-1 ante Millonarios FC que expone una realidad que ya no se puede maquillar. Un equipo que sigue sin ganar, una dirigencia que no aparece cuando más se necesita y un fantasma que empieza a asomarse en silencio: el promedio del descenso.

Desde el arranque, el partido se rompió como se rompe un plan mal diseñado: con un golazo de tiro libre de Sebastián Valencia que no solo abrió el marcador, sino que avisó lo que venía. El mismo lateral volvió a exigir al portero Gómez con otro cobro que casi se cuela y más tarde con un remate potente que terminó en tiro de esquina. Millonarios FC estaba cómodo, dueño del ritmo, de los duelos y del campo; Deportivo Pereira, en cambio, parecía un equipo improvisado, sin respuesta emocional ni táctica.

La superioridad fue tan marcada que el 5-1 se queda corto. Mackalister Silva pudo aumentar, pero volvió a aparecer Gómez. Aun así, el segundo cayó por la vía que más duele: una jugada colectiva bien construida que terminó en el gol de Mateo García, cumpliendo “el sueño” de marcar con el club de sus amores, después de iniciar él mismo la secuencia. Mientras unos jugaban con idea, otros corrían con resignación.

¿Y el Pereira? En el primer tiempo, apenas un remate de Bazán que controló Novoa. Nada más. Ni presión sostenida, ni transiciones claras, ni señales de rebeldía. Y cuando un equipo cae en ese estado, el marcador se vuelve una consecuencia natural.

Antes del descanso, llegó el golpe definitivo: Millonarios FC se fue al vestuario ganando 4-0 con las anotaciones de Leonardo Castro y Carlos Sarabia, ambas tras pases de Beckham. Un primer tiempo de pesadilla, pero también de diagnóstico: cuando te crean y te convierten así, no es mala suerte; es desorden estructural.

En el complemento, el libreto no cambió: Beckham Castro clavó el quinto con un golazo de media distancia, y el descuento del Pereira llegó por un penal cobrado por Marco Pérez tras mano en el área de Sergio Mosquera. Un 5-1 que, lejos de “maquillar”, solo sirve para recordar que el gol no nació de juego, sino de una infracción. No fue reacción: fue trámite.

Lo más grave no es la derrota en sí. Es el mensaje: el equipo sigue sin ganar, el ciclo se siente a la deriva y el silencio del presidente “que nunca da la cara” se vuelve parte del problema. Porque cuando el barco hace agua, esconderse no lo salva; lo hunde más rápido. Y mientras la hinchada se come la frustración semana tras semana, el promedio del descenso empieza a dejar de ser una palabra lejana para convertirse en amenaza concreta.

En Bogotá no solo se perdió un partido: se perdió credibilidad. Y eso, en el fútbol, cuesta muchísimo más que un 5-1.

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