El maltrato animal en Colombia ha sido un tema de preocupación, y este año se aprobó la Ley Ángel, que reconoce a los animales como seres sintientes y endurece las penas contra quienes les causen daño. Pese a este avance, casos de violencia como el ocurrido recientemente en el barrio San Antonio de La Virginia siguen estremeciendo al país.
Seuz
La mañana del domingo 27 de abril fue especialmente difícil para Diana Carolina Largo Ocampo, cuando recibió la noticia de que su perro, Zeus, había sido gravemente herido dentro de su propia casa. Los hechos, que han generado indignación en la comunidad, involucran a José Gibbling Velásquez, quien, según la denuncia de la familia afectada, fue el presunto agresor del animal.
En entrevista exclusiva, Diana relató cómo sucedieron los hechos. “Yo me encontraba en mi trabajo, mi esposo estaba también laborando, y mi mamá acababa de salir a hacer unas compras. Nuestro perro, Zeus, siempre permanecía dentro de la casa suelto; nunca lo amarrábamos porque respetábamos su naturaleza, y jamás se había salido”, narró.
La tragedia comenzó cuando, alrededor de las 9:00 a.m., el dueño de la vivienda donde reside Diana llegó a su lugar de trabajo con palabras que describe como “débiles y despectivas”. “Me dijo que mi perro había cogido al perrito de él. Le pregunté si lo había mordido o agredido y me respondió que no, pero que antes de que mi perro matara al de él, él mataba al mío”, recordó Diana, “me dijo: ‘vaya recójalo, que ya le metí cinco puñaladas. Allá se lo dejé tirado muerto’”.
Entre el pánico y la desesperación, Diana dijo que, “corrí hasta la casa y vi a mi perro tirado, ensangrentado, sin poderse levantar. No sé cómo, pero logré cargarlo, mientras mi vecino vaciaba su carro para ayudarnos a llevarlo a una veterinaria”.
La gravedad de las heridas era notable. El veterinario que atendió inicialmente a Zeus encontró tres puñaladas profundas, una de ellas comprometía el tórax y los pulmones por lo que la familia viajó en una patrulla ambiental hasta Pereira, donde el diagnóstico fue que Zeus había perdido la movilidad en sus patas traseras, su columna estaba comprometida y sólo una cirugía muy costosa podría mantenerlo con vida, pero postrado para siempre.
“El médico me dijo: ‘Usted sabe cuál es la decisión que debe tomar’. Con el dolor en el alma, tuve que autorizar la eutanasia”, contó Diana. “Todo esto después de haber pagado yo misma 106 mil pesos en la primera consulta y 270 mil pesos en Pereira”.
Una amenaza
El agresor, lejos de mostrar arrepentimiento, se presentó más tarde en la casa de Diana acompañado de la Policía para interponer una denuncia alegando que se sentía “amenazado”. Según Diana, esta acción fue una burla al dolor que atravesaban: “Yo le dije a la Policía: si él se siente amenazado, yo me siento el doble. Porque quien es capaz de hacerle eso a un animal indefenso, ¿de qué no sería capaz?”.
Diana no entiende la actitud del agresor. “Le preguntamos por qué lo había hecho, y sólo contestó: ‘De susto’. Pero uno de susto no mata, no apuñala. Él no se defendió, él se ensañó. No fue un acto de defensa, fue un acto de crueldad”.
Zeus no era sólo un perro para esta familia. Era un miembro más. “Era el compañero de mi hijo de seis años, él le cogía las orejas, la cola, las patas, y Zeus jamás mostró agresividad. Era puro amor. Hasta la gente del barrio puede dar fe de su nobleza, no podemos quedarnos callados, exigimos justicia para nuestro amados Zeus”, concluyó.
Este episodio pone en evidencia que, aunque en Colombia existen leyes como la Ley Ángel para proteger a los animales, aún queda mucho por hacer para prevenir y sancionar estos actos de crueldad.
Historia clínica
Se recibe paciente con múltiples heridas por arma cortopunzante y sangrado profuso en las áreas del tórax y cuello. Presenta hipotermia, respiración rápida y superficial. A la exploración física se detectan tres lesiones: la primera, ubicada en el área paracostal derecha, con perforación muscular de aproximadamente 7 a 10 cm de profundidad; la segunda, en el área lumbar derecha, situada encima de la primera, con profundidad no determinada; y la tercera, a nivel de la escápula derecha, también de profundidad indeterminada pero de carácter agudo. Las tres heridas presentan sangrado abundante, con sospecha de perforación pulmonar.
A tener en cuenta
“Nuestro proceder es atender el llamado de la ciudadanía cuando se reporta un caso de maltrato animal. Verificamos la situación y pedimos que quienes reportan sean testigos, ya que muchas veces no se distingue entre maltrato y una mala tenencia. Cuando evidenciamos lesiones físicas, procedemos a dejar el caso a disposición de la autoridad competente. Solicitamos un dictamen veterinario, que es clave para determinar las lesiones, sus causas y motivaciones, y con ello llevar el caso ante la Fiscalía. Nos basamos en la Ley 1774 de 2016, que sanciona delitos contra la vida, integridad física y emocional de los animales. No sólo se castiga la muerte del animal, también las lesiones que afecten su integridad. Luego, la Fiscalía continúa el proceso ante un juez de control de garantías.” Subintendente Hugo Jaramillo, Grupo de Protección Ambiental y Recursos Naturales.



