En las elecciones al Congreso de la República del año 2022, el Partido Alianza Verde dio el ‘batacazo’ electoral al obtener dos curules a la Cámara de Representantes, por tal razón, se esperaba que para los comicios de 2023 pudieran ratificarse como una fuerza política de poder e injerencia en el departamento.
Sin embargo, el panorama fue otro y el ‘descalabro’ que recibieron el pasado 29 de octubre en las urnas, les debe hacer considerar un replanteamiento de la manera como se vienen tomando las decisiones al interior del partido. Un ejemplo claro de esto fue la elección de la candidata única para las elecciones a la Alcaldía de Pereira en 2023, el partido sufrió una disminución ostensible en su apoyo electoral, pues comparativamente con los resultados de 2019, se puede decir que solo una sexta parte de dicha votación se vio reflejada en los comicios de este año.
El punto de quiebre en la crisis del partido se dio cuando miembros de larga data y defensores de la causa ‘verde’ se sintieron ‘traicionados’ por las prácticas internas del partido y las decisiones tomadas por las élites políticas. La sensación de que el partido se estaba alejando de sus valores fundamentales de transparencia y participación democrática comenzó a propagarse entre los miembros. La renuncia de algunos miembros destacados, entre ellos Carlos Osorio, quien venía figurando como el presidente departamental del partido y las tensiones internas llevaron a la generación de ramificaciones que terminaron profundizando las grietas, así los congresistas quisieran ocultar el sol con un dedo.
En medio de esta tormenta política, el Partido Alianza Verde en Risaralda ha perdido gran parte de su antiguo esplendor y apoyo popular. Las divisiones internas, la elección de candidatos cuestionados y la percepción de que los líderes políticos están desconectados de las bases, han erosionado la confianza en el partido.



