Ciudad del Vaticano, 20 de abril de 2025 – Después de varios días de ausencia debido a problemas de salud, el papa Francisco reapareció este domingo en el balcón central de la basílica de San Pedro para impartir la tradicional bendición Urbi et Orbi en el cierre de la Semana Santa. Aunque aún convaleciente y visiblemente debilitado, el pontífice argentino no dejó pasar la oportunidad de enviar un mensaje contundente al mundo: condenó la escalada armamentística global y pidió con firmeza un compromiso real por la paz.
Francisco, de 88 años, permaneció sentado en silla de ruedas durante la aparición, sin las cánulas de oxígeno que utilizó tras su reciente hospitalización por una neumonía bilateral. Fue su maestro de ceremonias, monseñor Diego Ravelli, quien leyó en su lugar el mensaje pascual ante unos 50.000 fieles congregados en la plaza de San Pedro, en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Comastri.
En un gesto sorpresivo y emotivo, el Papa recorrió luego la plaza en papamóvil, deteniéndose incluso para bendecir a niños, aunque evidenció dificultades en sus movimientos. Más temprano, también recibió en la residencia de Santa Marta al vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, con quien intercambió saludos pascuales.
Un mensaje de Pascua con tono de urgencia
Durante su mensaje, Francisco no escatimó palabras al referirse a los conflictos que aquejan al planeta:
“Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo. Cuánto desprecio se tiene hacia los más débiles, los marginados y los migrantes”, lamentó el pontífice. Y denunció con claridad “la carrera general para el rearme”, instando a redirigir los recursos hacia causas humanitarias como el combate al hambre y el desarrollo sostenible.
“La paz tampoco es posible sin un verdadero desarme. La exigencia de cada pueblo de proveer a su propia defensa no puede transformarse en una carrera general al rearme”, aseveró, apelando al sentido de humanidad y responsabilidad global.
Mirada al mundo: de Gaza a Ucrania
El Papa dedicó palabras especialmente sentidas a las crisis más urgentes. Expresó su angustia por la situación en Gaza, donde denunció una “dramática e indigna crisis humanitaria” y pidió el cese del fuego, la liberación de rehenes y asistencia urgente para los civiles. También criticó los ataques contra hospitales y trabajadores humanitarios.
Rechazó con firmeza el aumento del antisemitismo a nivel global y expresó su cercanía a las comunidades cristianas de Gaza, Líbano y Siria. Pidió igualmente por Yemen, sumido en una de las crisis humanitarias más graves del mundo.
Sobre Ucrania, reiteró su llamado a una “paz justa y duradera” y urgió a las partes involucradas a continuar las negociaciones. También mostró su deseo de que se logre pronto un acuerdo definitivo entre Armenia y Azerbaiyán, y llamó a evitar nuevas tensiones en los Balcanes occidentales.
África y Asia: un clamor global
El mensaje incluyó súplicas por diversas regiones africanas afectadas por la violencia, como la República Democrática del Congo, Sudán, Sudán del Sur, el Sahel y el Cuerno de África. También mencionó la difícil situación en Birmania, afectada tanto por conflictos armados como por un reciente terremoto.
Un llamado universal a la esperanza
“Quisiera que volviéramos a esperar en que la paz es posible”, expresó el Papa, con un tono firme pero esperanzado. En una época marcada por tensiones, desplazamientos forzados y una creciente polarización global, su mensaje resuena como un llamado urgente a la compasión, al diálogo y a la acción solidaria.
La reaparición del Papa Francisco este Domingo de Pascua, a pesar de su delicado estado de salud, fue más que un acto simbólico: fue un acto de fe, de valentía y de liderazgo moral. Un recordatorio de que incluso en medio de la fragilidad humana, es posible alzar la voz por la justicia y la paz.



