“Tantos precandidatos revela la debilidad de los partidos”, afirma expresidente Ernesto Samper                                                                  

Por Pilar Salcedo Jiménez

En entrevista con El Diario del Otún, el expresidente liberal, Ernesto Samper Pizano,  recordó con tristeza y nostalgia la muerte de Miguel Uribe, precandidato presidencial asesinado recientemente, y señaló las similitudes entre su caso y el atentado que él mismo sobrevivió hace 35 años.

“Durante el tiempo en que Miguel luchaba por su vida en la clínica, pensaba que, al igual que me ocurrió a mí, tendría una segunda oportunidad. Tenía 39 años, la misma edad que yo cuando fui víctima de un atentado, y también era precandidato presidencial. Creí que la historia se repetiría”, expresó.

Con profundo pesar, aseguró que la tragedia representa no solo la pérdida de una vida valiosa para la renovación de la política colombiana y un golpe para su familia —con la que mantiene antiguos lazos—, sino también un signo preocupante del retorno de la violencia política.

“Esa práctica nefasta nos costó tantas vidas, tanto dolor y sufrimiento en el pasado, y hoy parece estar resurgiendo”, advirtió.

El atentado

El 3 de marzo de 1989, el entonces candidato presidencial Ernesto Samper Pizano vivió uno de los episodios más dramáticos de su vida.

Ese viernes, mientras adelantaba su campaña, tenía previsto viajar a Cúcuta. Hacia las tres de la tarde llegó al aeropuerto El Dorado, donde sostuvo un breve intercambio de palabras con José Antequera, dirigente de la Unión Patriótica. Minutos después, ambos fueron víctimas de un atentado: Antequera murió. Samper tuvo una segunda oportunidad.

¿Cómo define la etapa política que le tocó vivir comparada con la actual?

En mi época el contexto era diferente, aunque igualmente difícil. Nos tocó vivir en medio de un entorno extremadamente violento: era la época del cartel de Medellín y del auge del terrorismo como herramienta política. Además, existían diferencias de forma: en ese tiempo no había redes sociales.
Hoy estas redes han transformado la política en Colombia y en el mundo, tanto para bien como para mal. Para bien, porque han democratizado la información y el derecho a opinar, dando voz a sectores que antes no eran escuchados. Para mal, porque también se han convertido en plataformas de odio, polarización y confrontación, donde el debate ideológico muchas veces se reduce a peleas interminables entre extremos, dejando sin espacio a las alternativas intermedias.
En ese sentido, aunque en mi época no existía esta polarización digital, sí enfrentábamos un entorno violento que hacía igualmente complejo el ejercicio político.

Durante 20 años usted estuvo fuera del escenario político. ¿A qué se dedicó en ese tiempo?

La política no se limita a la competencia electoral o a ocupar cargos públicos. También se hace política en otros escenarios. En mi caso, me dediqué al trabajo internacional, impulsando la integración latinoamericana, un propósito que ha sido mi desvelo durante décadas.
En el ámbito nacional, trabajé por la promoción del Derecho Internacional Humanitario, cuyos protocolos fueron aprobados durante mi gobierno. Esas normas buscan proteger a la población civil en medio de conflictos armados, y están recogidas en las Convenciones de Ginebra: la defensa de escuelas y hospitales, la prohibición del reclutamiento de menores, la erradicación de minas antipersona, la sustitución social de cultivos ilícitos y la prohibición de la violencia sexual en la guerra. También regulan las relaciones entre combatientes para que, incluso en la confrontación, exista un mínimo de compasión.
Alguien dijo alguna vez que la guerra es dulce solo para quienes no la conocen. Nosotros, que la hemos sufrido en Colombia, sabemos que la guerra es amarga, dolorosa y costosa en vidas humanas. Por eso dediqué esos años a dos objetivos: promover la integración regional y defender la aplicación del Derecho Internacional Humanitario, acompañando además iniciativas sociales como las que fueron el eje de mi gobierno.

Cuéntenos acerca de su movimiento político Poder Popular, una de las 17 organizaciones inscritas para consultas interpartidistas.

Poder Popular nació como una corriente dentro del Partido Liberal Colombiano. Este partido históricamente ha tenido dos tendencias: una más conservadora o republicana, hoy cercana al modelo neoliberal de desarrollo, y otra progresista, socialdemócrata o incluso socialista, que defiende la presencia activa del Estado, la inclusión social y unas relaciones internacionales centradas en la cooperación con los países vecinos.
Me he dedicado a fortalecer esta segunda tendencia, que nos llevó a la presidencia y que busca organizar a los sectores menos favorecidos para que tengan representación política real a través del ejercicio democrático. De ahí el nombre: Poder Popular, es decir, el poder que ejerce el pueblo mediante canales de participación.

¿Cuáles son las expectativas de Poder Popular? ¿Tendrán candidato presidencial?

Nuestra expectativa es abrir un espacio socialdemócrata en Colombia, un espacio progresista no radical, que proponga un modelo de desarrollo solidario. Queremos pasar de una economía extractivista —que vende lo que se saca del suelo— a una economía que genere valor a través de cadenas productivas.
También planteamos una nueva arquitectura financiera, la reducción de la exclusión social, la movilidad ciudadana, una transición ecológica hacia economías limpias y, finalmente, la integración regional como estrategia de desarrollo colectivo.

Actualmente hay más de 70 precandidatos presidenciales. ¿No resulta paradójico frente al difícil momento político del país?

Se suele bromear diciendo que en Colombia quien no es precandidato presidencial debe ser ecuatoriano o venezolano. Sin embargo, esta proliferación de aspirantes refleja un problema serio: la ausencia de partidos fuertes y de mecanismos democráticos internos para elegir candidatos, como lo ordenó la Constitución de 1991.
Hoy muchos deben lanzarse por su cuenta, prácticamente con su solo nombre, para ser reconocidos. Esto debería llevarnos a reflexionar sobre la necesidad de cambiar el sistema político.
Un modelo semiparlamentario, como el de la Quinta República francesa, podría ser más adecuado: los presidentes elegidos como jefes de Estado y un gobierno conformado en conjunto con el Congreso, con primeros ministros responsables de la gestión. Así podríamos superar la clientelización de la política y dar paso a un esquema más orgánico, con bancadas claras de gobierno y oposición.

¿Se ha arrepentido en algún momento de haber apoyado al presidente Petro?

No. Sin ser petrista ni pertenecer a su movimiento, apoyé —y sigo apoyando— lo que considero deben ser las bases de cualquier proyecto progresista en Colombia:
1. La integración latinoamericana.
2. La inclusión social, con programas como los que impulsamos en mi gobierno: el Sisben, la Red de Solidaridad Social, el Ministerio de Cultura o la defensa de los maestros.
3. La búsqueda de la paz.
Estoy convencido de que el país no saldrá adelante con más confrontación armada, sino a través del diálogo y la construcción de consensos.

¿Cuál es su mensaje final al país?

Mi mensaje es de fe y esperanza. Muchas veces vemos solo el lado oscuro de la realidad colombiana, amplificado incluso por los medios nacionales e internacionales. Pero detrás de ese telón hay un país de gente que trabaja, estudia, lucha, protege a su familia, defiende sus ideales y se siente orgullosamente colombiana.
Las encuestas internacionales lo confirman: a pesar de todo, los colombianos somos considerados uno de los pueblos más felices del mundo. Esa resiliencia y esa alegría son nuestra mayor fortaleza.

Leyenda:

Durante 20 años el expresidente Ernesto Samper estuvo haciendo política en otros escenarios, fuera del ojo público, promocionando el Derecho Internacional Humanitario. Afirma que sin ser petrista, apoya y lo sigue hacienda la propuesta política progresista del actual gobierno.

 

El dato

Poder Popular es el movimiento politico fundado por el expresidente Ernesto Samper Pizano.

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