Ángel Gómez Giraldo
Hoy sábado por la tarde en el parque El Lago de Pereira, algo como traído de los cabellos llama la atención del público. Y no es la mujer joven que hace rato salió por la trastienda de la realidad y viene aquí toda dementizada gritando canciones de despecho y a convertirse en sirena que baña su cuerpo en la fuente.
Ni los turistas extranjeros, muchachas y muchachos mochileros interpretando un instrumento musical para poder encender fogatas en el paisaje del Eje Cafetero. Tampoco los viciosos que ya perdieron la camisa por las drogas psicoactivas o los cantantes aficionados que hacen llover temprano.
Lo que llama la atención con olor a tinto de Jeep Willys es el espectáculo de un grupo de peluqueros haciendo gratis lo que hacen y cobran en sus barberías: corte de pelo.
Esta tarde es de sol “ventaniando” mientras lo dejan las intermitentes lloviznas propias del tenaz invierno que por estos días soporta la capital de Risaralda.
En serio, el espectáculo cual festival al parque, despierta curiosidad para mirar con un solo ojo.
Además, el oficio del peluquero y la barbería es todo un concierto por el sonido de las tijeras y el ruido de la máquinas que podan cabezas.
Peluquerías, salones con espejos para que el cliente vea que le están cortando solo lo que desea que le corten demás y estar seguro que no perdió una oreja.
Personal
Son diez alumnos de la escuela de peluquería, con la cabeza de igual número de voluntarios con exceso de cabello, en sus manos.
Casi todos jóvenes, y digamos que no se muestran nerviosos a pesar de que a un descuido del barbero y movimiento brusco de la cabeza podrían perderla.
Yo que me encuentro entre el grupo de curiosos espero que no vayan a rodar cabezas. Sería una tragedia que llenaría de sangre el Lago Uribe Uribe.
Igualmente ruego a Dios que no se acerque un calvo porque caería muerto de la envidia.
Claro que hay calvos que dicen sentirse bien así, desconociendo que la frase esa de que entre más calvo el hombre más testosterona tiene y más macho es, ya ha sido revaluada por los científicos.
Detrás de los peluqueros se destaca un grandulón de edad de cabeza asentada porque ya ha perdido mucho de pelo pero de abundante chivera.
Su nombre es Ariel Ayala Bedoya, creador de la Fundación Misión Humanitaria para que nadie diga que no tiene con qué pagar una rasurada y mostrar un corte de cabello a lo jugador de fútbol.
Sacó de la mano la fundación hace de ello un poco más de 5 años y desde los 20 le esta cortando el cabello a hombres que tienen mucho de esto y poco de billullo.
Realiza de 3 a 4 brigadas semanales en distintos espacios abiertos de la Perla del Otún, y haciendo cuentas le dan para 30 mil cortes al día de hoy.
Deslenguado como casi todos los que tienen su oficio, da cuenta que con tanta experiencia es capaz hasta de cortar los pelos que no tiene la lengua, chispazo de humor del que se ríe.
Por lo que veo usted es un maestro de peluquería con tanto dinero que lo tiene hasta plástico…
– Tengo mi propia barbería en los 2500 Lotes del barrio Cuba, y créame que no es de medio pelo, por el contrario, es de buena moña y me da para vivir al pelo.
¿Vive satisfecho con lo que le da la barbería de Cuba?
– Más satisfecho que una mujer con dos maridos…
El evento de El Lago la tarde del sábado 25 de mayo del presente año, despertó sentimientos entre las personas que viven en su entorno y contorno, sentimientos naranja.
Luis Alberto Ocampo, hombre de 83 años que no ve porque quedó invidente a los 20 años como consecuencia de tres tiros que le metió un sicario en la cabeza y los médicos no lo quisieron operar dejándole las municiones en el cráneo, pasó por ahí ayudado por su bastón de ciego y, cosa rara, como si hubiera visto, gritó: “Qué es lo que pasa aquí”.
La misma Silvia de Dios, mujer de Villa Santana con tiempo para todo porque vende minutos y regala sonrisas, les obsequió golosinas.El viejo José Sigifredo Zapata aún tallando madera y produciendo esculturas bajo la pérgola de El Lago, puso en manos del director de la Fundación Misión Humanitaria un semental en madera de cedro, dizque para que le saque quites y suertes a la labor social que realiza.
Octavio Orozco conservando a sus muchos años la elegancia y el buen porte de peluquero profesional, desfloró más de un aplauso.
Hasta el sacerdote y buen religioso que es Sigifredo López, el mismo que vino de Medellín hace apenas 4 meses para ser el párroco del Claret, con un templo bellísimo, tuvo la gracia de la cruz blanca al salir hasta el atrio y mandarles una bendición.
!Ay los del Tranvía! donde se baila tango a cualquier hora del día en El Lago, los refrescaron con cerveza y les dieron boletas para abordar un transporte público que desapareció en Pereira al tiempo del vocablo “Señorita”.
Señores hay más en El Lago: entre ventas fijas, ambulatorias, “minuteros” y comerciantes de cigarrillos, chicles y otras vainas pude contar cincuenta a pesar de que dicen que son perseguidos y hostigados por los funcionarios de espacio público.
En este ejercicio estaba cuando me topé con el hombre que aquí abre a diario una maleta llena de cachivaches, a ver quién le compra lo inservible, es Luis Alberto Bustamante, el perseguido por las mujeres a pesar de que entre ellas tiene fama de ser un falso positivo.
¿Luis Alberto, cómo se siente con el corte de cabello que le acaban de hacer?
– “Al pelo”, me contestó más contento que una ninfómana en África.



