Dialogar con argumentos

Rodrigo Ocampo Ossa

Columnista

El 25 de enero pasado zarp? de Norfolk el porta aviones US Abraham Lincoln con el fin de hacer maniobras en el norte del mar Caribe. Lo acompa?an cuatro destructores, un crucero lanza misiles y, cuando menos, un submarino nuclear.? Una fuerza intimidante. Probablemente esa noticia fue la que hizo cre?ble la advertencia del gobierno de Estados Unidos a Maduro sobre la seguridad del autoproclamado presidente Guaid?, a quien no se ha atrevido a tocar, y no las muy melifluas declaraciones del Grupo de Lima a favor de la democracia, siempre acompa?adas con el adendo de rechazar la intervenci?n militar. Cuando Ch?vez orden? movilizar su ej?rcito a la frontera con Colombia por el bombardeo a Reyes en Ecuador, Bush orden? el desplazamiento de la tercera flota hacia el sur; los tambores de guerra se silenciaron como por encanto. Desde siempre se ha sabido que el di?logo con los truhanes solo tiene resultados si se les hace saber que el uso de la fuerza est? disponible. Es lo que se llama un buen argumento. Las Farc solo se avinieron a un acuerdo de paz despu?s de la baja del Mono Jojoy, Ra?l Reyes y Cano y se les prob? que el secuestro no era una herramienta ?til en la negociaci?n. El ELN no negociar? seriamente hasta cuando una campa?a militar igual al Plan Colombia reduzca su acci?n terrorista a la m?nima expresi?n. Ni la corrupci?n dejar? de ser una forma de vida si no se vuelve una actividad altamente peligrosa para la salud. El comportamiento humano responde a un principio econ?mico simple; si algo funciona se repetir? hasta cuando el riesgo sea superior al beneficio esperado. Los bellos mensajes de las palomas blancas, las cintas rosadas y las invocaciones a la solidaridad humana han demostrado ser in?tiles contra Talibanes,? Isis, ETA y Tigres Tamiles entre otros. Los malos solo respetan un buen argumento: una fuerza superior.

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