100 años de lectura

Por Andrés García
Me he dado a la tarea de releer la obra cumbre de nuestro Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, “Cien años de soledad”, proceso en el cual avanzo, de paso, absolutamente fascinado con la capacidad descriptiva de Gabo. Su ingeniosa y bien ponderada creatividad y la manera como alcanza con su prosa simple, coloquial, algo realmente extraordinario, nos introduce en un universo literario de solemne amplitud, con las respectivas repercusiones en el imaginario latinoamericano y, por qué no, mundial, como en efecto sucede.
La primera vez que leí la novela, en realidad no la entendí. Es más, creo que odié al profesor que entonces nos instruyó hacer una sinopsis, identificar los personajes principales y secundarios y, con ello, prácticamente realizar un barrido técnico para dar cumplimiento a una tarea y aprobar la materia. Absurdo. Era entonces un joven de dieciséis años, estudiante de secundaria, completamente desprovisto de la técnica y las herramientas mínimas para abordar un texto de semejante calibre literario. No entendía mi vida, menor iba a comprender la de Aureliano, Ursula y demás.
Sin lugar a dudas, el error más frecuente del sistema educativo es premiar la memorización a partir de la imposición de la lectura, con tal de cumplir con un programa académico, sacrificando la obra literaria y, de paso, la iniciativa del lector quien en adelante – en lugar de amar la lectura – termina por cogerle pereza y no volver a tomar un libro en su vida. Por fortuna tuve un giro propositivo en ese aspecto y la lectura es mi gran aliada. Quizá como en el amor, las primeras experiencias marcan momentos memorables que acercan o alejan a las personas de los libros, para el caso latinoamericano, generalmente, poco placenteras dado el bajo nivel de lecturabilidad que persiste.
Cien años de soledad es un libro para leer con destornillador; es decir, demanda de un tiempo especial en el que un diccionario, la capacidad de leer entre líneas – con los ojos, la piel, las emociones, las experiencias y la edad – otorgan herramientas de lectura que, sumadas a la pasión y el amor por los libros, permiten aproximarse a la obra. Esta novela, publicada por primera vez el cinco de junio de 1967, es una obra magistral absolutamente vigente, que expone en su narrativa el universo de sus protagonistas y de siete generaciones de la familia Buendía, con todo el arco emocional que sugiere la experiencia humana, sus aciertos y errores, sus dichos, su gloria y su tragedia.

Creo que un hecho tan violento como la guerra viven actualmente varias naciones en el mundo, es la prohibición de esta obra en los planteles educativos de los Estados Unidos, en especial para aquellos quienes desean acceder a un trabajo literario de incalculable valor para la humanidad. Prefiero mil veces cien años de lectura, a un día de prohibición de acceso al conocimiento y la diversión más exquisita como los que ofrece esta obra. *Secretario de Cultura de Risaralda.

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