Ernesto Zuluaga
Columnista
La celebraci?n del d?a mundial de la mujer me invita a hacer algunas reflexiones sobre la transformaci?n que vive la sociedad occidental. Una de las grandes conquistas de la humanidad en el ?mbito social y durante el siglo XX fue el empoderamiento laboral femenino. El proceso de industrializaci?n que vivi? Colombia (al igual que muchos otros pa?ses del orbe) trajo consigo grandes requerimientos de mano de obra lo que origin? que la mujer comenzara ?en los años veinte? a incorporarse a la vida p?blica hasta alcanzar una tasa de participaci?n del 20%. Despu?s ?en la d?cada del cincuenta? accedi? de manera impetuosa a la educaci?n media y luego en la d?cada del setenta a la universitaria haciendo que las diferencias educativas entre los sexos disminuyeran y se incrementaran entonces las posibilidades de alcanzar nuevos espacios laborales y de mayor calidad.
Simult?neamente se daba en Colombia otra transformaci?n importante: una enorme migraci?n desde el campo hacia las grandes ciudades. Estas dos circunstancias trajeron consigo una profunda metamorfosis de las familias y su composici?n y del papel de la mujer en la sociedad contempor?nea.
El hecho fundamental es que la participaci?n activa de la mujer en el mundo laboral colisiona inevitablemente con su ancestral rol de madre y pivote principal de los procesos educativos al interior de los hogares tradicionales y más dentro de una sociedad como la nuestra construida sobre conceptos ?cristianos? y machistas.
La compatibilizaci?n de las responsabilidades domásticas con las obligaciones que se desprend?an de las actividades laborales era un proceso conflictivo en el que poco a poco las segundas fueron ganando preponderancia frente a las primeras. La conquista de espacios laborales trajo consigo una independencia econ?mica que redefini? el rol de la mujer dentro del matrimonio y dentro de la sociedad conyugal.
La mujer se liber?. La subyugaci?n econ?mica, que fue el elemento preponderante en la ?unidad? de millones de hogares, dio paso a un nuevo escenario de igualdad que revel? una cruda realidad: la crisis de la institución matrimonial. Y tras ella sus inevitables consecuencias. Los j?venes de hoy ?en su mayor?a? son reacios a tener hijos y a entablar relaciones maritales. No es de extra?ar por lo tanto que más de la mitad de las nuevas viviendas que se construyen actualmente en los pa?ses occidentales est?n enfocadas a personas o parejas solitarias. Es la nueva realidad de la sociedad moderna.
Esa tendencia social se agravar? cuando en los próximos años ?ojal? sean pocos? vayan desapareciendo todas las formas de discriminaci?n laboral que a?n existen contra la mujer como las diferencias salariales, las desigualdades en las contrataciones, la segregaci?n laboral y muchas más. Y adicionalmente, ?cu?l creen ustedes que será el impacto cuando en nuestras ciudades se equilibren entre los sexos las responsabilidades asociadas a la maternidad y al cuidado de hijos?, ?y cuando la participaci?n política y en la administraci?n del estado alcance niveles de equilibrio?
Las estructuras familiares cambiaron abismalmente en el ?ltimo siglo y seguir?n haci?ndolo de manera vertiginosa. Obviamente ni un paso atr?s frente a las conquistas femeninas, pero ?cu?l será la dimensi?n de las transformaciones que nos esperan? Amanecer? y veremos.
