El alemán que vino a besar las nubes

Angel Gómez Giraldo

La dama de porte goyesco vive sola en su casa de la carrera 9a. centro de Pereira. Era la tarde del domingo 9 de este mes. La dama se mueve sola en la sala ofreciéndole con la mirada un saludo cariñoso a sus ascendientes y descendientes que se sonríen con ella desde las imágenes de los portarretratos que hacen la galería familiar.
Además ella se atreve a interrogarlos a pesar de que diariamente se está comunicando con ellos a través del móvil. ¡Qué maravilla!

De buenas a primeras es interrumpida por un toque prudente de la puerta. Se sorprende más que monaguillo pillado por el cura comiéndose las hostias. No esperaba a nadie. Luego abre.
“Me apresuré a abrir porque una nunca sabe y puede tratarse del Ángel de la Guarda”.
Mas se encontró frente a frente a un hombre con una bicicleta o a una bicicleta con un hombre. Se saludaron como si fueran conocidos.

Ella toda una señora con los encantos de mujer bonita casi intactos cubierta con un sobretodo de nombre que la identifica como Cecilia Guevara. Él con toda la estatura del pueblo alemán. Se le presenta dejando escuchar la gutural voz, propia de la fonética de su país, mezclada con el español: “Señora, soy Henning Schafer…”
Cecilia le ordena seguir con esa sonrisa y generosidad que nos despierta a los colombianos el extranjero.
Así pues que el alemán fue su visita y se conocieron con la sabrosura de una torta ‘María Luisa’ pasada con café Juan Valdez.

Es de subrayar que el señor Henning le llegó bien referenciada por una de sus hijas que viven en Europa y la cual tuvo la oportunidad de conocerlo en un pueblo cerca a Berlín.

De Berlín
Como la casa de la señora Guevara es solariega, con patio interno, conservando la arquitectura de bahareque propia de la colonización antioqueña, hasta los habitantes de pluma salieron a recibirlo: una gallina cubana pero anticastrista y un gallo punkero, de elevada cresta. Más todavía, los canarios, cantores amarillos le ofrecieron un concierto de bienvenida.

El hombre llegó en una bicicleta porque muchos europeos, apenas se jubilan creen que si se suben en una de estas máquinas de acero y salen a recorrer el mundo la muerte no los alcanza.
Este ciudadano del mundo con la estatura y la talla de Don Quijote da la impresión de que no cabalga sobre Rocinante sino sobre Sancho.

“Afortunadamente aquí hay espacio hasta para la máquina”, afirma doña Cecilia, refiriéndose a la amplitud y comodidades de su vivienda.
Pero es bueno resaltar que la pereirana y el alemán son una jaculatoria en la casa pues ambos son católicos practicantes.

Coincidencia
¡Oh coincidencia! El alemán encontró sobre la mesa de la sala un libro con prosa y verso para la bicicleta del autor pereirano Víctor Escobar Navarro.
“Lo seguro es que en el año de 1817, el alemán Karl Drais construyó un vehículo de madera con 2 ruedas en línea, silla y una vara con dirección, que era impulsada con los pies contra el piso, esta cicla llamada Draisiana, que equipada con ruedas de hierro alcanzaba una velocidad semejante a un carruaje, es la real precursora de la cicla actual y de la motocicleta. Como ella hizo fiable su uso práctico, arrancó el furor por irla perfeccionando.

Mac Millan en 1839 la dotó de unos cigueñales a modo de pedales rudimentarios que obviaron el impulso de las piernas contra el suelo. Pierre Michaux implementó los pedales para impulsar la rueda delantera mediante bielas fijas al eje. Como era mayor el avance mientras más grande fuera la rueda delantera, ésta llegó a tener 2,50 metros y avanzaba 12, 25 metros por pedalada. Mas como ella aumentó la inestabilidad fue estandarizada en 1,20, y la trasera, para disminuir peso, en sólo 40 centímetros”.

Henning vino de donde no hay ruido ni bullicio, Rabke, pueblo tan pequeño que los habiantes tienen el privilegio de estarse viendo los unos con los otros constantemente: 700 habitantes.
“Mi pueblo es tan apacible que allí lo único que se siente es el silencio de los ángeles que no existen porque son espíritus puros”, sostiene este alemán.

Hace poco tiempo se jubiló como maestro de escuela y contrajo nupcias con la esbelta Edeltraud para un amor rebosante y productivo de 3 hijos. Y si alguno de la familia se enferma en casa tiene la cura porque es médica.
El “caballito de acero” como le decimos los colombianos a la bicicleta, lo adquirió en Canadá y viaja utilizando otros medios de transporte: el avión, el barco y el atobús, así la cicla se ponga celosa.

Por Panamá
A Colombia entró por la República de Panamá: “Verá usted, llegué a Turbo en el Urabá y acendí con mi cicla por toda la montaña antioqueña besando las nubes blancas que se ven tan cerca de uno”.

¿Qué le ha llamado la atención de Colombia?
Su paisaje natural y ese trato de confianza y de palmaditas en la espalda con que trata el colombiano al de afuera.

¿Algo más?
Sí, la arquitectura urbana de autoconstrucción, tan caprichosa en su forma, fachada, y ajustadas las unas con las otras lo que hace una verdadera vecindad.

Seguramente, días después, este alemán sonreirá al apreciar la belleza del paisaje rural del Eje Cafetero.
Revela que cada día viaja 120 kilómetros pedaleando y la que lo carga tiene ya más de 7 mil kilómetros.
Cecilia me asegura que no cobrará ni un centavo al que ella llama “mi ilustre huésped”, porque es solo generosidad antioqueña.

Seguramente cuando este alemán regrese a su pueblo, le hablará bien de Colombia a cada uno de los 700 habitantes que tiene Rabke. “Son tan pocos que puedo hacerlo”.

¡Ay la bici que como bella mujer hizo exclamar así, en poesía, a Victor Escobar Navarro!
No es celosa ni altanera/, no aporta suegros cansones/, posee todos los dones/ que un hombre puede soñar.

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