La Anaconda sanadora

Dioscórides Pérez

Regreso a la plaza de Pereira, cargado de serpientes,  invitado por los artistas de La Cuadra para exponer mis dibujos y realizar mi performance de “La anaconda ancestral”, un mito tomado de la selva como memoria viva para defender los ríos y sanar las aguas. Se trata de un performance ecológico de resistencia contra el cambio climático, la contaminación minera de los ríos, la tala de la selva y el uso de los páramos para extracción de minerales. 

Sin proponérmelo, sigo los pasos de los viejos culebreros que  armaban círculos de gente en el centro de la Plaza de Bolívar y el parque de La Libertad, para mostrar la culebra “margarita” y con jerigonza vender  pomadas de manteca de cerdo con alcanforina, que servían para curarlo todo.

Creo que la poética y el performance lo aprendí de ese desaparecido personaje. Lo sagrado, de los ritos litúrgicos de la iglesia, del desfile teatral de Semana Santa, de esos hombres de negro y capirote morado que cargaban  coloridos santos de yeso. Lo mágico y misterioso, de los ritos chamánicos para propiciar la caza o espantar el espíritu de la enfermedad,  en la selva del Vaupés, Amazonas  y  Putumayo. Estos escenarios surrealistas me enseñaron el asombro, abrieron mi percepción y le dieron cuerda a la imaginación y a la creatividad.

 

Río Otún

Yo nací sobre una piedra grande a la orilla del río Otún. Me fui del Deogracias Cardona para graduarme como bachiller en Bogotá y como maestro de artes plásticas en la Universidad Nacional. Siendo enseguida profesor de la misma, me fui mil días a China a estudiar grabado y taichí. Aprendí la estética taoísta, el tantra, un breve glosario en mandarín, a trazar los caracteres y a construir talismanes con tinta china para cazar dragones. También la paciencia y la perseverancia.

El dragón chino es símbolo del agua, habita en el cielo, anida en las nubes: ruge con el trueno, su ira es el relámpago, su cuerpo baja a tierra con el agua, baña la montaña como manantial, descansa en el lago, y se convierte en serpiente-río hasta llegar al mar, desde  donde regresa  al cielo.

La estética taoísta enseña el secreto para  trazar este círculo de fertilidad con tinta china, pero  señala que cada trazo debe ir cargado de energía Chi, el aliento vital de  la respiración, para que  la imagen tenga vida.  Un dibujo trazado sin Chi es como un arrume de huesos.

 

Al Himalaya

Un día  dejé Pekín y tomé por tierra la ruta de los Lamas que me llevó al Himalaya. Quería visitar el techo del mundo, imaginado durante el bachillerato con las lecturas del Tercer ojo escritas por el monje Lobsang Rampa, quien decía que “La fuerza más grande es la imaginación”.

Como peregrino di 108 vueltas circulares a la montaña del templo de El Potala, entoné los mantras y empujé los rodillos de oración. Quería llegar hasta  Shangri-La, pero un  día, sentado desprevenidamente a la orilla de un río, cuyas aguas nutren el Ganges, escuché la palabra susurrante del agua y la voz fuerte de las piedras, que eran las mismas del río de mi infancia. Entonces, el río se convirtió en una serpiente que se muerde la cola y supe que no podía ir más alto ni más lejos, que debía regresar a la piedra grande de mi origen. Tomé mis pinceles, los sellos de piedra, mis dragones de papel  y regresé a Colombia.

En Pereira

Lo primero que hice fue cruzar el Parque los Nevados, desde Ibagué a  la Laguna del Otún, entre frailejones y osos,  y quedé aterrado de la contaminación de las aguas cuando el río pasaba por la ciudad. Afortunadamente todavía la Laguna  servía aguas limpias y frescas hasta La Florida.

Mostré mi bitácora y los grabados hechos en China en La Galería El Taller, de Chucho Calle y Javier García. Entonces, la cantante “Colibrí Salazar”, me regaló unas fotos de petroglifos del amazonas que me asombraron por su parecido con los ideogramas chinos. Me fui a la selva a buscar sobre las piedras  el arte rupestre y en las malocas el conocimiento chamánico. Navegué el Guaviare y el Inírida, pero fue en el Vaupés donde la suerte me hizo encontrar una anaconda grabada en piedra, en el sitio simbólico de La cachivera del Yuruparí. También en ese río encontré un hacha de piedra, misma que en el mito  representa la lengua de la serpiente, la palabra.

De ese toque de la serpiente surge mi libro de dibujos Los cantos del chamán, mitos y ritos de la tribu Desana, que después de exponerlo en Alemania lo llevo a Mitú y lo entrego a los indígenas, recibiendo del chamán su rezo, el punto de carayuru en la frente, la sangre de la serpiente, y el incendiario soplo de yopo por la nariz. Entonces tomé tinta china y pincel, y recordando cómo se cazan los dragones, dibujé sobre papel de seda una larga serpiente, que insuflada de mi aliento vital, cobró vida cuando la arrojé a las aguas del Vaupés y navegó lentamente hasta regresar al cielo. La idea era sanar sus aguas del mercurio usado en la minería. También de la sangre de la guerra.

 

Propósito sanador

Empieza allí el propósito sanador de El camino de la Anaconda, cuyos dibujos se han arrojado en el Vaupés, Otún, Consotá, Barbas, Risaralda, La vieja, Quindío, La Cristalina, Blanco, San Eugenio, Saldaña, La Luisa, Magdalena, Cauca, Guatapurí, Cravo Sur, Charte, Guaviare, Bocas del Ariari, el Sena en París, el  Río de la Plata en Argentina, río Verde en Brasil, río Turbio en Chile, entre otros.

En México hay un artista que trabaja con nanotecnología: coloca en el río una máquina que toma y trasmite a los satélites información ecológica de las aguas; el aparato también arroja sonidos que reordenan las moléculas de agua armonizándolas. El medico japonés Masuro Emoto, trabajaba de forma similar, colocando palabras y sonidos en las aguas turbias para reordenarlas molecularmente y limpiarlas. El oriente se arroja oraciones y origamis al agua para sanarla y bendecirla.

 

Recuperar el mito

Mis dibujos de anaconda coinciden la técnica molecular  de Emoto, pero también  intentan recuperar el mito de origen de los hombres amazónicos que cuenta cómo la humanidad descendió del cielo en el estómago de una anaconda, que también era canoa, navegaron río arriba y en medio de la selva se desperdigaron para levantar maloca y hacer gente serpiente.

Mi performance culebrero de la anaconda ancestral produce un dibujo que es una especie de Arca de la vida, pues tiene seis estómagos donde trae la palabra-hacha, la energía cósmica, los dioses, los espíritus y los hombres, los animales, todas las semillas, los signos y las imágenes.  Cuando mi talismán gráfico  entra al agua cobra vida, una energía resonante que purifica las aguas. Yo también entro el agua para invocar, purificar y ser purificado. En la mitología inca la anaconda se llama Amaru, y representa la unión del agua con la tierra y con el mundo de abajo. Es en agosto cuando se celebra la fiesta de la serpiente Amaru, cuya energía cósmica se anuncia con el rayo y se manifiesta con el agua que fertiliza y da vida a la tierra.

 

Recuperar conocimiento

La idea con mis dibujos de anacondas sanadoras es recuperar el conocimiento simbólico, el valor poético y el poder del mito, para señalar la urgencia de defender las aguas como recurso vital de la humanidad. Mi aporte se une a la tarea de resistencia de cientos de artistas del mundo, que nos expresamos estéticamente contra el cambio climático, la contaminación del aire y del agua,  contra la voracidad de la minería,  la deforestación de la selva y el robo real e intelectual de la  biodiversidad.

Después de 31 años, expongo nuevamente en  la Galería de Javier García y el Taller de Jesús Calle. Allí, y en la biblioteca del Colombo, estarán expuestos hasta el 1 de septiembre los dibujos de serpientes hechos en la  bitácora durante el trayecto por  el  camino culebrero. Están hechos en tierra y en aviones, con lápiz, tinta y sangre, como palimpsestos sobre viejos dibujos, y con el corazón  sobre electrocardiogramas.

* Profesor Titular. Universidad Nacional de Colombia. Julio 31 de 2019

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1 COMENTARIO

  1. Mi crónica esta destinada a contar los asombros del camino, y su tejido con los haceres significantes del arte. Los dibujos de serpientes, anacondas sanadoras, fueron hechos como bitácora de viaje en los aviones, cuando iba a los ríos de la selva amazónica, a las pirámides en Teotihuacan, a Madrid y París. Dibujos con tinta, lápiz, sangre y grabados, estarán expuestos en la Galería de Javier Garcia- Calle 12 No. 12b 70, Telf: 316 3669394. hasta el 2 de septiembre. Si quiere comentarme o preguntar algún detalle o significado de los dibujos y palimpestos, escríbame a diosco@gmail.com. Vea otras obras en Instagram: dioscorides.de.pereira

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