H?ctor Tabares V?squez
Columnista
Es un excelente esquema a descifrar. No desde el punto de vista tur?stico, de la far?ndula y el espect?culo, de las actividades en posibilidad de acudir en materia de la diversi?n, el descanso, la cultura, el ocio y aquello redundante y en beneficio del individuo en general. Porque vi?ndolo bien, en este aspecto digamos no es de envidiar a otras ciudades o centros, caracteriz?ndonos en el lujo de poseer una gama apreciable de locales comerciales, de sitios de esparcimiento, de buscar y hallar los mejores platos nacionales e internacionales Existen parques, avenidas, museos, casas de encuentros, monumentos, iglesias, espacios todos dignos de admirarse y valorar. Pero el tema no pasa por ah?. El asunto es mayormente complejo y trascendental, en el sentido de carecer de unas infraestructuras respecto de la cuales nos encontramos con una amplia y considerable problem?tica social.
No es honesto esconder la profundidad de la brecha cada d?a más ancha, entre unos sectores y otros. Somos esclavos de unas estad?sticas que nos gritan a todo pulm?n y frecuentemente, hay desempleo, informalidad en las labores y oficios, prolifera la inseguridad, aumenta el deterioro del tejido familiar, dispar?ndose la inmoralidad, al un?sono de la miseria y el desorden. No resulta sano, tampoco, describir un apocal?ptico estado de cosas, siendo imperativo aceptar el esfuerzo de las autoridades en el retoque de algunas coyunturas y circunstancias de similar contenido y contexto a los males anotados. El meollo de la cuesti?n radica en no dar tregua en los rectos y positivos deseos de contribuir a proporcionarle una forma integral a los incordios de un colectivo en auge y crecimiento.
Es necesario acotar y diferenciar un elemento de enorme inter?s y de indeclinable decisi?n.?? El palo no est? para cucharas??, al decir del gracejo coloquial, en trat?ndose de la importancia alrededor de los vacios y los conflictos al interior de la comunidad. No es un ser y estar siempre del lado del Estado y de los entes encargados de manejar determinados frentes. Es un compromiso también de los miembros de una poblaci?n urgidos de concientizarse en lo pertinente. La responsabilidad debe compartirse y se?alarse cabalmente el campo en el cual tienen cabida unos y otro. A las gentes les incumbe la obligaci?n de realizar actos y de generar comportamientos a la altura de la reciprocidad y correlativa prestaci?n de un servicio definido.
Las administraciones no pueden recibir, a cambio de oportunas y esenciales aportaciones, el rechazo de ellas, o la mal?vola tendencia a la destrucci?n o el menoscabo. En nosotros, en la condici?n de habitantes, moradores habituales de un lugar, usuarios afortunados de las asistencias y de las facilidades encaminadas a buen vivir, subsiste una deuda y es de nuestra competencia velar, no solo en su conservaci?n, sino igualmente de devolver dobladas las bondades obtenidas. Se impone el civismo, la tolerancia, la comprensi?n y el m?rito de revertir lo percibido.
