Uriel Escobar Barrios
Columnista
Colombia es el segundo pa?s Hace unos d?as estaba compartiendo con un grupo de amigos en una de las playas más apetecidas del caribe colombiano. Cerca a nosotros estaba una familia que también disfrutaba las delicias de esa tarde soleada que era acariciada por la brisa proveniente del mar. Me llam? la atenci?n un ni?o de aproximadamente ocho años, que muy feliz jugueteaba con otro un poco mayor, porque vi que en la parte izquierda de su pecho, justo encima de donde se ubica el coraz?n, ten?a un tatuaje de color negro. ?Por qu? me sorprendi? este hecho? Sencillamente porque no es habitual a nivel social, ni recomendable desde el punto de vista m?dico, que se realicen este tipo de intervenciones a edades tan tempranas.
Tuve la oportunidad de acercarme un poco al ni?o y pude mirar con detalle la imagen: ?qued? realmente conmovido! De manera discreta le ped? a un amigo, que estaba más cerca del infante, que me corroborara lo que mis ojos ve?an pero que mi raz?n se negaba a aceptar. Me lo confirm?: ?era la imagen de Pablo Escobar tatuada! En ese momento consider? que la incredulidad de mi entendimiento era perfectamente v?lida; todos los presentes secundaron mi pensamiento. El paso siguiente fue mirar a los padres que estaban ubicados en una carpa cercana: eran personas j?venes, que con másica norte?a de fondo, disfrutaban al calor de unos aguardientes su periodo vacacional de principios de año. Confieso que horrorizado cuestion? por qu? unos padres profanaban el sagrado cuerpo de un ni?o con la figura de uno de los más pavorosos criminales que ha tenido la historia del pa?s.
La pregunta se puede derivar en las siguientes: ?por qu? en horario familiar se emiten series donde se les rinde culto a este tipo de expresiones de violencia?; ?por qu? estos programas son los que tienen un mayor rating? Como terapeuta tengo la oportunidad de escuchar a ni?os y adolescentes que toman a quienes encarnan a estos personajes como figuras de identificaci?n, a individuos a quienes desean parecerse e imitar en el futuro.
La intolerancia que vivimos en el pa?s y el odio entre quienes profesan concepciones distintas con respecto al mundo no se acabar?n, sino que se incrementar?n si seguimos alimentando el alma inocente de nuestros ni?os y adolescentes con este tipo de mensajes distorsionados. Solo la educaci?n centrada en el ser humano como valor m?ximo de una sociedad nos podrá redimir de este apocalipsis que ya estamos viviendo.

