Juan Guillermo ?ngel Mej?a
Columnista
?Con la vida pegada de un inciso.?
Si un terrorista bombardea una iglesia repleta de aterrorizadas madres y ni?os, nuestras cortes han dicho que no es responsable quien fabric?, dispar? y asesin?, sino que quien debe responder es un funcionario para castigar y el estado para pagar; si cae un derrumbe o un meteorito sobre una obra en construcción busquen urgentemente el empleado que no pens? que tal insuceso pudo haber ocurrido; los gobernates desfilan lustros despu?s a responder a las ?as y a la prensa? por qu? les fallí la futurolog?a, la culpa es de quien construy? la obra, o de quien nomin? al? celador mientras el? asesino queda? premiado. Con ese argumento las cortes en los Estados Unidos deber?an haber condenado al presidente por el bombardeo a las Torres Gemelas o el Alem?n al suyo por la masacre a los deportistas jud?os en las olimpiadas.
En Colombia se ha convertido en qu? hacer someter al juicio del espejo retrovisor a los servidores p?blicos, tengan o no culpa; ya el dolo, la manifiesta inteni?n de delinquir no cuenta, solo importa que algo ocurri? y el empleado p?blico estaba de alguna manera cercano a los acontecimientos as? ellos sean responsabilidad y consecuencia de lo fr?amente calculado y ejecutado por quien ha logrado encontrar una rendija por donde colar el delito, el dolor o la muerte, o por que simplemente alguien olvid? poner una nota en un expediente o por que no llegaron las cartas embolatadas o por la mano incompresible del destino o por la fuerza incontenible de la naturaleza.? Vale la pena revisar los acontecimientos que generan esc?ndalos que afectan hoy como ayer lo hiceron, a hombres de la talla de Gonzalo Vallejo o de Octavio Mej?a para solo citar dos casos emblem?ticos de lo que se repite con el alcalde Gallo. Hoy un abogado nos ofrece la cabeza del mejor de los alcaldes de los ?ltimos tiempos en Pereira con la orden que le da una sala del Consejo de Estado, a otra sala de la misma corporaci?n, de volver a juzgar lo ya juzgado por otras dos de salas de la misma corte, anunciando el triunfo de esta curiosa sentencia, con el argumento de que se le ha desconocido un derecho al demandante, as? se vulneren los derechos del demandado, favoreciendo de esta manera a quienes hoy tratan de quitar de en medio a quien estorba por lo bien que lo est? haciendo.
Enteder? nuestro lector sin fatiga un caso sencillo como el que nos ocupa: un director de tr?nsito borr? de un plumazo varias multas, la contralor?a municipal informa al se?or Gallo que estaba siendo investigado por este caso, Gallo se presenta y demuestra que cuando tales eventos ocurrieron ?l NO era el funcionario a cargo de la entidad, argumento suficiente para desencartarlo, tal como se le inform? oportunamente; tiempo despu?s, en su desempe?o como concejal, participa en la eleci?n del nuevo contralor, conocedor de que no ten?a cuenta pendiente con la contralor?a; resulta entonces que como la entidad, a cargo del nuevo funcionario, certific? que el se?or Gallo nada tuvo que ver con los acontecimientos referidos corrigiendo la omisi?n de la secretaria de entonces, quien no incorpor? al expediente la realidad de lo acontecido, lo aqu? narrado sirve entonces para que un abogado a quien poco le interesa el dolo, la manifiesta intenci?n de delinquir como elemento fundamental, ahora insiste, esta vez argumentando que sus derechos? prevalecen sobre los de su v?ctima. Quien dijo que en? Colombia estamos gobernados por lanudos quienes tienen su alma prendida de un inciso, y de ello y ellos no nos escapamos en Pereira.
