Poemas de Jaime Alfonso Aristizábal Plata

I.

“Este amor ya sin mí

te amará por siempre”. Ángel Gonzáles

Aunque mi cuerpo arda desmesurado

sobre la bahía del puerto

te amaré

Porque eres el agua que se derramó en la tierra

donde habitaba

hecho fuego

y surgimos etéreos

en el vuelo crepuscular

Fue entre cuerpos celestes

el momento de nuestro encuentro

fuimos uno solo en una mirada

Siempre nacemos

en un respiro

y un pensamiento

que toca el borde de nuestro pecho

y las curvas de nuestras palmas

DESCENSO

De la baldosa húmeda de la casa

brotan raíces.

Su frío verde se adentra bajo mis pies

y de mis poros sale empapado el centeno.

Yo también

ahogado en el ruido

voy y vuelvo

y veo mujeres pasar

con sus dulces caras de dolor.

Los hombres beben cerveza en la plaza

y su charla acalorada se la lleva el viento.

Los niños juegan entre harapos y brisas

Y la niebla impregna sus rostros.

Ausente,

bajo la luz débil que acompaña

el llanto de los búhos

que rasgan la noche

con su interminable pasar

se desplaza sin prisa

sobre mi lecho

  

y la muerte se

prolonga…

CONSTANTE DERROTA

Una constante derrota pasa por los ojos.

Al mirar el cielo sentimos vértigo,

y al palpar la tierra, desolación.

Se toma un receso en el desierto profundo

y se encuentra en él,

los últimos días donde lamento la brisa

y escucho el balar de las ovejas

que esperan su destino fugaz.

La luna en este agosto alumbra detrás de las nubes,

entre centelleos de estrellas,

su brillo permanente ante mis ojos

-y en las pupilas estelares

siento la muerte-

como una caricia

que no teme al tiempo.

ESPEJOS EN LA CIUDAD

Amada,

sin importar las puertas y los espejos empozados

seguimos nuestro canto

¿escuchas el galope, el chasqueo de los cascos entre el pavimento y el sudor?

La ciudad está rota, compañera mía,

y el cielo la refleja.

No dudes en expulsar de mí

toda la materia triste que corre por mis venas,

y sé que puedes,

trágame, destrúyeme con tu espíritu de mujer sin riendas

en este paisaje de hojas marchitas.

¿Dónde te encuentras? Me pregunto,

mientras en las callejas errante

pronuncio tu nombre

que pasea como un cardenal encendido 

sobre mi boca

y me piensas con la mirada al alba

con un sentimiento que se posa sobre mi pecho.

Quiero verte, palparte y volverme al retorno en ti.

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