I.
“Este amor ya sin mí
te amará por siempre”. Ángel Gonzáles
Aunque mi cuerpo arda desmesurado
sobre la bahía del puerto
te amaré
Porque eres el agua que se derramó en la tierra
donde habitaba
hecho fuego
y surgimos etéreos
en el vuelo crepuscular
Fue entre cuerpos celestes
el momento de nuestro encuentro
fuimos uno solo en una mirada
Siempre nacemos
en un respiro
y un pensamiento
que toca el borde de nuestro pecho
y las curvas de nuestras palmas
DESCENSO
De la baldosa húmeda de la casa
brotan raíces.
Su frío verde se adentra bajo mis pies
y de mis poros sale empapado el centeno.
Yo también
ahogado en el ruido
voy y vuelvo
y veo mujeres pasar
con sus dulces caras de dolor.
Los hombres beben cerveza en la plaza
y su charla acalorada se la lleva el viento.
Los niños juegan entre harapos y brisas
Y la niebla impregna sus rostros.
Ausente,
bajo la luz débil que acompaña
el llanto de los búhos
que rasgan la noche
con su interminable pasar
se desplaza sin prisa
sobre mi lecho
y la muerte se
prolonga…
CONSTANTE DERROTA
Una constante derrota pasa por los ojos.
Al mirar el cielo sentimos vértigo,
y al palpar la tierra, desolación.
Se toma un receso en el desierto profundo
y se encuentra en él,
los últimos días donde lamento la brisa
y escucho el balar de las ovejas
que esperan su destino fugaz.
La luna en este agosto alumbra detrás de las nubes,
entre centelleos de estrellas,
su brillo permanente ante mis ojos
-y en las pupilas estelares
siento la muerte-
como una caricia
que no teme al tiempo.
ESPEJOS EN LA CIUDAD
Amada,
sin importar las puertas y los espejos empozados
seguimos nuestro canto
¿escuchas el galope, el chasqueo de los cascos entre el pavimento y el sudor?
La ciudad está rota, compañera mía,
y el cielo la refleja.
No dudes en expulsar de mí
toda la materia triste que corre por mis venas,
y sé que puedes,
trágame, destrúyeme con tu espíritu de mujer sin riendas
en este paisaje de hojas marchitas.
¿Dónde te encuentras? Me pregunto,
mientras en las callejas errante
pronuncio tu nombre
que pasea como un cardenal encendido
sobre mi boca
y me piensas con la mirada al alba
con un sentimiento que se posa sobre mi pecho.
Quiero verte, palparte y volverme al retorno en ti.



