La excavación

Paralizado por el terror, Jurly Nemesio rezaba sin darle tregua a la lengua que desgranaba oraciones sin sentido, sintiendo que ya la última hora había llegado y que pronto su alma se debatiría entre los tormentos del infierno.

José Fernando Ruiz

La noche había caído sobre el lote donde las máquinas empezaban a mover las tierras en el sitio en el que se construiría una hermosa urbanización que se llamaría Palmah y que según lo planificado no tendría postes con las líneas de energía que siempre se veían en otras construcciones. La gente estaba contenta porque sería muy bonito poder disfrutar del paisaje sin las feas marañas de cables sobre las casas. Allá trabajaba Jurly Nemesio Hueso Vengoechea, que había sido contratado con muchos otros para palear la tierra removida y dejar espacio a las bases de concreto.
Jurly Nemesio era un muy buen trabador, pero le gustaba echarse sus cervecitas entre pecho y espalda y por eso al final de la jornada se iba al puesto de doña Rosilda a tomarse sus frías como él mismo le decía a la cerveza. Por ese tiempo estos campos estaban despoblados. Lo único era la carretera por donde iba y venían los camiones de la construcción y algunos buses que recogían a los trabajadores. Yurly Nemesio siempre tomaba el último transporte y a veces se quedaba tan prendido que se iba a dormir entre los materiales utilizados en la jornada laboral. Siempre procuraba que los capataces y los jefes no se dieran cuenta de que se quedaba escondido entre los ladrillos. Burlaba la vigilancia y así amanecía para empezar otra vez a trabajar con un desayuno comprado en el puesto de doña Rosilda. Pocas veces alguien se daba cuenta que Yurly Nemesio tenía la misma ropa del día anterior, pero decían que era por ser tan pobre.
Había llegado el viernes tan esperado para la rumbita entre los trabajadores. Se reunían en el puesto de la buena señora a tomar cerveza hasta tarde y contar chistes y a hablar de las novias y esposas. Ese viernes en particular los amigos se fueron temprano porque al parecer jugaba Colombia contra Argentina y nadie quería perderse semejante partido. Así que una vez más Jurly Nemesio se quedó solo para ingeniarse la manera de dormir entre la construcción de lo que iba a ser la urbanización Palmah. Dio algunas vueltas y se decidió por echarse en uno de los barrancos recién abiertos por las máquinas y que estaba un poco alejado del recorrido de la vigilancia. Sacó un plástico y armó con ellos una especie de cama para poder dormir la maluquera que había agarrado a punta de cervezas. Se cobijó con periódicos que abundaban por esos lados y así se durmió rápidamente seguro que tendría un sueño largo, profundo y reparador. No usaba reloj, pero calculó que serían las tres de la madrugada cuando un largo lamento se dejó oír en medio del silencio.
Hasta los grillos dejaron de cantar. Despejado por las horas de sueño, la borrachera se había ido ya y estaba en uso de sus cinco sentidos…. se oía lo que parecía ser una mujer lamentarse. Jurly Nemesio que había crecido escuchando cuentos de miedo allá en la finca donde se había criado pensó de inmediato en la llorona… era un lamento largo, lastimero y triste que encontraba ecos en medio de los rincones abiertos en la tierra. Se incorporó de la improvisada cama y miraba para todos lados esperando ver a la llorona vestida con su traje negro de viuda y sus cabellos largos ondeando en la brisa con su cara blanca con ojeras muy oscuras y ojos rojos de tanto llorar…. Pero el famoso espectro no aparecía, aunque seguía oyéndose ese lastimero quejido que aumentaba de volumen escuchándolo cada vez más cerca….
—Esto me pasa por borracho…Debía estar en mi casa bien bueno cobijado y durmiendo tranquilito…
La oía casi detrás de él. Se volvió con el alma encogida en el puño, esperando ver a la llorona, pero no había nadie ni parecido.
Una larga sombra llena de lo que parecían largos pelos se proyectaba contra el barranco que tenía al frente.
La sombra se iba perfilando mientras el lamento cambiaba de tonos y se hacía estridente como el grito de una mujer enloquecida por el terror…
El barranco donde se había refugiado Yurly Nemesio era propicio para que el eco rebotara de pared en pared.
Definitivamente el demonio se lo iba a llevar, pues oía su gruñido acercarse, feliz de llevarse un alma tan pecadora como la del pobre Yurly Nemesio Hueso Vengoechea.
—Jesús, María, José y la Virgen Santísima…. Ave María Purísima sin pecado concebida…. Ay Divino Rostro…. Niño Jesús de Praga… O Gloria inmarcesible Oh júbilo Inmortal… protégeme de este animal del monte que me va a comer… Ay San Antonio dame un novio… no no no mentiras… Ay San Antonio, protégeme. Ahí viene… lo veo… lo veo…. Está abriendo la boca… Me va a tragar…. Jesús…. Perdóneme papito por andar de borracho sinvergüenza…. Ay Cristo de las Canillas… protégeme… Cristo del lavadero arrúllame… Jesús del paradero…. Duérmeme… yo no quiero llegar a ti todavía….
El pobre hombre no sabía lo que decía en medio de su terror y arrepentimiento. La sombra había crecido de tal manera que cubría prácticamente todo el barranco. Un lamento aún más doloroso se alzó en la noche.
Cerca de la excavación donde el pobre Yurly Nemesio confesaba todas sus borracheras, se hallaban los vigilantes de la construcción. Don Matías tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó con la bota. Se metió en la ruana pues la noche estaba demasiado fría y con linterna en mano caminó entre las columnas, vigas y primeros muros de ladrillo hasta encontrar el sonido que hacía rato le había puesto la carne de gallina.
—Ehh hombre otra vez…—Se dijo a sí mismo el hombre mientras avanzaba por entre los primeros trazos de las manzanas que pronto se levantarían en la urbanización.
—Parece que se oye más lejos que la última vez…
Don Matías empezó a Silbar, llamando a “Maizena”, la perra de uno de los capataces que solía escaparse de los cuidados de sus dueños para rondar por entre la construcción y que ya hacía días estaba perdida… “¿Maizena…?” Fuiii…. Fuiii…. Fuiii….
Abajo… casi paralizado por el terror, Jurly Nemesio rezaba sin darle tregua a la lengua que desgranaba oraciones sin sentido, sintiendo que ya la última hora había llegado y que pronto su alma se debatiría entre los tormentos del infierno.
—Ahí está…. Me llegó la hora…. Señor en tus manos encomiendo este trago de aguardiente… digo, mi alma… Tiene los ojos rojos y es peludo como el mismo diablo…. Adiós mundo… adiós roncito de mi vida… Y ojalá que gane Colombia…”
El alarido de Yurly Nemesio fue tan brutal que algunos vigilantes de la obra se refugiaron en sus ranchos santiguándose y rezando por el alma en pena que rondaba la futura construcción… Don Matías se detuvo con frío en el estómago y pensó en salir corriendo, pero estaba seguro que Maizena había atrapado a un ladrón.
Maizena, se había abalanzado sobre el pobre Yurly Nemesio que se había desmayado pensando que la muerte había ido por él. Por fortuna estaba cerca don Matías que sorprendido vio el cuadro y pensó que tal vez era un ladrón que la perra había encontrado y había dominado de alguna manera. Cuando bajó hasta la excavación… don Matías no pudo más que echarse a reír… el supuesto ladrón era Yurly Nemesio que se había emborrachado hasta el alma y que se había quedado dormido en medio del barranco.
—Eyyy Maizena… venga… venga niña…
La buena perra que acostumbraba a quedarse a vagar entre la construcción, obedeció batiendo la cola…ella creía que había encontrado una buena presa, pero olía tan mal que ya la había soltado y le mostraba a Don Matías el motivo de su inquietud: En un rincón cercano “Maizena” protegía a sus cinco cachorritos recién nacidos…y así fue como se salvó Nemesio de la muerte, aunque debo decirles que siguió tomándose sus tragos hasta el fin de sus días.

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