Dioscórides Pérez
Con la luna nueva del 25 de enero, empezó en todo oriente el año nuevo chino de la rata de metal. Durante un mes, la mayor cantidad de personas en la tierra celebran la gran fiesta de la primavera, y millones se desplazan simultáneamente a visitar a sus familias y rendir homenaje a sus ancestros.
Mis estudiantes y amigos preguntan qué cosas buenas nos traerá este año de la rata y porque se llama de metal. En lugar de inventar una respuesta estilo horóscopo de revista, los remito al oráculo de Wikipedia: “La Rata es asociada con la inteligencia, la astucia, la agresión, la riqueza, el carisma y el orden…”. Y les contaré el origen del calendario chino, su relación con los cinco elementos, y como fue mi encuentro con la rata.
El calendario chino se configuró en la época del Emperador Amarillo, hace más de tres mil años. Sucedió que un día Buda Shakyamuni convocó a todos los animales a su presencia. El primero en atender el llamado fue el búfalo, quien en el camino se encontró con la rata; esta, al saber la noticia, trepó a su cabeza. Cuando llegaron a la cueva donde Buda meditaba, la rata saltó a los pies del santo y tomó el primer lugar. Con los doce animales que llegaron se armó el calendario, siendo el último el cerdo. Cada signo consta de 60 años, distribuidos en cinco ciclos de doce años cada uno. Cada animal está asociado con los cinco elementos: tierra, agua, madera, fuego y metal. Volveremos al año de la rata de metal en 2080.
Hace 36 años, durante el año 1984 de la Rata de madera, aterricé en Pekín. Iba acompañado de dos deportistas y un médico acupunturista (1), todos becados por el gobierno chino para hacer estudios de postgrado, gracias a que China hacía 4 años tenía relaciones diplomáticas con nuestro país, después que abrió las puertas de La Gran Muralla a occidente. Llegamos a la China de Deng Xiao Ping. Mao llevaba seis años embalsamado en una esquina de La plaza de Tiananmén.
Para entonces Beijín, como se empezaba a llamar la capital china, era una especie de finca grande, un terreno cuadriculado, sembrado de hortalizas y casas rurales, los tradicionales y hermosos hutones, algunos pequeños edificios de triste arquitectura socialista, heredada de los rusos, tres edificios medio altos, de vidrio y acero, que estaban destinados a hoteles, y unas casas antiguas de arquitectura inglesa destinadas al cuerpo diplomático extranjero. En una de ellas, vivía nuestro embajador (2), su secretaria y un cónsul. Sumado el cuerpo diplomático y los estudiantes éramos apenas una docena de colombianos en China.
Por las anchas calles y avenidas de Beijín, completamente arborizadas para ganarle terreno al desierto del Gobi, circulaban mil millones de bicicletas, miles de autobuses y una docena de carros negros del gobierno. La ciudad era un hormiguero de gente y ciclas, pero en la noche tenía poca luz; sólo en los teatros de ópera y de conciertos, había movimiento, pero únicamente hasta la hora del perro, momento que la medicina tradicional señala que el cuerpo debe descansar. Los pocos postes iluminados los aprovechaban los estudiantes para sentarse en la calle a estudiar. Yo vivía en el corazón de la ciudad, en las residencias de la Academia de Bellas Artes de Beijing- donde ya estaban estudiando dos artistas colombianos (3), pioneros en llegar a China un año antes a media cuadra de la calle comercial de Wangfujing, y al lado del hospital de la capital, un hermoso edifico de arquitectura china, donde había exhalado Puyi, el último Emperador de China.
Si hoy la rata de metal es símbolo de prosperidad y se la representa agarrando un lingote de oro, recuerdo bien que para el año 1984, circulaban monedas, postales, papel recortado, caligrafías, artesanías, talismanes y millones de objetos con la imagen de la rata de madera. El gobierno aprovechó esa imagen para hacer una campaña de gato contra este animalito, que se comía gran parte de las cosechas del pueblo y trasmitía enfermedades. Para ello, cada campesino, obrero, estudiante y funcionario, recibía una ración de veneno y debía colocarlo en su rincón. Cada miércoles, durante el Kai-hui, reunión semanal obligatoria de todos los chinos, se debía rendir un informe del número de ratas muertas.
Según la medicina tradicional china los cinco elementos de la naturaleza están asociados con los cinco órganos: la madera con el hígado, el páncreas y bazo con la tierra, el agua con los riñones, el fuego con el corazón, y el pulmón con el metal, que para los chinos es el oro. En el Tíbet se cuenta que cuando dormimos, un cordón de plata se estira desde nuestro ombligo y nos permite regresar al cuerpo desde la dimensión de los sueños. El taoísmo señala que en el vientre materno estamos conectados con el llamado “cielo anterior”; cuando nacemos, el primer aliento nos conecta con la respiración del “cielo posterior”, ritmo y energía Chi que debemos cuidar para no enfermar. Para los chinos, la respiración es como un hilo de oro, fino, brillante y maleable, que durante la vida nos mantiene conectados a esta dimensión; conexión que se rompe con el último aliento, la muerte, cuando regresamos al vacío del origen.
Finalmente quiero mencionar que el zodiaco chino también está relacionado con las 24 horas del día, divididas entre los 12 animales. Así, la hora de la Rata o Shu, es entre las 23:00-01:00. El final y el comienzo del día, pertenecen pues a la rata, periodo de la medianoche en que deben estar funcionando en automático el “cordón de oro” de la respiración y el “cordón de plata” de los sueños.
*Universidad Nacional de Colombia. Escuela de Artes Plásticas. Enero 30 de 2020. Círculo del Taichí.
1. Fernando González Uribe, médico acupunturista; Clareth Jaramillo y Aldemar Mararay, deportistas.
2. Embajador: Luis Villar Borda.
3. Carlos Estupiñan, Edgar Francisko Jiménez, artistas UN.
4 Luis Eduardo Garzon y Paulina Michaels, artistas becados en HangZhow.


