Más allá del pie de foto, esta escena recopila una gran parte de la vida de César Arias; en el fondo se encuentran las canecas con las que inicio su taller, al comienzo solo tenía una silla roja donde esperaba sentado con su sombrero que algún cliente llegara.
Quien conoce a Teresa, sabe el amor que tiene por éstas, sus plantas. Dice que le recuerdan cuando recién casada, su esposo le regaló una planta millonaria que traía de una finca, y ella entre sonrisas lo beso muy alegre, por ello cada planta tiene un significado para ambos.
La cocina es el santuario de Teresa, a las 5 de la tarde ella le da de tomar café a Cesar en este pocillo, que pareciera que tuviera impreso entre las flores su nombre, este hace parte de la primera vajilla que compraron juntos y les recuerda por lo que han pasado.
En la pieza de planchar, Teresa conserva desde hace más de 40 años este cuadro, era de su madre, quien siempre soñó con tener un lugar así, Doña Teresa junto a su esposo intentaron hacerlo real, para honrar a su madre.
Esta esquina en la pieza de los viejos contiene tantos recuerdos como años juntos, es un resumen de su vida o así lo ven ellos; se debe percibir este lugar como un conjunto, como si el conglomerado de las cosas permitiera verlos a ellos con su alma en los objetos, con todo lo que han construido.
Para los viejos su lavadero es una reliquia familiar, allí bañaron a todos sus nietos, como si fuese un requisito para pertenecer a los Arias, es por ello por lo que se le hacen pocos cambios y solo porque sean necesarios, pues, aquel lugar esconde entre el concreto, los recuerdos de las generaciones.
Colección de CD’s, licores, y carros de época.
Altar de la Virgen de los milagros en el patio de la casa, para ellos representa la fe y la esperanza, ya que esta les hizo el milagro de darles una hija a los viejos.
Botas de César, en el fondo los pies de Teresa.
Casete de música, en el reflejo del casete, Doña Teresa. En el hogar de los viejos, siempre ha estado presente la música, tienen grabadoras en cada cuarto y un sinfín de discos regados por toda su casa, aunque a César no le gustara mucho, Teresa siempre insistió en que la música era vida, y hasta el día de hoy, se puede escuchar desde la calle el Caballero Gaucho a todo volumen. A Teresa y a César les gusta la música de cantina, tomarse unos buenos tragos, quedarse en vela escuchando aquellos sonidos con los que juntos crecieron, y cantarles a las plantas de la casa, el casete en el que se ve reflejada Teresa, es su favorito, cada día desde junio de 1958 lo reproduce a las 7 de la mañana, allí están grabadas las canciones que pusieron el día que se casó con Cesar.
Entre el ‘reblujo’ de este cajón se reflejan las consecuencias de los años; las pastas para la diabetes de Teresa y para la gastritis de César, las curas, el menticol para los dolores, entre otros objetos que les permiten contemplan lo que les falta y lo que juntos comparten.
Fotografía de César y Teresa en su aniversario. A los viejos, la vida les destinó estar juntos, disfrutar de su hogar y la familia que construyeron, un día en el campo se conocieron, él con botas de pantano y ella con las chanclas de la casa, el propio destino sabía que sus vidas se debían cruzar y es así como hasta el día de hoy, después de 56 años, su casa contiene recuerdos de su historia, una historia que, sin duda, perdurará en el tiempo.



