Jairo Arango Gaviria
Columnista
Una empresa cazatalentos tiene como ocupación buscar y encontrar personas con ventajas en algún oficio o actividad; los cazatalentos se dedican a la búsqueda de ejecutivos o profesionales con especialidades muy particulares para organizaciones que las contratan.
A una de estas firmas de cazatalentos en Colombia, le fue asignada la tarea por parte de Asocaña, de buscar y seleccionar un candidato óptimo para que fuera presidente de Asocaña. Una vez agotado el proceso de selección, fue presentado ante la junta directiva, el nombre de Frank Joseph Pearl González, quienes procedieron a su nombramiento, y así lo hicieron saber al seleccionado.
La hoja de vida de Frank Pearl, tiene todos los atributos de un dirigente altamente formado académicamente y con una gran experiencia en su desempeño profesional: Economista de la Universidad de Los Andes. Con postgrados en Administración de Negocios en Richard Ivey School of Business de Canadá, y Maestría en Administración Pública de la Universidad de Harvard.
Su trayectoria profesional es bastante amplia y reconocida a nivel nacional, tanto en el sector público como privado. Presidente de Valores Bavaria, Consultor Asociado de Mckinsey & Co; Profesor Universitario, Alto Consejero Presidencial para la Reintegración y Alto Comisionado para la paz en el gobierno del presidente Uribe (2006), donde se mostró partidario del proceso de paz. Ministro del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible; asesor del gobierno del presidente Santos para adelantar los Acuerdos de Paz con las Farc.
Sin embargo, a pesar del informe positivo de la firma cazatalentos, y de la magnífica hoja de vida académica y profesional del Frank Pearl, la junta directiva de Asocaña, decidió echar para atrás el nombramiento.
Asocaña, como una entidad gremial del sector privado, está en todo su derecho de escoger su presidente, del perfil que considere más apropiado. Sin embargo, parece que toda la parafernalia seguida hasta llegar al nombramiento del futuro presidente de Asocaña, no estaba del todo surtida. Faltaba un ingrediente: El guiño de la Casa de Nariño.
Como en el listado de exigencias y requisitos no se encontraba el filtro de la Casa de Nariño, por ser Asocaña, un gremio privado, no tendría porque este nombramiento, contar con este requisito de última hora.
Todo conduce a que la Casa de Nariño, amplió su radio de acción, hasta intervenir decididamente en los asuntos internos del sector privado. Vetar un nombramiento de un alto ejecutivo gremial, es un mal precedente para la ya fracturada democracia colombiana, y una forma inapropiada de intervención en lo privado, con el único argumento de que Bogotá no lo ve con buenos ojos. Aquí el único perdedor es Asocaña, que dejó pasar un buen dirigente y un magnífico presidente.
