Andr?s Garc?a
Columnista
Corr?a el año 1999. Era diciembre. Las luces de Navidad decoraban el ambiente. El sitio p?blico de encuentro, donde cada viernes los amigos nos reun?amos a celebrar bajo cualquier pretexto, aguardaba con el playlist de nuestras canciones favoritas. En el centro de la mesa escriturada a la manada, una botella de ron nos daba la bienvenida. Las risas, los abrazos acompasados al fragor de los comentarios s?rdidos, picantes y oportunos, vaticinaban que esa seráa una de las mejores noches para el grupo.
El lugar pronto se llenaba. La amistad que ten?amos con su propietario nos confer?a licencia para llegar allí pasadas las 10 p.m. y avanzar por el lado del ce?o fruncido de clientes que impacientes aguardaban su turno en la calle, a la espera de poder ingresar al connotado establecimiento y, en compa??a de los suyos, vivir una noche de bohemia y frenes?. Por fin est?bamos la mayor?a allí. ?ramos los consentidos del bar Britannia, ubicado en pleno coraz?n de la Circunvalar. El tiempo parec?a detenerse, las conversaciones que ocurr?an en las mesas continuas, re??an con el volumen del equipo de sonido el cual sub?amos intencionalmente toda vez el administrador del sitio atend?a labores propias de su oficio.
?All? todos ?ramos reyes! All? todos dejamos nuestra impronta. All? nacieron amistades, romances, reencuentros, despedidas, celebraciones, festejos. All? todos nos sent?amos due?os del espacio y del momento, ese mismo momento que hoy forma parte del gran tomo de la hemeroteca de la vida de muchos de los locales y visitantes. Uno de ellos ?el Flaco Hoyos?, Carlos Enrique Hoyos, el pintor, el arquitecto, el artista, el gestor cultural, el cr?tico, el revolucionario, el maestro, el amigo quien con sus más de 1.90 de estatura ? de mirada clara y risa estramb?tica – irrump?a en escena llevando su sombrero puesto, para integrarse al combo de la sagrada compichenr?a que sin propon?rnoslo ciment? las bases de muchas de las amistades que por fortuna hoy se conservan.
El Flaco no muri?. Su obra, su legado y su risa sigue con nosostros. ?Gracias Flaco por tu arte! Gracias por tu camarader?a pero, en especial, gracias por regalarnos esa energ?a que irradiabas en el ambiente en aquellos lugares donde nos hac?as compa??a.
