El Cristo de madera

Una historia de amor y fe donde los protagonistas son Olmedo Ospina y su esposa Rubria Castaño, del Rincón Clásico de Pereira, un bar de música culta.

Ángel Gómez Giraldo

Parece ser que la música clásica y una melomanía genética, unieron por siempre a Rubria Castaño y a Olmedo Ospina, personas a las que los pereiranos no tienen necesidad de buscar para encontrarlos pues sabemos que están hace más de medio siglo en El Rincón Clásico, sitio inventado por ellos desde que se unieron en matrimonio para darle música culta al pueblo, en una cantina de cerveza y ron.

Y no se cansan de visitarlos aunque el salón está más cerca del río Otún que de la plaza de Bolívar, carrera 2a con calle 21.

Ella cuenta con vanidad femenina que “el nombre que llevo, Rubria, fue un querer de mi papá el cual, cuando yo vine al mundo, tenía dos amores: el de mi mamá y el de Esther Rubria Cucalón, reina de belleza de la época.

Olmedo la observa con otro gesto de vanidad que es la del varón satisfecho de tener siempre a su lado el amor de una mujer que no más lo conoció le hizo entrega del corazón en bandeja de plata con la autorización de que se lo podía comer llegado el caso. “Haga lo que quiera con él”, dizque le dijo.

Siempre unidos
Juntos, aunque no cogidos de la mano, salen casi todos los días a callejear, esto cuando la tarde de Pereira nos manda un sol fortachón. Y son dos que al verlos parecen una multitud.
No hay nadie que viva con más acompañamiento que los amantes. Quién dijo que los enamorados se sienten solos si por el contrario lo que están es bien acompañados. Por los años ya caminan lentos. Otros amores a la edad que ellos tienen ya no pueden caminar.

Lo mejor para destacar de esta pareja, fuera del amor de duromoca que no los deja morir, es que donde construyeron la vivienda separaron espacio para El Rincón Clásico, durante aquellos tiempos en que Pereira era apenas una muchacha traviesa. Ambos han hecho una labor de culturización con la música clásica.

Allí amigos que iban con el corazón roto tras de una cerveza, conocieron a Beethoven, a Mozart, a Handel y a Giuseppi Berdi, y luego que se hicieron amigos brindaron con whiski, porque para lo fino, fino. Además aprendieron algo tan sencillo: que la música de los genios es genial.

Otra tarde
Ahora, la tarde del viernes 10 de este mes de septiembre, se vistió fue con traje de chapolera y no parecía que la ciudad estuviera en tiempos de pandemia.

Cual invitado a comer fuera de casa, tomé el camino para el Lago Uribe Uribe, sin temor a los que se hacen las locas”, mucho menos a una cogida de la noche. Por lo demás, no estaba en riesgo de reconocer a nadie ni de que me reconocieran pues todos salimos a la calle con el rostro desfigurado por la mascarilla. El lago se visita ahora porque allí, en la fuente, es más fácil ahogar las penas y las alegrías.

Llegué fácil. Cuando el sol está fortachón los caminos se hacen cortos. Muchos hombres jubilados, adultos mayores acercándose otra vez a la infancia y muy pocos jóvenes dedicados a la pesca en ese río revuelto.

La sorpresa
Al acercarme a la cafetería, !oh sorpresa! Ahí en una de las mesas el amor con todo el peso de Rubria y de Olmedo. No entiendo cómo las sillas de madera donde estaban sentados no se despanzurraron. Desde una prudente distancia los saludé.

Ellos me respondieron y alzando la voz para que los escuchara me contaron lo triste que es para ellos tener el bar cerrado por culpa del covid-19. Para no esforzarse más en hablar a tan alto volumen me pidieron que pasara al templo del Claret, ahí a pocos pasos y le pidiera a Dios que acabe de una con la peste que está matando tanta gente.

Cristo de madera
Obedeciéndolos, ingresé al templo que cumple con todas las exigencias de bioseguridad. Avanzando por la nave central del templo me tope de frente con el gran cristo de madera que inspira compasión en el altar mayor.

¡Dios! no tenía tapabocas, aunque solo el sacerdote celebrante puede acercársele. Tal vez no se lo ponen porque está muerto. De todas maneras me atreví a gritarle: “Jesús Cristo, acaba con este sufrir de Colombia y del mundo. Apiádete de nosotros Señor”. Me pareció que dijo: “Esto no es nada hombre, vendrán peores “Petros”.

Quedé tan confundido que abandoné bastante turulato el templo y volvía al Lago. Este templo que embellece aún más el paisaje urbano del sector, fue iniciado en el año de 1948 con un presupuesto de $ 18.000 de la época e inaugurado en marzo de 1952. La construcción es una mezcla de estilo románico, en mayor parte, y de estilo gótico, como lo afirma el sacerdote e historiador Juan Manuel Vargas, el mismo que para mí, tiene un sermón de cardenal.

-Padre, y, ¿el reloj?
-Angel, no crea que es cualquier cosa así ya no de la hora por viejo. Como le parece que fue importado de Hamburgo Alemania en el año de 1954.
Olmedo y Rubria, personajes tan queridos por el pueblo de Pereira, también regresaron a su casa, a su Rincón Clásico, y seguro que ese amor vivirá muchos años más ya que si el tiempo los tiene achaquientos cuentan con un hijo médico, John Jairo Ospina Castaño, quien los curará.

Olmedo Ospina y su señora esposa Rubria Castaño, amor eterno.

El Cristo de madera, reliquia histórica del Claret, uno de los templos más bellos de Pereira.

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