Luis Fernando Arango Fernandez: renacimiento del arte religioso

Carlos Arturo Arbeláez Cano

Luis Fernando Arango Fernández, pintor colombiano trasegado por diferentes partes del mundo y del arte pictórico, heredero de unas virtudes artísticas ancestrales, nieto de Alberto Arango Uribe cofundador de la Escuela de Bellas Artes de Manizales, le ha dado un giro a su estilo y ha entrado, desde hace algunos años, a reformular el objeto de su trabajo y los sujetos de su inspiración.

Varias galerías en Estados Unidos han mostrado sus cuadros y hoy, en Saint Augustine, Florida, USA, podemos acercarnos a su obra visitando la iglesia ortodoxa de Saint Photios National Shrine y la Holy Trinity Greek Ortodox Church, donde cuelgan sus iconos tras el altar.

 

 

Jesus Christ

 

 

Se trata de un regreso a lo que fueron los albores del renacimiento en la Europa del siglo XIII, cuando el arte monacal se apretaba a los rijosos motivos sagrados y algunos artistas como Giotto y Cimabue (de origen florentino) entre otros, iniciaron lo que sería un movimiento multidisciplinar que marcó un hito en la historia del mundo al replantearse el protagonismo del hombre como el actor principal de la creación divina.

 

 

Profeta Elías

 

 

Arango se propone deliberada o espontáneamente, hacer renacer el arte cristiano, abordando el exigente tema de los iconos, cuyos principales exponentes proceden de la Iglesia Cristiana Ortodoxa que trascendió de Roma a Grecia y de allí a la Constantinopla del siglo XI y a las tierras rusas, sin apartarse del claroscuro y de los motivos hierática de los Santos, las Madonas y el Cristo, que, en la pureza de los gestos, pone de manifiesto toda su santidad. Desde entonces la presencia de la iglesia católica en el extremo oriente europeo (húngaros, búlgaros, checos, serbios y rusos, entre otros pueblos) cultivaron la técnica de los íconos con la que reafirmaron sus creencias religiosas y la adopción del catolicismo en sus diferentes formas y prácticas.

Luis Fernando bebió de las fuentes del arte iconográfico como aprendiz en los monasterios de Meteora, Grecia, donde se conserva la tradición de la meditación y el acercamiento a Dios a través de la pintura. Se convirtió en un iconografista, aprendiendo a preparar las tablas y los barnices mezclados con polvo de mármol, pigmentos de colores extraídos de piedras preciosas como el lapislázuli para el azul, el arsénico para el verde, el carbón para el negro y de raíces como la de la planta Rubia Tintorum para los rojos. Como un alquimista en el centro del silencio y el recogimiento interior místico, como los primeros iconografistas, sintiendo la presencia del Santo que hace parte de la liturgia en el cristianismo original.

 

 

 

Pantocrator

 

Vuelve a recordarnos ese arte de los monasterios en donde la perspectiva y los recursos de luz y sombra para definir los volúmenes apenas son el asomo de lo que sobrevendría años después con la pintura universal. La antigua técnica del arte Bizantino, en los cuadros de Luis Fernando, consiguen evocar la esencia original de ese momento del arte religioso, permitiéndonos hacer un alto en el camino para encontrarnos con Dios en una profunda reflexión teológica y espiritual.

El uso de los recursos ancestrales del temple que utilizaban los pintores de tablas de antes del siglo XIII sugiere un profundo estudio de estas técnicas por parte del artista, y los efectos de agrietamiento de las pinturas, además de imprimirle carácter y apariencia añeja al cuadro, requieren también una depuración y conocimiento de la técnica moderna del claquelado.

 

 

Mother of God

 

 

Él usa pigmentos minerales, resinas, oleos e incluye polvo de oro real para el barnizado final con lo que consigue acabados luminosos como lo hicieron los artistas de la época. Aparte de todo, este trabajo es como un retorno al arte religioso que convoca a la espiritualidad y al recogimiento en la pureza de la oración al Supremo Creador. Es una invitación al estudio y comprensión de las Sagradas Escrituras y a la reflexión sobre la validez de los metadiscursos contemporáneos de la globalización en marcha (llámese comunismo, capitalismo, economía política, neoliberalismo, posmodernidad, etc.) que la filosofía moderna quiere imponerle al mundo en el afán de ubicar al hombre viviendo en un “paraíso” de consumismo compulsivo o en una incierta felicidad entre tantos fetiches. Es el hombre, temporal, visceral, sometido a su verdadera condición de Creatura Creada quien está a merced de La Suprema Gracia, al Cristh Pantocrator y a toda la iconografía de la tradición cristiana, rogando su clemencia, pidiendo sus favores, y entregado a la oración con una Fe profunda en El Creador.

Los cuadros de Luis Fernando han sido expuestos en una veintena de galerías de la costa Este de los Estados Unidos. Desde Wooster, Ohio, hasta Key West, Florida; tanto en exposiciones individuales como colectivas.
Jacksonville, Fort Lauderdale, Saint Augustine, donde reside y tiene su taller desde hace más de dos décadas, el artista reside en el misticismo del cristianismo ortodoxo, produciendo pinturas de gran valor estético y religioso. Su contacto es email: artstudios@bellsouth.net

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