Giovanny Gómez
Columnista
Este espacio institucional de la C?mara de Comercio de Pereira hoy est? dedicado a un grande la Cultura en Pereira que emprendi? el viaje a la eternidad: Carlos Enrique Hoyos, el flaco Hoyos. Y es a modo de carta a un gran amigo que hoy nos referimos a ?l.
?Sabes cu?ndo has encontrado un amigo?? no s? responder, algo rodea nuestro alrededor y permite que un gesto, una gracia, una mirada nos abran? la vida de? otro en un momento preciso. A veces, ese otro es tan desprevenido que desde siempre ten?a abiertas las puertas de su casa, no para que allí entrara, sino para que supiera que hace mucho tiempo ya estaba aqu?. En eso podráa sentir? una certeza de la amistad, no buscar un refugio ni un punto de llegada, porque la amistad es una cosa extra?a, a cada uno le ocurre de una manera ?nica y misteriosa, pero cuando decimos de amigos, entendemos que muchos se explican por los kilómetros de palabras que podemos cruzar, por los silencios que podemos acompa?ar, por los numerosos calendarios que suceden sin vernos, hasta cuando la pel?cula contin?a en el punto que la dejamos y seguimos adelante.?
Una vez por estas calles de Pereira, encontr? un se?or grande, de voz cavernosa y risa estent?rea; de esas risas que son capaces de espantar los p?jaros de los ?rboles. S? lo recuerdo bien,? por su manera de andar,? estoy seguro que en otra existencia cargaba ya unas alas muy grandes. Al que yo conoc? le dec?an ?el flaco? y no era flaco, cargaba dentro una vida superior en tamaño de la que pod?a caber en el cuerpo, y pintaba letras como lluvia de? colores, y pintaba p?jaros? como si fuera un? autorretrato, y pint? un cafetal, una naturaleza de flores con una bicicleta,? y pintaba también a su hijo.
Uno cree que saber algo de alguien, le da una posibilidad de estar más cerca y conocerlo más. Yo no sab?a? de la vida cotidiana del Flaco Hoyos; si pagaba el recibo de la luz a tiempo, d?nde guardaba sus cuadros, c?mo le fue en la exposici?n reciente? Yo no sab?a cu?ndo ven?a de su casa en el campo a estas calles donde vivimos y, sin embargo, encontrarlo por azar era como una cita que nos hab?amos puesto hace mucho tiempo, no para hablar de nosotros, sino para preguntar por esta ciudad que ?l también se invent?,? para celebrar algunas cosas que nos gustan, para re?rnos de lo trascendentales que somos y de lo vac?os que quedamos.? D?as, noches enteras, se acumularon meses? de no verlo, y lo sent?a cerquita. Quiz?s porque hace mucho tiempo nos subimos al barco de su vida, y desde allí seguimos viendo horizontes. Por eso? conmoverse con sus pinturas era intuir que hablamos siempre de la misma cosa: saber que algo nos llena no porque nos pertenezca, si no porque ya tiene todo de nosotros.
A un amigo eterno.
*Gestor cultural C?mara de Comercio de Pereira

