Elecci?n Popular de Alcaldes

Alberto Zuluaga Trujillo

Columnista

Como dicen los comentaristas deportivos, a esta hora del partido ?c?mo va la elecci?n popular de alcaldes? El 13 de marzo de 1988, hace ya 31 años, los alcaldes de Colombia fueron elegidos por primera vez, dando cumplimiento al Acto Legislativo 01 de 1986, cuyo inicio fue acordado en el gobierno de Virgilio Barco para dos años despu?s. Como era de esperarse, esta anhelada conquista democr?tica produjo un cambio radical en el comportamiento pol?tico que signific? la apertura de un nuevo cap?tulo en la lucha? por el poder local.?

 

Con un per?odo fijo de dos años, luego tres y para ajustar los calendarios electorales con el Acto Legislativo 02 de 2002, se ampli? a cuatro años. Asumida la selecci?n del alcalde con el grado de organizaci?n de cada municipalidad, surgieron nuevos actores que erosionaron poco a poco la fortaleza que los partidos tradicionales, liberal y conservador ten?an, haciendo presencia los candidatos independientes, producto de consensos extrapartidistas o aspiraciones simplemente personales.

 

Con una mayor autonom?a administrativa y financiera,? se quebr? el esp?ritu centralista de la Constituci?n del 86, logr?ndose un mayor acercamiento de la autoridad más elemental que es la municipal, con el ciudadano del com?n. Con el llamativo y novedoso slogan de: ?Hay que ponerle pueblo a la democracia?, ?lvaro Gómez lanz? en 1980 esta iniciativa, que alcanz? a dar una vuelta completa en el Congreso, ahog?ndose en su segunda ronda, siendo posteriormente adoptada en el programa pol?tico de Belisario Betancur, gobierno bajo el cual fue aprobada.

 

Muchas seráan las razones a favor y en contra de lo que ha significado para la sociedad y para la vigencia del Estado de derecho la elecci?n popular de alcaldes. Nos toc? en suerte votarlo afirmativamente en la C?mara de Representantes en el convencimiento de que era el acto más trascendental del siglo pasado, en materia política.

 

Tal vez no advertimos, en su momento, que el pa?s no ten?a la madurez política suficiente, como a?n no la ha adquirido, para asimilar en toda su dimensi?n lo que significa elegir por voto popular a su alcalde. La inmensa corrupci?n que ha rodeado sus elecciones as? lo demuestran, siendo Risaralda, porcentualmente, por el n?mero de sus municipios, uno de los departamentos más corruptos del pa?s.

 

La captura para responder por sus actos de los alcaldes de Dosquebradas y Santa Rosa y seg?n los insistentes rumores, pr?ximamente otro, a más de las investigaciones en curso a exalcaldes de Pereira, atestiguan tan p?simo proceder en mandatarios que en su momento contaron con el mayoritario respaldo popular. ?Qu? hacer? Pensar en el nombramiento de alcaldes regresando al viejo sistema, es hoy un imposible pol?tico, dado el car?cter de conquista democr?tica que el actual sistema de elecci?n representa.

 

Se requiere, entonces, de una mayor concientizaci?n de los electores, que recibir?an como premio una ciudad más digna, producto de su honesta conducci?n. No es a trav?s del dinero de la compraventa del voto, sino de las ideas y de la seriedad de las propuestas.

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