El Gran Caldas y el poder político militar

La Editorial UTP acaba de poner en circulación una nueva obra de la Colección  Maestría en Historia – Trabajo de Investigación de la Universidad Tecnológica de Pereira que tiene una doble virtud: en primer lugar, una mirada inédita a una época de la historia del Gran Caldas (del cual hacían parte tanto Quindío como Risaralda) durante el régimen militar de Gustavo Rojas Pinilla y un tácito parangón frente a la época que vive hoy Colombia ante la propuesta del gobierno del Presidente Duque de responder con asistencia militar a las zonas donde el conflicto de violencia desatado por el Paro Nacional es más intenso.

El libro se titula “Botas militares para salvar la democracia: miradas a las acciones de pacificación en la Gobernación de Caldas 1953-1964”, autoría de John Jaime Correa Ramírez, Natalia Agudelo Castañeda, Edwin Mauricio López García, Wilton Holguín Rotavistay Anderson Andrés López Urrea, todos ellos vinculados al programa de Maestría en Historia de la UTP.

Señalan los autores que durante la época de La Violencia, en una primera etapa los Gobiernos militares  en el Gran Caldas correspondieron al coronel Gustavo Sierra Ochoa del 24 de septiembre de 1953 al 29 de septiembre de 1956, el coronel Daniel Cuervo Araoz del 29 de septiembre de 1956 al 12 de mayo 1957, y el coronel Gerardo Ayerbe Chaux del 12 de mayo de 1957 al 29 de agosto de 1958. Posteriormente fueron nombrados gobernadores el coronel José Gregorio Sánchez Ordoñez del 6 de noviembre de 1965 al 4 de marzo de 1966 y el general Armando Vanegas Maldonado del 4 de marzo de 1966 al 9 de septiembre de 1967. “A estos les correspondió hacer la transición política para la desmembración del Viejo Caldas y la creación de los nuevos departamentos de Quindío (1966) y Risaralda (1967)”, anota el libro.

La obra está dividida en cinco capítulos, cuyo contenido es el siguiente:

1o. Prensa regional y los gobiernos militares en Caldas (1953-1957): el retorno a la democracia, la censura y la violencia política

2o. La pacificación entre la nación y la región: discursos y propaganda periodística del coronel Gustavo Sierra Ochoa, gobernador militar de Caldas (1953-1956)

3o. Un acercamiento a la Acción Cívico Militar (ACM) en el departamento de Caldas (1953-1964)

4o. Bandidos y campesinos. La banda del Negro Cadena, en Belalcázar, Caldas (1958)

5o. Gobernación militar y pacificación: el caso de Chinchiná (1953-1957)

Anotan los autores que “Este libro resultado de investigación analiza desde distintas perspectivas la  actuación de las Fuerzas Militares al mando del poder político durante la Dictadura de Rojas Pinilla (1953- 1957) y sus posteriores acciones cívico-militares hasta 1964 en la búsqueda de pacificar el departamento de Caldas (Colombia). En los diferentes capítulos se aborda inicialmente el papel de la prensa caldense y las distintas etapas de la relación entre los militares y los dos partidos políticos tradicionales, como también el análisis de publicaciones impresas del primer Gobernador Militar de Caldas durante el periodo de estudio, el coronel Gustavo Sierra Ochoa. Luego, se realiza un acercamiento a la acción cívico-militar que tuvo lugar en Caldas entre 1953 y 1964, para dar paso a un análisis a profundidad de un sumario por el delito de “asociación para delinquir” en contra de trece campesinos de Belalcázar (Caldas) en 1958. Por último, el libro cierra con un capítulo en el que se analizan las acciones administrativas y cívicas del Consejo Administrativo Municipal y la Junta Patriótica Auxiliar en el municipio de Chinchiná (Caldas) durante el gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957). Tras la lectura del libro se logra armar que el desarrollo de este proceso derivó en balance pírrico de “pacificación sin paz”, lo que nos permite aseverar que la pacificación y el retorno de la democracia que lideraron las Fuerzas Armadas se dio en el marco de un complejo entramado de intereses, conflictos y prevenciones, de legitimación de posturas autoritarias como el cierre de órganos legislativos y de control político, de declaratorias de estado de sitio y restricciones a la libertad de prensa, bajo la pretensión de salvaguardar el orden público y la democracia”.

 

 

 

 

 

 

En cuanto a las conclusiones del trabajo, destacamos dos:

La primera:

“Dentro de los hallazgos que consideramos importantes para destacar, reiteramos la idea de una pacificación sin paz, la cual permite aseverar que la calma y el retorno de la democracia se dieron con un entramado de intereses, conflictos y prevenciones que legitimaban posturas autoritarias como el cierre de órganos legislativos y de control político, además de las declaratorias de estado de sitio y restricciones a la libertad de prensa bajo la pretensión de salvaguardar el orden público y la democracia. Si bien se hace referencia a ciertas medidas como amnistías, desarmes, programas de rehabilitación de zonas afectadas por La Violencia y las acciones cívico-militares con las que el gobierno de Rojas Pinilla pretendió acabar con la violencia partidista; es claro que la paz no retornó, que muchas personas tuvieron que  huir a causa del accionar de los miembros de organizaciones  armadas -legales e ilegales- y que la añorada democracia quedó endosada durante dieciséis años a nombre del Partido Liberal y del Partido Conservador -con serias exclusiones a nivel político e ideológico-, lo cual dio lugar a un fuerte sentimiento de malestar e insurrección política. Si bien se logró dar de baja por parte del Ejército a algunos de los principales cabecillas de las cuadrillas de bandoleros, a través de diversos estudios se ha demostrado la transformación de estas en las bases de organizaciones guerrilleras de orientación marxista”.

La segunda:

“Otra conclusión importante de este texto gira alrededor del cuerpo castrense y la transformación de la doctrina de la Fuerzas Armadas experimentada, durante este periodo, bajo la influencia de la doctrina de seguridad nacional de los Estados Unidos y la formación de oficiales colombianos en el exterior. Esto les permitió tener una mayor autonomía en el manejo del orden público del país, frente al poder civil, pese a su posterior salida del poder ejecutivo. A lo largo de estas dos décadas estudiadas, ocurrió una transformación radical en la que el Ejército acumuló una experiencia de combate físico y de acciones cívico-militares, las cuales prepararon para combatir, a partir de los años sesenta, las guerrillas de corte marxista. El departamento de Caldas se convirtió en un escenario para aplicar la nueva doctrina militar. Resultado de ello, convergieron, por ejemplo, la experiencia de lucha antiguerrillera en los Llanos Orientales que el coronel Sierra Ochoa sistematizó y aplicó como gobernador del departamento; la creación de la VIII Brigada para luchar contra las cuadrillas de bandoleros y el apoyo logístico y militar para la formación de grupos de autodefensa campesina”.

Para cerrar esta reflexión con la que finaliza el acápite de las conclusiones:

“Tiene pleno sentido, entonces, la preocupación por revisitar al pasado con el fin de darle una nueva lectura desde un presente en el que aún se reiteran las negaciones, las polarizaciones y las distorsiones en torno a las causas y los efectos de la violencia, en medio de una incesante fuga de la paz”.

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