Luis Carlos González Mejía Hace 36 años Se marchó el Versificador

Enrique Benavides Rosero

Tomado del libro Añoranzas Musicales

Pereira es la patria chica del poeta Luis Carlos González Mejía. Vino a este mundo el 26 de septiembre de 1908 y entregó su alma al creador el 17 de agosto de 1985. Hijode Francisca Mejía Jaramillo “doña Quica” y de Florentino González Mejía “don Floro”, antioqueños de sangre, campesinos de oficio.

Sus primeros afanes de niño fueron aprender a leer, escribir e inventar juguetes para deleite de sus amiguitos que, desde ese tiempo, lo valoraron como un personaje fuera de serie. Porque fue el único que no aceptó el uso de caucheras para matar los pájaros, que abundan en cantidad y diversidad de colores y pintan amorosamente el paisaje de su querido entorno pueblerino y el patio de su casa solariega.

Luego de cursar la escuela primaria viajó a Bogotá para seguir su bachillerato, pero la súbita muerte de don Florentino lo obligó a regresar a Pereira para ingresar a la “Universidad de la Vida” graduándose de periodista, versificador y bohemio.

Visionario, como los otros ilustres personajes de su generación, integra los círculos cívicos y progresistas que le abrirán alas a Pereira para que gane espacio y sea una de las jóvenes ciudades con más pujanza y lograr los primeros lugares en los campos del progreso industrial, comercialy cultural de Colombia.

Su vocación de poeta, versificador y artista fue la batuta maestra para enseñar, acompañar y dirigir músicos y cantantes. Creador de lemas que el pueblo sigue repitiendo con orgullo: “Pereira, la querendona, trasnochadora y morena”  y recibió con hidalguía frases como la de don Luciano García Gómez, la cual introdujo en uno de sus bambucos: “aquí no hay forasteros, todos somos pereiranos”, además de integrar otro de sus lemas: “Pereira, la ciudad sin puertas” aludiendo a los vecinos manizaleñosque tienen como lema: “Manizales, la ciudad de las puertas abiertas”.

Mezcló en sus versos elementos del colono antioqueño para  simbolizar la gesta colonizadora. Por eso sus bambucos tienen olor a mulera y pintan el paisaje con los colores elementales de la vida pueblerina, la ropa remendada, con sabor a cafeto y a aguardiente, junto al mejor amigo: “el perro andariego que se tragó la montaña” y también a la resabiada mula, equipaje legendario del arriero que llegó a fundar pueblos con “calor de hogar montañero”.

Su héroe fue el hombre que descuaja la montaña con el hacha y canta bambucos con su tiple, compañero de amores y aventuras románticas, con las lindas hembras que esperan una serenata en las ventanas amorosas del caserío, al abrigo de una ruana romántica, semblanza de los machos en las noches cuajadas de estrellas, luceros y esperanzas.

Luis Carlos González es el compendio de la historia de Pereira, que se pasea en tranvía y marca el teléfono automático mucho antes que otras ciudades Latinoamericanas. Se asocia para fundar una estación de Radio: La Voz Amiga. Su figura señera es parte de las cosas que más se aman, porque fue un enamorado de todo lo que fuera pereirano. Como todo hombre de respeto, formó un santo hogar con la señora Carola Villegas de González para procrear tres hijos: Fernando, Martha y Eduardo.

El Páramo fue su cuartel bohemio, donde junto a su amigo y confidente Eleázar Orrego amasó todo el bagaje inconmensurable del verso trasnochador, al compás de tiples y guitarras que siguen desgranando las notas enamoradas del rico cancionero pereirano. Recordamos a Enrique El Cojo Figueroa, Agustín Payán Arboleda, Enrique Villegas, Fabio Ospina, Arturo El Tuerto Henao, Manuel Ramírez, Sedy Cano, Gabriel Arias, Francisco Bedoya, Hernando Raigoza, José El Caratejo Macías, Joaquín Arias, Hugo Trespalacios, Rodrigo Álvarez, Leonidas Galvez, José Omar Bedoya Franco, María Elena Mejía, Gustavo Adolfo Rengifo, Jorge Villamil y otros que se pierden en la noche distante de mi mala memoria, y para no dejar a nadie sin nombrar, no me atrevo a dar los nombres de los cantantes que adornaron con sus voces sus bambucos.

Luis Carlos González no fue amigo de zalamerías, pero sí recibió con mucho orgullo las distinciones de la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira, el Concejo de Medellín,  los Clubes Rotario y deLeones, la Estrella de Oro de la Gobernación de Antioquia, la Cruz de los Fundadores de la Alcaldía de Pereira, la Gran Cruz del Departamento de Risaralda, la Gran Cruz de San Carlos del Congreso de la República y la Cruz de Boyacá de la Presidencia de la República.

La despedida de su terruño la hizo a viva voz: “Que Dios bendiga el aguardiente y el cariño pereirano”. Este fue el último brindis del poeta cuando en el Banco de la República se inauguraba el Área Cultural “Luis Carlos González Mejía” a la  1:20 de la tarde del 17 de agosto de 1985.                                                

“Elemental en su vida, sin ninguna ostentación, su mirada se detenía en miles de detalles en los que fundamentaba el amor por su ciudad. Por eso fue el último pasajero del tranvía pereirano y lo fue también el personaje que recorría las calles de la ciudad en transporte público, para añorar el ayer y aceptar el hoy con toda resignación”.

Luis Alberto Ruiz

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