La aventura de los libros, Un “hasta pronto” para Giovanny Gómez

Mauricio Ramírez Gómez

A Giovanny le importó poco el mundo que no pudiera verse a través de la poesía. Ahí fue libre y su rebeldía consistió en lograr que su vida fuera la literatura. No quiere decir esto que se abstrajera de la realidad. Al contrario, fue conciente de ella, desde sus comienzos en la escritura, cuando escribía poemas sobre las pruebas nucleares del gobierno francés en el atolón de Muroroa, hasta sus últimos poemas, en los que recuerda su impresión por el asesinato del líder político José Antequera. La poesía fue su manera de entender la realidad y su único empeño, desde que lo conocí, fue intentar hacer que cada vez más personas vieran el mundo a través de esa lente maravillosa.

Nunca tuvo temor a equivocarse y quizá de ahí el desparpajo que nos confrontó a muchos. Sabía que la vida consiste en soñar y emocionarse tanto con el hallazgo de la primera edición de un libro, como con el nacimiento de un hijo. Tenía claro que las vicisitudes hacen parte de la anécdota, porque el mundo es de los atrevidos y los preguntones, porque de ellos es el reino del asombro. No ignoraba que la vida es tan poco seria que le permitió morirse joven, con ganas y razones para seguirla viviendo, dejándonos a todos con esta sensación de protagonizar uno de sus malos chistes.

 

 

 

 

 

Con Giovanny y los demás integrantes del Taller Literario La Fragua, del Colegio Oficial Rafael Uribe Uribe, nos hermanaron la poesía y la lección de vida que nos dieron Rubén Darío Sierra y Humberto Bustamante. En el seno de ese taller soñamos juntos y nos alentamos a emprender aventuras. “Ustedes, todos, son hermanos del alma”, nos repitió siempre Rubén y en fondo todos lo hemos comprendido así, a pesar de las opiniones y los caminos distintos. Cada una de nuestras familias sabe lo que la experiencia de La Fragua significa para cada uno. Nuestras vidas están irremediablemente unidas y por eso nos duele tanto la partida de Giovanny, el más aventajado de nosotros y el único al que la vida supo premiar por su empeño con la entrada al gran banquete de las palabras. Los demás seguimos disputándole esas palabras a la cotidianidad.

Creo que a Giovanny le hubiera resultado gratificante sentir, del modo como se dio, el raudal de manifestaciones de afecto y de congoja, porque no fueron sino una muestra de que su siembra de poemas había dado frutos. Quizá por estar viendo demasiado las estrellas, dejó de ver que esos frutos habitaban ya la tierra y que por ellos su obra poética –lo que realmente más le importó, después de su familia- va a perdurar entre nosotros como uno de las más importantes en la historia de Pereira. Sus lectores ya no podremos esperar más poemas y comenzaremos a comprender el testimonio que nos dejó en sus libros. Su poesía va a trascender porque es honesta y apasionada. Nunca escribió para el aplauso.

Yo lamento mucho no haber podido despedirlo, pero cada uno llora a su modo. Me queda esperar que en el fondo supiera de mi admiración y mi deseo sincero de que sus aventuras culminaran de la mejor manera, porque todos los que amamos la literatura nos beneficiamos de su interés por ampliar nuestros límites literarios. Gracias a su Festival, su revista, su taller de poesía y la Feria del Libro, Pereira conoció otras opiniones y otras maneras de afrontar el mundo.

Tuvimos conversaciones extraordinarias sobre la poesía desde antes de cumplir nuestros veinte años hasta hace poco. Nos compartimos ideas y autores. Todo eso es al final lo que queda.

Va a ser muy triste habitar esta ciudad sabiendo que ya no está en ella un poeta soñándola. Quedamos por ahora sumergidos en la prosa de todos los días.

Esta es mi manera de decirle “hasta pronto”. ¡Qué sea propicio el viaje y venturoso el camino de la obra!

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