Angel Gómez Giraldo
Es cierto, a la historia no se le queda nada por fuera del tintero, sin embargo, da papaya para ser blanco de interpretaciones.
Veamos, aunque los cronistas e historiadores de Pereira Lisímaco y Oliverio Salazar sostienen que en sus primeros años la querendona era una chica sosegada y apacible, para otros cronistas locales entre ellos Antero Ángel, no era así y en la plaza de la naciente población se presentaban riñas de machete, puñal y barbera con cierta frecuencia.
Y recalca este, en sus apuntes que los hombres de pelea abundaban y que eran los mismos que venían de Antioquia.
En estos tiempos la primera autoridad la ejercía don Jesusito Ormaza, fundador y primer maestro de la ciudad, y como arma no tenia sino un bastón de madera que le servía para mantener el orden.
Pues un día en que Jesusito atendía las quejas de vecinos rebeldes en su despacho, porque era día de mercado, le soplaron que en la plaza se presentaba una trifulca o mejor una pelea, como se le decía a los enfrentamientos de los habitantes, el exalcalde Ormaza se levantó de la silla y salió dando golpes en el piso con su bastón de mando.
Cuando llegó al escenario de los hechos con ausencia del Bolivar desnudo porque apenas era la plaza de victoria.
Así que pudo ver con sus propios ojos, aunque ya afectado por las cataratas, como un grupo de enfurecidos jóvenes habían sacado a relucir armas blancas, entre ellas la temible barbera, que antiguamente era arma principal en las peleas.
Metida la autoridad en la primera línea de los revoltosos, nada que pudo disolver a los que alteraban el orden en su pueblo pues se decía que los hombres eran de pelo en pecho.

Jesús María Ormaza, fundador y alcalde de Pereira.
Como ya se daba por vencido como autoridad, escuchó que el hombre armado con barbera decía: “yo soy Manuel Hernández, y a mí no me agarra nadie porque lo mato.”.
Aquí don Jesús Ormaza se salió de sus cabales, se lanzó sobre el energúmeno lo tomó por el cuello y a empujones lo llevó a la cárcel y le advirtió: “si usted es Manuel Hernández, yo soy el alcalde de Pereira”.
Don Jesusito, fue querido por todos los aldeanos, en verdad maestro cuando el educador era admirado a pesar de que estaba convencido de que la letra con sangre entra. Amigo pues del castigo físico y no fue maestro de un día, duró como pedagogo nada más y nada menos que 26 años.
El sueldo era el mínimo de la época contaba con una asignación de 4 pesos sencillos.
Lo más curioso es que le eran pagados por los vecinos en carne y legumbres.
Y era una buena paga ya que la persona que hacia de corregidor, don Francisco Hernández, oriundo como Ormaza de Cartago, no recibía ni una moneda trabajaban gratis, mejor dicho, eran verdaderos servidores públicos no como los funcionarios y empleados que trabajan por un interés personal que los lleva a la corrupción.
Estaba Jesusito Ormaza muy concentrado en su cargo cuando el jefe municipal de la Provincia del Quindío ordenó a los concejales construir la primera casa de gobierno, o como se llamaba por aquellos tiempos casa consistorial.
Era orden de los ediles que todo el que se considerara ciudadano pereirano trabajaba gratis en la obra naciendo así los llamados convites que le dio el reconocimiento de ser la ciudad cívica de Colombia a la ciudad de Pereira.

Carlos Alberto Maya, actual alcalde de Pereira
Después serían el aeropuerto y el hospital, las nuevas obras que impulsaron el progreso de la ciudad sin puertas.
Ahora, quien creyera, que muchos años después la historia se repetiría con otro alcalde metido en la primera fila de la indignación metido hasta las rodillas, llamado Carlos Alberto Maya que, aunque con cara de San José resulto de carácter.
Varón, pues llamó a los integrantes de la Primera Línea o “barras bravas” del paro nacional a conciliar, hacer acuerdos y detener la destrucción de la ciudad.
“Ala, mi rey”, dizque le dijo al que mostraba cara de rapero. Y así le dio saludo de niño Dios en el dialecto parcero.
Agradecido el joven con el trato zalamero del mandatario de Pereira aceptó dialogar y acordaron buen comportamiento de ambas partes.
A pesar de todo otros de la Primera Línea le salieron al paso al acuerdo afirmando que no se les había tenido en cuenta.
“Vientos, palabreja tomada también del parlache antioqueño y el cual fue el argumento del actual mandatario de la ciudad de las puertas abiertas”.
Y ahí va negociando, porque según su criterio a nadie se le puede dejar por fuera en cualquier negociación para retornar al orden ciudadano y al buen comportamiento de las personas.



