En la conmemoración de los 481 años de la fundación de Cartago, Valle, se realizó en este municipio en el mes de agosto, el VI Encuentro de Poetas Nacionales e Internacionales de Cartago 2021, organizado por la Asociación Literaria Crisálida Poética, bajo la dirección de la poeta Adiela Londoño de Copete, y la coordinación de la poeta Judith Cartagena Ospina.
Fueron invitados por las poetas de la Crisálida poética, el escritor pereirano Alexánder Granada Restrepo, los poetas: Saúl Sánchez Toro (Colombia), Rossana Estrada (Guatemala), Mónica Patricia Ossa Graín (Colombia), Graciela Ceballos (Uruguay), María Teresa Casas Figueroa (Colombia), Jorge Tarducci (Argentina), Luz Myriam Moreno Puerta (Colombia), Inés Blanco Luna de Abril (Colombia), Ana María Manuel Rosa (Argentina), Ana Lucía Restrepo Rodríguez (Colombia), y Gloria Inés Sánchez Duque (Colombia), entre otros.
Fue un bello momento de poesía que engrandeció la manifestación artística y la expansión de la cultura, buscando motivar también a los jóvenes estudiantes que tienen inquietudes en el trabajo literario y en el buen hacer del arte.
Disfrutemos el poema La muerte de Dalí, del escritor Alexánder Granada Restrepo, que fue uno de los poemas con el que participó del encuentro poético.
LA MUERTE DE DALÍ

Cuando Dalí,
mi gato,
muera,
no prepararé
endechas
ni haré oblaciones;
no lloraré
su alma inexistente,
solo lamentaré
la ausencia de
su paz celeste,
de su belleza exquisita,
de su presencia
irremplazable,
de su honrada
compañía.
Extrañaré
la seriedad de
su mirada tierna,
el roce afectivo
de su peluda cola,
y los cabezazos
repetidos
que me infligía
en las piernas,
en el momento
de nuestro reencuentro.
Quedará en mi boca
un mal sabor
por no haber descifrado
todo el lenguaje
que habitaba en
sus maullidos.
Siempre quise
sostener con él
un diálogo importante,
y siempre,
después de su saludo
y el pedido de comida,
me desprendía
-por ignorante-,
de la línea sonora,
que con enigmática
e inolvidable voz,
a diario proponía.
Lo recuerdo
acostado sobre
el tapete de la sala,
después de comer
los trocitos de carne
antes del mediodía.
Como era un gato
sin alma,
y necesitaba la mía,
cada que la notaba
dispuesta y relajada,
cerca de ella
dormía.
Creo, tal vez,
que tomaba prestada
mi alma, y
con ella soñaba.
La muerte de Dalí
no causará heridas
en mi cuerpo
ni en mi alma;
eso lo tengo
ya advertido.
La muerte de Dalí
afectará mi espíritu
-seguramente-,
pues, su espíritu limpio
-con asepsia-
le dio paz al mío;
en el tiempo
que cargaba –apretujado-,
muchas turbiedades
y vergüenzas.
Dalí
hizo muchos intentos
para esclavizarme:
Jugábamos a que él
era mi gato, y a que yo
era el portero,
que le abría y cerraba
la puerta cien veces
en el día,
para entrar a comer,
de a poquito,
el cereal que pasaba
con agua;
la misma agua
que exigía limpia y fría.
Sus faenas perezosas
se interrumpían abruptamente,
por la detección en el aire
de un pajarito,
que en la mañana
buscaba libar las flores
del antejardín de la casa.
En la noche,
interceptaba por las
inflorescencias de
la palmera,
algún murciélago
del grupo que venía
a buscar las drupas.
Lo traía agarrado
en la boca, y feliz,
lo dejaba por las escaleras
de la casa;
sin alcanzar a entender,
por qué su esforzada
ofrenda viva,
no me alegraba tanto,
y más bien la sentía
fastidiosa y ofensiva.
En verdad,
cuando Dalí
mi gato muera,
se afectará también
mi alma.
Si cuando él muera,
yo aún vivo,
mi alma
-ya lo creo-,
se sentirá sin él,
muy sola.
POESÍA TEÓRICA
Alexánder Granada Restrepo
(lascaravanasdematusalem@hotmail.com)



