Angel Gómez Giraldo
El escenario del Teatro Municipal Santiago Londoño estaba iluminado como un cielo con adolescentes de ambos sexos, una tarde que pasó a ser recuerdo bonito.
De pronto del pecho, de uno de ellos, Giovanny Gómez Gil, empezó a brotar poesía alentada por su voz pausada y bien dicha.
No era pereirano pero había llegado de la capital del país para volver a nacer aquí en pleno estirón de la adolescencia.
Su manera de dejarse poseer por la inspiración y el verso me llamó tanto la atención que al domingo siguiente El Diario de Pereira destacó el evento en el que el muchacho había participado.
Así pues, todo Pereira vio la imagen de Giovanny como el estreno de una metáfora en la Perla del Otún
Nadie pensó que moriría con traje nuevo, prematuramente, a pesar de que tenía ya en la casa abundante cosecha de poesía.
Recordándolo
Por eso al conocerse su partida definitiva, hace tan solo unos cuantos días, la poesía pereirana se puso cinta negra.
Sus ojos, pequeños y redondos, le daban luz suficiente para que brillara, y su sonrisa de niño tímido lo alentaba a llegar sin detenerse en ninguna parte.
Aquí en Pereira se fue “elevando” como cometa en agosto y se hizo gestor cultural, autor de la Feria del Libro y programador de serenatas bambuqueras en el teatro de la Cámara del Comercio de la querendona, trasnochadora y morena Pereira.
Su poesía sin cansancio ni fatiga para el verso era una oración, un ruego:
Señor dame una palabra/ que tenga la forma de un barco/ un barco de velas inextinguibles/ donde pueda ir a conocer el mar./ Dame una palabra por casa/ por vestido y por amante./ Deja que ella sea mi soledad, /mi aliento y no pueda sobrevirla./ Aquí estoy tan vacío de formas y silencio.
Lo movía el sentimiento del amor a pesar de su aparente frialdad e insensibilidad:
Es inútil saber cuánto esperamos por un amor,/ cuando la casa se nos viene encima y los vestidos siguen desnudos con la risa de una naturaleza que nos tomamos a sorbos.
Su origen
El poeta Giovanny no había nacido en Pereira pero aprendió a amarla como al pañuelo del bambuco.
Los versos de Gómez Gil, citados aquí son de dos poemas de su libro Casa de Humo aparecido en el año 2006, momento más alto de su inspiración.
Como un poeta de pasos directos y seguros recuerda a Giovanny el otro vate, Diego Alexander Vélez Quiroz, y al que me atrevo a señalar como galán de la poesía pereirana, pues cuenta con una maestría en literatura y en el momento es candidato a doctor en esta misma asignatura.
Como Giovanny, tampoco nació aquí, fue que al dar los primeros pasos hizo el camino a la ciudad sin puertas y plantó con fertilidad.
Es voz caucana, nació en la localidad de El Tambo donde la esperanza continúa viva.
Con conocimientos del Colegio Aquilino Bedoya y de la Institución Educativa la Villa, logró encontrar la Universidad Tecnológica de Pereira que lo formó en español y literatura poniéndole traje de sobremedidas a su personalidad y tamaño de gran formato a su estampa de hombre poseído por la literatura.
Lo recibido
Asegura éste que en la capital de Risaralda se está haciendo buena poesía. Con colores, estilos y tendencias que la hacen dinámica.
“Muchos de nuestro jóvenes poetas se formaron en los talleres literarios de Giovanny”, manifiesta.
Diego Alexander Vélez Quiroz, hace una poesía dura, contundente, para que el verso sea arma pero también flor.
Contundencia que se siente en el Poema de la ira que encontramos en el libro Para llegar a puerto, editado hace más de cinco años:
Quien te dijo malparida, /que mi ardor es una dádiva a tu ausencia./ Quién te dijo que todos los caminos se han tornado de ida y yo sigo esperando con los ojos callados ver tus pasos de vuelta. /Quién pasó para decirte que no me queda nada.
Duro hasta los últimos versos de este mismo poema:
Quién te dijo que espero allí, / aquí o en cualquier lado del recuerdo de una vieja caricia,/ del beso de febrero,/ de la tarde en que impúdicos ocultamos las manos entre los pantalones (yo las tuyas y tú las mías).
No es puyes fácil la poesía del licenciado Vélez Quiroz, por el contrario es beligerante con el sentimiento erótico.
Fuerza
Pero es esa misma fuerza poética la que le da ritmo a sus versos delos que ha sido maestro de obra desde la juventud.
Ahora, los maestros literarios están de acuerdo en que la poesía tiene que tener ritmo para llamar la atención del lector.
Y el ritmo es la repetición a intervalos regulares de los tiempos fuertes y de los tiempos débiles de un verso, de una frase musical.
“Si lo que lees te produce placer, es poesía, dijo Borges.



