Juan Manuel Vargas Morales, Pbro.**
El éxtasis colectivo en Pereira por la creación de la Diócesis no se terminó en diciembre de 1952. Lo más importante ya se había consumado, pero ahora venía poner en marcha la nueva administración eclesiástica. El objetivo de la dirigencia y líderes cívicos fue dar una bienvenida agraciada al nuevo pastor para demostrar la alegría que embargaba a los pereiranos más eminentes y a la población más devota.
Los preparativos inaugurales de la Diócesis fueron entre finales de diciembre de 1952 y enero de 1953. Para febrero de 1953 se programó la llegada oficial del Obispo, monseñor Baltasar Álvarez Restrepo. El sábado 21 fue el día acordado y las celebraciones incluyeron el domingo y el lunes como día cívico, decretado por el alcalde José Domingo Escobar, a conveniencia del Concejo Municipal.
El Obispo Baltasar Álvarez Restrepo llegó a las 3 y 15 de la tarde del 21 de febrero a la Vicaría de Dosquebradas, única de la antigua Parroquia de Santa Rosa que quedó inscrita en la nueva Diócesis de Pereira. En este lugar lo esperaban las autoridades civiles del departamento, el Gobernador de Caldas, José Restrepo y Restrepo. Fue el gobernador el encargado de acompañar al Obispo Baltasar Álvarez en los últimos tramos de su recorrido hacia Pereira. A la llegada del Obispo, en la Plaza de Bolívar se encontraban más de 35 mil personas expectantes, que eran acompañadas por las autoridades de la ciudad, el señor alcalde, José Domingo Escobar, los concejales de Pereira, el señor Personero, y los alcaldes de municipios aledaños, como La Virginia y Santa Rosa, y los sacerdotes de las parroquias de la Diócesis.

Una vez que feligreses, autoridades religiosas y civiles se reunieron en la Plaza de Bolívar, llegaron los discursos de Bienvenida. El primero en hablar fue el sacerdote Miguel Gómez, cura y párroco de La Virginia, que le expresó al Obispo las bondades de la ciudad:
Jamás ciudad alguna se vio ataviada con tanta magnificencia, como esta señorial Pereira en estos momentos. Vos Excelentísimo señor, bien podéis decir ahora, cual otro Patriarca: ¡Vosotros sois mi corona! ¡Vosotros sois mi gloria! Corona, sí porque los hijos de esta ciudad acogedora son los héroes del trabajo y porque a diario entonan su cántico inmortal. Corona sí, porque, estas hijas de la ciudad del Otún alternan su oración diaria con el laboro en sus manos”.
Una vez que finalizaron las palabras del padre Miguel Gómez, tomó la palabra el alcalde José Domingo Escobar y explicó el regocijo cívico y religioso de tener una suprema autoridad pastoral en la ciudad, y además decretó el siguiente día hábil (lunes 23 de febrero) como Día Cívico en Honor de Monseñor Baltasar Álvarez Restrepo, y como prenda de garantía de la felicidad que embargaba a la ciudad por su presencia:
Nunca había tenido la ciudad un día comparable a este de vuestra llegada. Todo Pereira, como tuve la oportunidad de manifestároslo, os quiere y admira. En vos, señor, se rememoran las más elocuentes tradiciones del pueblo colombiano, porque fuera de haber nacido en una de las colinas de la vieja Antioquia donde permanecen aún, intangibles, el temor de Dios y el amor a Él, abrazasteis con unción la misma fe de vuestros padres […] Con el afecto de la ciudad entera me permito deciros que las varias generaciones pereiranas han levantado, hasta colmar el cielo, la hermosa iglesia consagrada a la Virgen María en su histórica y bella advocación de Nuestra Señora de la Pobreza. Esa iglesia conserva en sí la historia misma y completa de Pereira. A su alrededor creció la ciudad y se hizo grande. Es la suma de esfuerzos y de sus nobles ambiciones […] En este instante, y en presencia de Dios, la ciudad os la entrega para que hagáis de ella, por los siglos de los siglos, la santa Iglesia Catedral de la Diócesis de Pereira.
En seguida, el señor Obispo leyó su panegírico a Pereira para destacar sus virtudes cívicas de gran urbe:
Esta magnífica recepción que estamos presenciando supera a todo cuanto podíamos imaginar, y a la vez colma nuestra alma de emoción profunda, la llena de gratitud y la ilumina de las más risueñas esperanzas […] habéis adquirido un derecho sagrado sobre nosotros, pues sabéis que toda nuestra vida os pertenece y que, hasta donde alcancen nuestras fuerzas, nos empeñaremos por realizar el texto que hemos adoptado como empresa de nuestro escudo episcopal: Nom ministrari sed ministrare (no he venido a ser servido, sino a servir).
A las 6:30 de la tarde terminaron los actos oficiales del primer día de bienvenida del Obispo, y este fue acompañado hasta el Palacio Episcopal en la carrera 7ª entre calles 21 y 22, donde mantuvo reuniones privadas con líderes cívicos, religiosos y políticos, que acudieron a saludarlo y a ponerse a sus órdenes.

Al día siguiente, domingo 22 de febrero, los dirigentes políticos y cívicos de Pereira dispusieron de actividades para que monseñor Baltasar Álvarez Restrepo se diera cuenta de la alegría ciudadana por su presencia y de la sumisión de los fieles al servicio de la nueva Diócesis. Ese domingo se realizó el primer encuentro entre su Excelentísimo y Reverendísimo monseñor Luis Concha de Manizales y el Obispo Baltasar Álvarez Restrepo de Pereira, a las 9 de la mañana.
Luego, las autoridades ejecutivas y eclesiásticas, entre ellas los prelados Concha y Álvarez, asistieron al partido entre el Club Independiente, de Argentina, y el Deportivo Pereira, en el estadio Libaré. Y en horas de la tarde, la alta jerarquía eclesiástica, en cabeza del Nuncio Apostólico para Colombia, y los obispos Concha y Álvarez, visitaron el Batallón San Mateo y el Club Rialto, para más actos protocolarios y festivos.
Pereira, como centro de la nueva Diócesis, contó con la ventaja de que le fue asignado un pastor de altísimas calidades cristianas y cualidades intelectuales, con una elevadísima prosa, que le permitió a lo largo de su obispado sostener conversaciones y proponer discursos de altos pergaminos.
Los temas sobre los cuales se pronunció el obispo Baltasar Álvarez Restrepo a lo largo de sus años en Pereira fueron diversos. Por su condición tuvo contacto con autoridades civiles, políticas, militares y eclesiásticas, y con todas ellas tuvo que intercambiar comunicaciones y saludos, tanto sobre grandes preocupaciones como felicitaciones y exaltaciones.
En las comunicaciones del obispo de los pereiranos fue cosa común encontrar mensajes desde la Santa Sede en las que se felicitaba su labor y la responsabilidad con la que estaba dirigiendo la joven Diócesis de Pereira. Monseñor Álvarez también aprovechaba sus discursos para instruir a los sacerdotes acerca de seminarios, congregaciones y encuentros.
** Magíster en Historia y miembrode laAcademia de Historia Eclesiástica de Pereira




Curiosidad me causa. En esta crónica no hay mención del acto religioso central, que debió ser lo esencial para la entrada en la escena del pastor. Muchas vanalidades de farándula-