La opaca celebración del día del maestro

Fabio Castaño Molina
Columnista

Los maestros colombianos celebran este próximo domingo 15 de mayo su fecha clásica. A decir verdad y pese al optimismo de muchos de ellos, la verdad es  que son mucho menos las razones que tienen para celebrar, que las que tienen para lamentarse, pues son muchas las penurias a la que hoy se ven enfrentados gracias a la indolencia de un Estado que hoy poco los valora y por ende no les ofrece las suficientes herramientas y condiciones para el ejercicio digno de la profesión docente. Basta con percibir el modo alerta en que se mantiene la Federación Nacional de Educadores –FECODE ante el continuo incumplimiento del gobierno a los compromisos adquiridos en torno por ejemplo,  a un sistema de  seguridad social lleno de falencias y de fallas inconcebibles que los ponen en permanente riesgo ante el nivel de estrés que les genera el acoso laboral a que se ven sometidos de manera reiterada.   A ese coctel de infarto hay que agregarle las deficientes condiciones físicas que buena parte de los maestros deben de soportar en establecimientos carentes de las más mínimas condiciones sanitarias, agravadas por la falta de personal de servicios generales como vigilante y aseadores, tal y como se denunció esta semana en el municipio de Dosquebradas. La falta de transporte escolar para los alumnos de las zonas rurales, las amenazas y las continuas riñas que se vienen presentando al interior de los planteles, constituyen otros elementos que atentan contra la salud mental de la comunidad educativa.  La baja calidad de nuestra educación corroborada en los resultados de las Pruebas Saber y los impresionantes casos que se hicieron virales a través de los redes sociales en el peor momento de la pandemia, con imágenes de niños subidos en los árboles de algunas veredas en búsqueda de una muy débil señal de internet para recibir clases virtuales. Triste igualmente el panorama de muchos colegios que fueron demolidos para ser reemplazados por los llamados Megacolegios que aún no se entregan y que literalmente tienen en la calle a cientos de estudiantes no solo en  el departamento sino en buena parte del territorio nacional.  Si bien es cierto el ánimo y el entusiasmo de alumnos y maestros se ha visto reanimado por estos días a raíz del retorno pleno a las aulas, el panorama del sistema educativo colombiano, como en la mayoría de los países en vía de desarrollo, seguirán siendo opaco mientras los gobiernos de turno no le den la importancia que este sector realmente merece. Un país sin educación de buena calidad, está condenado a la mediocridad y al aumento de sus brechas de pobreza,  No obstante y a pesar de lo aquí expresado, felicitaciones a nuestros maestros por ese estoicismo que demuestran ante tantas dificultades para el ejercicio digno de su función formadora.

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