Miscelánea

James Cifuentes Maldonado

Columnista

Está de moda decir que las actuales elecciones a la presidencia son las más sucias de la historia de Colombia y yo francamente no estoy de acuerdo, así como cuando se dice que la maldad es mayor ahora que antes, cuando siempre hemos sido lo mismo de perversos, lo que pasa es que no éramos conscientes de ello; en realidad es un tema de percepción, por la mayor exposición y el mayor impacto que hoy tienen todos los hechos, por la mayor posibilidad que tenemos los ciudadanos de enterarnos de lo que sucede y por la capacidad de las redes sociales de capilarizar y radicalizar las reacciones  y las posiciones de todas las personas que tienen, todas por igual, la posibilidad de manifestarse instantáneamente, siendo el único requisito tener un teléfono inteligente. Nunca se había visto algo más democrático y al mismo tiempo tan anárquico y arbitrario. 

Por ejemplo, en medio de la cruzada y el desespero por cerrarle el paso a la izquierda, en la recta final de la campaña, muchos se han dedicado a reciclar en las redes sociales videos trasnochados y bien refritos, en los que aparece el difunto Hugo Chávez en el show del “exprópiese” por las calles de Caracas, y yo me pregunto, ¿de verdad creemos que es serio suponer y tratar de engrupir a la gente que en Colombia algún presidente va a expropiar a diestra y siniestra? ¿en Colombia? ¿Acaso no era pues que ya seríamos Venezuela con la aprobación del acuerdo de paz y la asignación de curules del senado a los desmovilizados de las Farc?  ¿Hoy somos Venezuela? ¿Las Farc han ganado algo, que no sean los pírricos 85 mil votos que obtuvieron en 2018?  ¡No señor! no somos ni seremos como Venezuela, seremos algo mejor o seremos algo peor, pero en todo caso no seremos lo mismo. 

Colombia es algo increíble, aún con la corrupción rampante que tenemos, nuestras instituciones se mantienen firmes, dentro de ellas el sistema electoral y por supuesto la propiedad privada y ningún Petro ni ningún Rodolfo podrán derrumbarlas; la constitución de 1886 superó los 100 años y la actual ya se apunta 30, y en eso, en la institucionalidad, es que nos diferenciamos de Venezuela, donde un día un militar rebelde, en medio de la crisis de los partidos de derecha, promovió un cacerolazo y se hizo elegir presidente, en un proceso popular o populista, como prefieran llamarlo, que tomó apenas unos años, mientras que en Colombia el trasegar de la izquierda en la búsqueda del poder jamás ha rendido frutos, ni siquiera estuvo cerca por la vía de las armas en un conflicto de 60 años que no llevó a ningún lado y tampoco por la vía política, aunque figuras como Carlos Gaviria Diaz y Gustavo Petro en el pasado reciente se hayan aproximado. 

A quienes me han pedido que revele mi voto, les digo que siento mucho miedo por el fanatismo y el sectarismo, no importa si proceden de la derecha o de la izquierda, me asusta el radicalismo, igual si viene en la forma de uribismo o de petrismo, que son los dos extremos en que nos quieren encasillar. El escenario nos muestra sólo dos opciones (no contemplo votar en blanco) y me inclinaré por la que considero más esperanzadora del cambio y la justicia social, sin ser petrista votaré por Gustavo Petro y Francia Márquez. 

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