La interesante historia del hombre que por tener una relación casi que pecaminosa, con los libros ya que hasta dormía con ellos, terminó convertido como autor de textos didácticos.
Angel Gómez Giraldo.
El hombre se gasta
cierta elegancia masculina bastante clásica.
Y ¿quién la tiene más que el hombre que camina con obras escritas y es librero?
Así fue como Pereira conoció a este hombre que le llegó de Cartago a muy temprana edad.
Nadie sabía aquí en la querendona y trasnochadora, que se trataba del hijo de María Estefanía Ospina, dama estival que a pesar de verse obligada a soportar a todo volumen el sol de su ciudad natal, se lo pasaba cantando en el hogar, no canciones propias de enamorados engañados y despechados sino los versos con que sus abuelos habían aprendido a leer y escribir bien.
Así fue como el hijo, desde la cuna presenciaba los conciertos caseros como único fans que tenía la mamá.
Era un niño nacido cuando Chakira había alcalzado el éxito internacional con la canción Pies descalzos.
Los versos
Con z se escribe, azada, vergüenza, hozar, despanzurrar, bizcocho, azafrán, azufre, bizarro, calzones y trenza, coraza, lechuza, durazno, azafrán…
A la melodía no se le ponía el tono de tusa y despecho de los frustrados en el amor de hoy por hoy sino el de alegría que producía en las gentes de antes memorizar las reglas ortográficas.
A los 7 años cumplidos de estar en casa creciendo y escuchando la cantata de su progenitora, Rigoberto pasó a ser el alumno que mejor escribía y leía en la escuela primaria, ya que no se comía una coma, y hasta sabía que en las vocales las hay también, abiertas y cerradas.
Vocal abierta,( a, e, o +). vocal cerrada, (átona, i,u), en cualquiera de sus combinaciones.
Contó él mismo:
“Es bueno que los reguetoneros y los raperos actuales sepan que estos versos ortográficos corresponden a un señor de nombre compuesto, José Manuel, con apellido que al pronunciarlo produce afección en la garganta: Marroquín”.
Se trata del colombiano que fue presidente de la República dos veces, filólogo y director de la Academia Colombiana de la lengua.
Esto cuando la población manejaba un mayor número de palabras y por lo mismo hablaban más ya que se estaba lejos de del invento del celular y el WhatsApp. Todos sabemos que en los tiempos que corren escribimos más por ser personas digitales.

Crescendo
Crecía pues el hijo de María Estefanía Ospina física y espiritualmente mientras ésta se vanagloriaba de haber tenido un hijo hecho con buena ortografía, Rigoberto.
Siendo apenas un niño dejó su pueblo natal y se asentó en Pereira, ciudad capital, sin importarle un diptongo.
Corría el río del tiempo sin salirse de madre en el año de 1984.
Era Rigoberto en ese entonces el librero ayudado para vender por la elegancia de vestir pantalón color azul, camisa blanca y corbata.
“Ángel, le cuento que empecé a trabajar con gusto y confianza los textos de estudio en la antigua Librería Zamora de Pereira.
“¡En plenas verbenas de la adolescencia!”.
Lo lo expresa remarcando la expresión con su característica sonrisa de alegría y mirada de corredor de bolsa.
En el año 2.012 figuraba como empresario, propietario de Almacén de Libros y Ediciones.
Fue luego que estuvo inmerso en la hechura de juegos didácticos hologramas, rompecabezas y ortografía.
¿Su profesionalización?
– Estudios de supervisión de ventas en el Sena de Pereira, publicidad, comerciante de libros raros y algunos semestres de ingeniería comercial en la Universidad Libre seccional Pereira.
Hijo por adopción
Hecho y derecho el cartagueño que una vez le puso el ojo a la perla del otún no la ha dejado para nada.
El señor Guevara terminó como editor de obras didácticas.
Ahorita hasta ha llegado a presentarnos un libro del cual es su autor, titulado: Ponte a prueba. ¿Qué tan buena ortografía tienes?
Es un libro lleno de verdades pero también de curiosidades en el castellano, que ha sido bien recibido por lectores de esta clase de textos. Y por supuesto, por los maestros de escuelas e instituciones educativas.
– ¿De vendedor de libros pasó a ser autor?
-Sí, es mi satisfacción. Y permítame le hago un reconocimiento a mi señora madre que me las cantaba desde la cuna. Quiero decir los versos ortográficos de Marroquín.
Sobre su libro, esa dama del periodismo pereirano que se llama Nelly Muñoz se ha manifestado con propiedad:
“En ponte a prueba. ¿Qué tan buena es tu ortografía?
Rigoberto Guevara Ospina, bibliópalo cartagüeño, pereirano por adopción, quien lleva más de 35 años inmerso en el mundo de los libros, nos entrega después de un cuidadoso e intenso trabajo una útil y fácil herramienta de aprendizaje para quienes son conscientes de la importancia de la ortografía y hacen honor a la maravillosa lengua española respetando sus normas”.
Si, señores, con z se escribe azada, vergüenza, hozar y despanzurrar, que es cuando la silla no puede con el cuerpo y se desbarata.
Ahora, más información sobre el libro en rigobertoguevaraospina@hotmail.com. Por aquí el camino del libro.



