Mujeres de la clase popular, comercializadoras de pequeñas cosas en la calle para quienes no hubo nada en su celebración y las desconcertantes cuentas del feminicidio en Colombia.
Angel Gómez Giraldo
El 8 de marzo floreció la ciudad y Pereira fue todo un jardín de rosas rojas.
En las calles, plazas y parques estaba la rosa de largo tallo.
Se dejaban ver dentro de estuches de papel cristal y tocado de cintas de colores.
Enhiestas para una exhibición pública.
Era fácil encontrarlas en las floristerías más famosas que amanecieron con finos pétalos, y en las esquinas del centro de la perla del otún.
En la calle ofrecidas por señoras de delantal blanco, caballeros de chaqueta oscura, jóvenes bien peinados y hasta niños ambiciosos.
Había un interés manifiesto de todos ellos por vender el surtido de rosas y flores durante el Día de la Mujer.
Y así las rosas fueron símbolo de la mujer que hizo día en la mente de todas las personas y fue el mejor enviándole mensajes y audios amorosos al WhatsApp.
Entonces la palabra mujer fue la más pronunciada y escrita en las paredes del alma.
Cariño filial porque primero fue la madre a la que los hijos llamaron para agradecerles la vida.
Después la amiga, la amada y la vecina deseada con cierto temor incluido.
Aliado el abrazo de la rosa en esa fecha alcanzó para la amiga ocasional que nos encontramos en la calle.
Sin mesa
Al mediodía el almuerzo se hizo esperar por falta de mesa en los restaurantes y la torta se partió con estruendo de hogar.
El día de concierto vocinglero en la calle fue deslizándose como por un tobogán ayudado por un buen sol que bronceó las ventas informales y puso tenderetes sobre el andén.
El ambiente tuvo la mejor figura y fragancia de quinceañera.
Las damas de los estratos más altos, tan glamourosas, brillaban con sus joyas mientras danzaban celebrando en los salones y clubes sociales.
Cercanía de abrazos y besos que desafiaban al covid-19, pandemia de la que nadie quiere acordarse.
Ninguna resistencia a las expresiones afectuosas a sabiendas de que el coronavirus es un gusano que continúa “picando”. Era el 8 de marzo, Día internacional de la mujer.
Las olvidadas
Más todo no fue color de rosa para ellas, muchas, “ni una rosa, ninguna flor”.
Nada para esas mujeres mayores que viven el día en la calle ilusionadas en las ventas de mercancía barata y el dulce que ellas no pueden degustar.
Sencillas y cansadas de poseer pocas comodidades igualmente esperaban una flor, o solo la frase: “Feliz Día de la Mujer”.
Con sentimiento
Posterior a la celebración las busqué con un interrogante de reportero que no duerme para echarle mano a la noticia, y fue el siguiente:
-¿Qué les dieron ayer Día de la Mujer?
Cuatro señoras madres y abuelas ya, me respondieron la pregunta con sentimiento de perro amarrado. Vamos a ver.
Lucy Villada, señora con la tienda en un pequeño cajón en El Lago Uribe Uribe:
“De pronto sí. Mi hija me hizo una llamada telefónica desde la distancia donde reside.
Lucy, la mujer veterana de días duros a la intemperie:
“Ni una rosa. Ninguna flor”.
Y dicha esta tristeza, una nube como cortina negra se hizo en el poniente.
Así y todo le fui llegando a Sofía y sostuvo: “Sabe, nada dulce para mí el Día de la Mujer”.
Margarita, la que vive en Guayabal, sector de Villa Santana donde lo más fácil es lo más difícil:
“Me dieron, pero ganas de tener un marido que se gane la vida para los dos”.
Marina, la que vende chococono cuando el sol se excita: A mí, amigo, los hombres me prometen de todo, pero no me dan nada”.
Otras tuvieron expresiones similares a las anteriores.
A todas ellas es necesario decirles que no sufran por haber sido ignoradas, puesto que el canto de Neruda también es para ellas:
Cuerpo de mujer, / blancas colinas/, muslos blancos, / te pareces al mundo en actitud de entrega. /Mi cuerpo de labriego salvaje te socava/ y hace saltar el hijo del fondo de la tierra…
Y para Luz Villada que en El Lago se quejaba de que el Día de la Mujer, solo le llegó una llamada de la hija ausente, van estos versos del poema que Nelly Arias de Ossa escribiera a su progenitora:
“Mamá, tu nombre suena/ cual música en mis labios/ y hoy mi poema para ti se llama amor./ Tú que has sido sombra en mi camino/ y en mis noches sin estrellas vi la luz…
Feminicidios
A pesar de tanta celebración nos pone artríticos y hasta paralíticos un boletín salido del Laboratorio Colombiano de Feminicidios que da cuenta que en el año anterior se presentaron 612 en el país, 10 menos en comparación con el 2.021 que registró 622.
La última pregunta fue para los administradores de las floristerías y los puestos improvisados en la calle: ¿Vendieron todas las flores para el Día de la Mujer?
La respuesta fue contundente:
-No.
Conclusión: hay que obedecerle al corazón cuando nos ordena expresar con rosas y flores el amor por la mujer.



