Han pasado las 96 horas desde la desaparición del submarino Titán con cinco personas a bordo. Ese era el límite teórico para las reservas de oxígeno. Los guardacostas estadounidenses, sin embargo, mantienen la esperanza.
El submarino Titán, desaparecido el pasado domingo mientras descendía para observar los restos del RSM Titanic, aún continúa desaparecido pese a la intensificación de las labores de búsqueda por parte de las autoridades canadienses, estadounidenses y francesas.
De acuerdo con los guardacostas estadounidenses, el suministro de oxígeno se agotaría a las 6:08 de la mañana de este jueves 22 de junio, por lo que la situación se vuelve cada vez más complicada para los pasajeros del pequeño sumergible de aguas profundas de la empresa privada OceanGate Expeditions, con oxígeno de emergencia para 96 horas.

Sin embargo, los guardacostas se mantienen “optimistas”, ya que aviones P-3 canadienses en la zona de búsqueda detectaron ruidos bajo el agua este miércoles, lo que reavivó las esperanzas y orientó a la marina internacional de rescatistas enviada al lugar. “No sabemos qué son los ruidos”, dijo a la prensa el capitán Jamie Frederick, portavoz de la Guardia Costera en Boston.
No obstante, Las condiciones meteorológicas adversas, podrían poner en peligro las labores de rescate, y condicionar la decisión sobre si continuar con el operativo.
Aunque, el portavoz de la Guardia Costera en Boston, reconoció que la prioridad en estos momentos es salvar vidas, mientras esta opción no se desvanezca por completo: “Mientras está en marcha una operación de búsqueda y rescate, hay esperanza”, declaró Frederick.
Recordemos que, las comunicaciones con Titán se perdieron el domingo 18 de junio, una hora y cuarenta y cinco minutos después de sumergirse hacia los restos del mítico transatlántico Titanic, la nave hundida en la madrugada del 15 de abril de 1912 que se encuentra a 3.800 metros de profundidad y a unos 600 kilómetros de la isla canadiense de Terranova, en el Atlántico Norte.
A bordo del sumergible de la empresa OceanGate Expeditions, una nave, de 6,5 metros de largo, que cobraba 250.000 dólares por turista, viajaban:

El millonario británico Hamish Harding, empresario de la aviación británico, fundador de Action Aviation, compañía basada en los Emiratos Árabes que compra y vende aviones. Incluso, Harding fue pasajero del quinto vuelo al espacio de Jeff Bezos.

Shahzada Dawood, un empresario británico-pakistaní, vicepresidente del conglomerado Engro. También dirigía la Fundación Dawood y era miembro del consejo de administración del Instituto SETI, organización de investigación que busca vida extraterrestre.

Sulman Dawood, un joven de 19 años, que acaba de graduar del ACS International School Cobham en Londres donde creció. Era hijo del empresario británico-pakistaní, Shahzada Dawood. Además, era fan de la ciencia ficción y le gustaba resolver el cubo de Rubik y jugar voleibol.

Paul-Henri Nargeolet, con 77 años, era comandante retirado de la armada francesa y director de investigación submarina de una compañía de medios y exhibiciones afiliado a RMS Titanic, encargado del cuidado del naufragio. Nargeolet había completado varias expediciones y escribió el libro “Dans les profondeurs du Titanic”.

Stockton Rush, piloto del submarino y fundador y CEO de OceanGate, compañía fundada en 2009, había realizado varías expediciones submarinas y al Titanic.
En una intensa operación de búsqueda, un total de diez barcos equipados con avanzada tecnología, incluyendo sonares y equipos de alta precisión, realizan un meticuloso rastreo en una vasta área marítima de aproximadamente 20.000 kilómetros cuadrados, equivalente en tamaño a El Salvador, y a una profundidad de casi cuatro kilómetros.

Mientras tanto, en los cielos, varios aviones atraviesan el firmamento con el objetivo de detectar cualquier indicio del sumergible desaparecido. En respuesta a la magnitud de la situación, el Pentágono anunció que enviaría un tercer avión C-130 y tres C-17 para reforzar las labores de búsqueda.
Además, el robot submarino Victor 6000, enviado por el Instituto Oceanográfico francés a bordo del buque Atalante, se unió a la misión de localización.
Recientemente, se reveló un informe sobre las deficiencias de la seguridad del sumergible, conocido como el Titán. Este documento generó preocupación en relación con el diseño y la fiabilidad de la embarcación.
David Lochridge, exdirector de operaciones marinas de OceanGate Expeditions, la empresa responsable de su fabricación, quien fue despedido tras expresar dudas acerca de la seguridad del Titán, mencionó en una demanda judicial que el sumergible fue concebido como un diseño experimental y no probado, Según él, un ojo de buey, la ventana frontal de la nave fue diseñada para resistir la presión a una profundidad de 1.300 metros, no estaba preparada adecuadamente para operar a 4.000 metros de profundidad, lo que plantea interrogantes sobre su idoneidad en misiones de esta naturaleza.

Todo el mundo conoce el peligro de la expedición, dijo Mike Reiss, guionista de televisión que visitó el pecio del Titanic en 2022, a la BBC. “Firmas un documento antes de subir y en la primera página se menciona la muerte tres veces”, aseguró, tras recordar que en la inmersión a aguas tan profundas “la brújula dejó de funcionar inmediatamente y empezó a dar vueltas”, lo que hizo que se tuvieran que mover a ciegas en la oscuridad del océano para buscar el trasatlántico hundido en su viaje inaugural entre la ciudad inglesa de Southampton y Nueva York en 1912, en el que murieron 1.500 de las 2.224 personas que viajaban a bordo.
El trágico destino que rodea al Titán
En 1912, Thomas Andrews, el talentoso arquitecto naval responsable del diseño del Titanic, se hundió en las gélidas aguas del Atlántico. Sorprendentemente, 111 años después, otro diseñador, esta vez del submarino Titán, vive una experiencia similar en el mismo lugar donde su predecesor encontró su final. Este enigma teje un hilo inexplicable de conexión entre ambos eventos, cautivando la imaginación y avivando aún más los misterios que envuelven a esta tragedia marítima.
Por otro lado, según informes de medios británicos, Wendy Rush, la esposa del piloto y director general del Titán, tiene un vínculo familiar directo con una pareja adinerada de Nueva York que lamentablemente perdió la vida en el hundimiento del Titanic en 1912. Wendy es la tataranieta de Isidor e Ida Straus, quienes fallecieron en la tragedia. Isidor, conocido como cofundador de los grandes almacenes Macy’s, y su esposa Ida fueron inmortalizados en la película de James Cameron, ‘Titanic’. En la cinta, se muestra a la pareja abrazada en una cama mientras el agua invade el barco. Esta conexión familiar añade un aspecto aún más personal y emotivo a la tragedia que rodea al Titanic.




