Manolo Orozco, un hombre ampliamente recordado en la escena salsera de la ciudad por su alegría, su caballerosidad y una forma genuina de vivir la rumba. Tenía 56 años y, de acuerdo con personas cercanas a su entorno, falleció a causa de un cáncer linfático.
Para quienes lo conocieron, Manolo fue mucho más que un habitual de las salsotecas: era un salsero “de los que no solo bailan salsa, la sienten”. Durante años fue un rostro familiar en las noches de Pereira, querido por la comunidad rumbera y reconocido por su trato amable y respetuoso.
Además de su pasión por la música y el baile, también era un hombre trabajador. Sostuvo por cerca de 30 años un pequeño asadero ubicado en la zona de la 34, negocio del que subsistía y con el que, según quienes lo recuerdan, “llevaba las riendas de la casa”.
“Fue un personaje emblemático. Una persona honrada, honesta, seria, a la que la gente le tenía mucho aprecio”, contó un músico local que hoy trabaja con la salsoteca La Fania. De acuerdo con su testimonio, Manolo no era artista ni músico profesional: “Él simplemente era un rumbero… un salsero que iba a la salsoteca y que todos conocíamos hace muchos años”.
Su impacto en la comunidad salsera ya se había convertido en reconocimiento en vida. Prueba de ello es la canción ‘La ley de Manolo’, creada como homenaje cuando aún estaba con nosotros y que, tras su partida, vuelve a escucharse como un recordatorio de la huella que dejó en la pista y en quienes compartieron su pasión.


