Maritza Salazar Velásquez
Columnista
Entre lo divino y lo humano, la abundancia y la pobreza, hoy vengo a contarles una pequeña historia sobre el amor y su naturaleza. No es mío este relato, lo tengo que decir, me lo contó un hombre sabio que lo quiso compartir. Todos hablamos del amor y vamos siempre en pro de él, desconociendo el origen que lo hace, lo que es.
Hijo del Dios que personifica la oportunidad y una mujer que, habiendo sido diosa, por pobre, del olimpo supieron desterrar. Ella representa la humildad y la verdad, la carencia y todo aquello que nos pueda faltar. Así el amor entre ellos se hizo realidad, en una noche en que, aquel dios, por haber perdido el juicio, a la andrajosa mujer supo tomar. El amor es entonces un poco lo que está bien y otro tanto lo que está mal, tan humano como divino, tan carente, como total. De este mito nace la naturaleza en verdad. Nos deslumbramos buscando la perfección, cuando sabemos que siempre algo ha de faltar. Amar es aceptar al otro, aun con aquello que no nos puede dar, conscientes de su pobreza, pues en nombre del amor, lo podemos completar.

